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La diversidad, el arma de futuro de Rioja en un contexto inestable

Tras la euforia de eventos con motivo del centenario de la DOCa en 2025, Rioja acogió a mediados de febrero una última celebración destinada a prescriptores internacionales.

El Consejo Regulador organizó dos catas dirigidas en el Centro de la Cultura del Rioja, en Logroño, y una cena de gala en el Museo Vivanco de la Cultura del Vino, en Briones, donde se sirvieron algunos de los mejores vinos de la denominación. Fue una estimulante mezcla, con marcas clásicas, incluidas añadas antiguas, y etiquetas más actuales. 

Aunque muchos vinos fueran conocidos para los asistentes, probarlos juntos tuvo un efecto multiplicador. Al final del día, nadie podía dudar de la diversidad de estilos y perfiles humanos de la región, de su vocación elaboradora de vinos finos que aguantan el paso del tiempo o de su capacidad para reinventarse a sí misma. 

La parte del talento renovador tuvo su propia escenificación dos semanas después en Madrid, en el primer salón VIR que reunió a 38 “Viticultores Independientes de Rioja”, al margen de las divisiones administrativas habituales. Con mayoría de productores jóvenes y presencias inspiradoras como Abel Mendoza Monge, gran referente de las nuevas generaciones, el grupo defendió el valor de lo pequeño y la recuperación del discurso familiar y artesanal del que, denuncian, se han apoderado las bodegas industriales. Tras el gancho de nombres consagrados como Artuke, Miguel Merino, Vignerons de la Sonsierra u Oxer Bastegieta, emergió una Rioja de vignerons, pueblos, relevo generacional y mentalidad inclusiva, a juzgar por la presencia de Gil Berzal, que abandonó la DOCa. en 2024. La presencia de la presidenta del Consejo Regulador Raquel Pérez Cuevas y de su director Pablo Franco, catando como dos invitados más, demostró el talante cercano del nuevo equipo directivo y fue todo un gesto en una región que tiende a trazar demasiadas líneas divisorias. 


Un centenario con sabor agridulce

Unos días antes, en Logroño, Pérez Cuevas había destacado el factor humano, la riqueza varietal de la región o el potencial de los blancos como grandes bazas de futuro de Rioja. “El legado es la diversidad y cuando ésta se apoya en la calidad, es una fortaleza”, señaló. 

Es una pena que los resultados económicos hayan ensombrecido el año del centenario. En 2025, la comercialización de vinos de Rioja cayó un 4,5% hasta casi 230 millones de litros (algo más de 312 millones de botellas). Según destacaba Lo mejor del vino de Rioja, es la cifra más baja desde 2001, cuando apenas se superaron los 220 millones de litros. 

“Hacemos frente a la situación con realismo y perspectiva. Somos muy conscientes de los retos del sector y los cambios en los hábitos del consumidor. Estamos escuchando, aprendiendo y preparándonos para el futuro”, apuntó la presidenta. 
La selección de vinos corrió a cargo de un comité asesor formado por el Master of Wine Pedro Ballesteros, el formador y experto Juancho Asenjo y la enóloga con varias décadas de trayectoria al frente de Campo Viejo, Elena Adell. Plantearon una cata centrada en la nueva Rioja y otra en sus hitos históricos, mientras que los vinos que se sirvieron en la cena de gala mezclaron de los dos mundos. 

Este primer artículo cubrirá los vinos de la nueva Rioja y sus conexiones con VIR, incluyendo los que probamos en la cena que se ajustan a esta realidad; habrá una segunda entrega sobre la perspectiva histórica y más adelante analizaremos las tendencias que atisbamos en el salón de viticultores independientes.

