Pese a ser una de las más antiguas, es la más pequeña y, durante mucho tiempo también la más desconocida de las bodegas del Barrio de la Estación de Haro. Fue fundada en 1886 por Ángel Gómez de Arteche, licenciado en farmacia, químico e inventor. Además de dedicarse al vino creó junto a otros socios capitalistas una de las primeras fábricas de abonos de España. Tras su muerte en 1912, la continuidad de la bodega no fue fácil y en 1916 pasó a manos de los hermanos Agustín y Jesús Gómez Cruzado, que le dieron su nombre actual.
A lo largo del siglo XX estuvo liderada por distintos inversores hasta que en 2004 fue adquirida por la familia Baños, originaria de Badarán, pero afincada en México.
El hecho de que los vinos tuvieran bastante poca notoriedad en la segunda mitad del siglo XX y que durante un tiempo se pudieran beber casi más en México que en España explica su ausencia temporal del mercado. Incluso resulta milagroso que la bodega no haya sido fagocitada por algunas de sus grandes vecinas.
Sin embargo, el siglo XXI vio el resurgimiento de Gómez Cruzado gracias a la entrada a finales de los 2000, primero como asesores y luego como gestores, del enólogo David González y el especialista en viticultura, Juan Antonio Leza. Ninguno de los dos continúa en la casa (González fue el último en abandonar el proyecto en 2023 y hoy se encuentra al frente de los vinos de Viña Salceda, en Rioja Alavesa), pero su trabajo sentó las bases de una gama de vinos sólida y con abundantes guiños de modernidad, aunque muchos de ellos fueran en realidad una recuperación de marcas y conceptos del pasado.
Uno de sus elementos distintivos es la apuesta por el valle del Alto Najerilla, en especial sus viñedos viejos de garnacha. Esta antigua zona de claretes con dominio de suelos arcillo-ferrosos que se extiende al sur del Ebro hacia la Sierra de la Demanda se ha beneficiado notablemente del cambio climático y hoy produce uvas aptas para la elaboración de blancos y tintos de gran personalidad. El otro gran centro de trabajo de Gómez Cruzado son las zonas frescas de Rioja Alta con especial atención por la Sonsierra.
Los vinos
De ensamblajes muy rompedores como el 50% tempranillo, 50% garnacha del Vendimia Seleccionada, una de las nuevas etiquetas creadas por el dúo, se ha pasado a recuperar los dos estilos clásicos de Rioja diferenciados por el tipo de botella utilizada: borgoña para los vinos con mayor presencia de garnacha en el ensamblaje y burdeos para perfiles de vinos finos de guarda.
La garnacha del Najerilla tiene su peso en los vinos pensados para un consumo más inmediato. Supone un 20% del Crianza (11 €) con base de tempranillo y bastante más del 50% en El Predilecto (16 €), que busca un perfil fragante, fresco y delicado. El antiguo reserva de botella burdeos ha sido sustituido por Viña Dorana (25 €), una antigua marca de la bodega que se presenta en botella borgoña y se nutre íntegramente de uva del Alto Najerilla en una mezcla de aproximadamente 60% tempranillo y 40% garnacha. Otras marcas recuperadas, pero con dominio de tempranillo y presentación en botella burdeos son Honorable (28 €), la más vieja registrada de la bodega, y Viña Motúlleri (94 €), el top actual de la bodega que solo se elabora en mágnum. Son vinos más firmes y con capacidad de guarda que se apoyan en viñas viejas de la Sonsierra.
Otro vino destacable es el blanco de segundo año (11 €), con una complejidad poco habitual en esta banda de precio gracias a una crianza mixta con dominio del hormigón y algo de envejecimiento en roble francés y un original ensamblaje con viura (70%) y tempranillo blanco, garnacha blanca y malvasía.
Hay una segunda gama de vinos de terruño que también reflejan la dicotomía de zonas y variedades. Ahí está Pancrudo (39 €), una garnacha crujiente, especiada y áerea procedente de Badarán, en el Alto Najerilla, frente al ensamblaje clásico con dominio de tempranillo de Cerro las Cuevas (45 €), que se elabora con viñedos propios de Ollauri. El tercer vino de esta gama es Montes Obarenes (44 €), un blanco con vocación de guarda elaborado con viura y algo de tempranillo blanco de viñedos de la zona de Haro y crianza en barrica de roble francés y en torno a un 20% en huevo de hormigón.
Gómez Cruzado produce unas 350.000 botellas anuales. El responsable técnico desde la cosecha 2023 es Juan Bautista Sáenz, otro buen conocedor de Rioja con mucho años de trabajo a sus espaldas en la Cía de Vinos Telmo Rodríguez.
La bodega está abierta de lunes a domingo. No hay que reservar si lo único que se quiere es probar los vinos, pero es necesario avisar para visitar las instalaciones o asistir a una cata dirigida de las etiquetas más representativas de la casa.
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