El impulso de los pequeños

El primer vino de las catas del centenario llevaba la firma de Vignerons de la Sonsierra, el proyecto de José Gil y Vicky Fernández en San Vicente de la Sonsierra y uno de los ascensos más fulgurantes de los últimos años en Rioja. La pareja, y de manera especial Vicky, ha sido uno de los grandes motores de VIR. José Gil El Bardallo 2024 es un tinto con base de tempranillo, perfumado y puro, con el sello de notas herbales y sensaciones de fruta crujiente que buscan las nuevas generaciones, pero sin perder peso en boca. Procede de un paraje emblemático y codiciado del municipio, a casi 550 metros de altitud y con orientación fresca que muchos otros proyectos jóvenes están llevando a la botella. 

Fue fantástico volver a probarlo en el salón de viticultores independientes junto al vibrante, aéreo y especiado Camino de Ribas Parcela La Cóncova 2024, donde domina la garnacha con un 80%. En este caso, son viñas plantadas en 2016 con el material vegetal que alumbró aquel mágico La Cóncova 2018 que puso a la bodega en el mapa de los vinos finos de Rioja. El futuro, como a menudo recuerdan estos jóvenes elaboradores, también pasa por plantar viña porque, a veces, según dicen, el sitio es más importante que la edad de las cepas. Camino de Ribas también es una interpretación de los clásicos riojanos con presencia importante de garnacha y presentación en botella borgoña. La pregunta ahora es cómo será el desarrollo en botella en ambos vinos y su capacidad de guarda. Atención también a la cosecha 2024 del blanco El Calado del Espino 2024, aún pendiente de comercializarse, que marca un salto de calidad en la trayectoria de vinos blancos de Vignerons de la Sonsierra.


Otros productores también estuvieron en los dos eventos. Miguel Merino presentó su muy buscado La Loma 2022 en la cata del centenario y llevó un 2023 de gran persistencia al salón de Madrid. Los vinos parcelarios como este son una de las aportaciones más importantes de Miguel hijo a la bodega que creó su padre en Briones. La Loma, un viñedo en ladera en la zona de confluencia de los suelos arcillosos que vienen de Rodezno y Santo Domingo con la caliza de la Sonsierra se presta muy bien a esa Rioja terruñista que busca elegancia y textura. Otro vino que hay que probar es el Mazuelo de la Quinta Cruz, una versión arriesgada pero vibrante de una variedad que ama el sol, pero que Miguel vendimia muy crujiente. La parcela está en el Monte Calvario sobre suelos de cascajo muy pobre. Con 12,5% vol., la cosecha 2023 está marcada por la fruta azul, la tensión y un fondo terroso que aporta autenticidad. 

También hizo doblete Valcuerna, la bodega de la familia Benés situada en Cordovín, en el valle del Alto Najerilla, que, en 2011, y con una nueva generación al frente, decidió empezar a embotellar sus mejores viñas. Al centenario llevaron la primera añada del vino que mejor representa la esencia de un municipio con casi idéntica superficie de variedades blancas y tintas. Su Clarete Fino El Origen 2019 llamó poderosamente la atención de la prensa internacional. Se trata de un ensamblaje de 50% garnacha, 40% viura y 10% de otras variedades de la parcela Tejares, plantada en 1927. Criado tres años en acero inoxidable, el primero con sus lías, se ha beneficiado de su desarrollo en botella (piel de naranja, tensión, excelente textura, persistencia) y ofrece una versatilidad de consumo poco común -es difícil pensar un momento en el que no encaje o resulte apetecible. Al salón VIR llevaron un 2023 (solo 875 botellas) más jugoso y tensionado aún. Una versión refinada de los claretes tradicionales de Cordovín que destila elegancia sin necesidad de recurrir a la madera. 


Otro gran impulsor de VIR presente en el centenario fue Artuke (Baños de Ebro, Rioja Alavesa), con su parcelario más famoso, La Condenada 2023. Servido en formato mágnum en la cena, mantiene, como todos los vinos de la casa, esa fuerte conexión con el pasado de cosechero, la fruta vibrante y viva de las maceraciones carbónicas y grandes dosis de energía y autenticidad. Con una dimensión aromática característica y gran persistencia, es una pena que casi todas las botellas que salen de esta casa se beban tan pronto.

Herramientas de futuro

¿Cuáles son las mejores bazas de Rioja para hacer frente al cambio climático? El centenario mostró una particularmente fascinante y que no se corresponde con ninguna etiqueta comercial: un benedicto de la cosecha 2024 aportado por Familia Luis Cañas y que forma parte de su proyecto de recuperación varietal. La benedicto no es cualquier uva; es la madre de la tempranillo (el padre es la albillo mayor) y el germen de ese vino son 37 cepas que identificaron en sus viñas viejas. Gracias a ese trabajo junto con el Instituto de Ciencias de la Vid y el Vino de Logroño, la bodega alavesa elaboró en 2019 sus primeras 17 botellas. 

En la copa, hay similitudes con la tempranillo, como la expresión frutal de mora, pero el vino tiene un carácter silvestre y levemente terroso, más rústico quizás, aunque con excelente intensidad y profundidad, buena acidez y sensaciones frescas. Pese a ser un vino experimental, se mantuvo muy digno junto a sus compañeros de batería. Este hallazgo demuestra, además, que la búsqueda de recursos varietales locales está lejos de finalizar en Rioja


Junto a las variedades, otra carta potente de Rioja es lo que Juancho Asenjo denomina las nuevas fronteras geográficas, climáticas y topográficas. El vino que se utilizó como ejemplo de esta búsqueda fue Añadas Frías 2023, el blanco más especial de Bodegas Pujanza. Carlos San Pedro lo concibió como una expresión de tensión y frescura y de ahí su decisión de elaborarlo únicamente en las cosechas climáticamente más frías. En los años en los que esta viña, situada a 600 metros de altitud, no se ajusta a este perfil lo embotella bajo el nombre de la parcela, S. J. Anteportalatina. La cosecha 2023 se mostró especiada, cítrica, con vibrante acidez y aún muy juvenil.

Una reina llamada garnacha

Dejando de lado la tempranillo, eje central de los vinos de Rioja, ninguna otra variedad mereció tanta atención como la garnacha. Los asistentes al centenario pudieron disfrutar de un duelo de garnachas de Rioja Alta y Oriental entre Pancrudo 2023 (Gómez Cruzado, Valle del Najerilla) y Queirón El Arca 2021, de la bodega de la familia de la presidenta en Quel. Las notas herbales, de fruta crujiente y pimienta negra -propias del clima frío de Pancrudo-, con su punto liviano y carácter aromático, contrastaron con la mediterraneidad de Queirón, donde dominan las hierbas aromáticas, la piel de naranja y un carácter opulento y envolvente. Esta batalla sin ganador puso de manifiesto la diversidad existente dentro de los vinos de nicho. En cuanto a variedades, no hay duda de que la garnacha es la más suculenta.


Lo confirmó el evocador Quiñón de Valdelareina 2023, la primera añada del nuevo parcelario del Monte Yerga que ha presentado Álvaro Palacios. Es un viñedo de 1,4 hectáreas, un poco más elevado que Quiñón de Valmira (700 metros frente a 616) sobre suelo rojizo con presencia de arcilla. Una garnacha mediterránea pero sutil y especiada gracias a esa altitud, aunque sin perder firmeza. 

Junto a él, probamos Yzar 2020, el nuevo rosado top de garnacha que firma Miguel Ángel de Gregorio en Finca Allende y que no hay que confundir con el Yjar tinto de Remelluri. De producción minúscula (menos de 500 botellas) y precio cercano a los 150 €, toma el nombre del viñedo de Briones del que procede, plantado en 1970 sobre suelo de margas. Tras 20 meses de crianza en roble francés, conserva la fruta y combina una parte fragante y aérea con cierto peso y seriedad en boca.  

Los blancos, gran centro de atención

Es quizás la categoría que más sorprendió a los prescriptores internacionales y por la que más se interesaron. En general, hubo mayor presencia de marcas históricas en este capítulo, sobre las que hablaremos en el próximo artículo. Además de Añadas Frías, la selección de vinos para la cata de la nueva Rioja incluyó Juan Valdelana 2022, que resultó un poco juvenil (o quizás ése era el objetivo) para representar la nueva corriente de blancos de guarda. Forma parte del proyecto que lanzaron los hermanos Juan y Judit Valdelana apoyándose en viñedos escogidos de Rioja Alavesa. Procede de una serie de viñitas viejas plantadas hace un siglo en Elciego con una mezcla de viura, malvasía, garnacha blanca, maturana blanca o calagraño. Se caracteriza por sus notas cítricas, especiadas, incluso con ligeros toques farmacéuticos, además de por su agradable textura y persistencia. 


Con categoría de gran reserva y más recorrido en botella, el Remírez de Ganuza Olagar 2018 que se sirvió en la cena se mostró muy elegante, con textura untuosa y potencial de guarda; un gran ejemplo de bodega de tintos que ha realizado una apuesta progresiva e inspiradora por los blancos.

Otros relatos de diversidad

Uno de los vinos más curiosos que probamos a lo largo de la jornada fue el CVC (conjunto de varias cosechas) Santalba Veinticinco Vendimias, ejemplo de la recuperación para la alta gama de una categoría de mezcla asociada a vinos básicos. Este vino conmemorativo (25 años de bodega, 100 años de Rioja y 60 años de carrera del fundador) del que se hicieron 1.218 botellas, es irrepetible porque se nutrió de botellas viejas que se conservaban en la bodega. Es una mezcla de añadas excelentes como 2001, 2004, 2005, 2010 y 2019 y otras con valor para la familia como 1999, 2000, 2008, 2011, 2016 y 2021. El vino ofrece una curiosa combinación de vejez y juventud, con toques terciarios, tostados y balsámicos, pero también tensión y sensaciones refrescantes en el paladar dentro de un conjunto inconfundiblemente riojano. Saca a la luz el potencial de la reinterpretación de categorías clásicas.

También se abordó el concepto de superselección a través de un opulento Cirsión 2010 de Roda, el vino elaborado a partir de racimos que realizan la polimerización de los taninos en la propia planta, aún con muchísima fruta y vida por delante; o el uso de materiales más allá del roble con un Finca Valhonta 2020 de Lalomba que refleja la frescura del paisaje de los Montes Obarenes (el viñedo está en Villalba) y limita el uso de la madera, al redondear la crianza en depósito de hormigón. 


Asimismo, se dedicó un capítulo a las historias de superación, como la de Marqués de Vargas, que supuso la recuperación de una tradición familiar de siglos de vinculación con el vino que se había perdido. El vino elegido: un Hacienda Pradolagar 2018 Viñedo Singular, con un alto porcentaje de mazuelo (25%), amplio, especiado, con toques licorosos y resonancias clásicas en su equilibrio entre fruta y madera. 

Dominio de Campo Viejo 2011, un vino creado por Elena Adell para conmemorar el 50 aniversario de la bodega fue el particular homenaje del centenario a los vinos de ensamblaje. Con fruta madura, especias, notas balsámicas y de cedro y buena acidez, contempla la mezcla en sentido amplio: de variedades (tempranillo, graciano, mazuelo) y también de zonas, en cuanto que procede de dos parcelas de Rioja Alta, dos de Rioja Oriental y una de Rioja Alavesa. Un último recordatorio de que Rioja contiene muchas Riojas

Firma

Amaya Cervera

Periodista especializada en vino con más de 25 años de experiencia. Fundadora de Spanish Wine Lover y Premio Nacional de Gastronomía a la Comunicación Gastronómica 2023