¿Hay oportunidad de crecimiento para los vinos españoles de gama alta en Suiza?
Mercado vinícola clave en Europa, Suiza es, pese a su tamaño relativamente modesto -apenas nueve millones de habitantes- una plaza estratégica para los vinos españoles. Según el Informe Global de Riqueza de UBS, el antiguo Union Bank of Switzerland, el patrimonio personal medio de los suizos es el más elevado del mundo. Este notable poder adquisitivo, unido a un consumo de vino per cápita relativamente alto, convierte al país en un destino especialmente atractivo para los productores españoles que trabajan las gamas medias y altas del mercado.
Durante mucho tiempo, Suiza ha sido un destino destacado para los vinos de la DO Ribera del Duero, tanto en volumen como en valor. De hecho, ningún otro mercado exterior paga más por el vino español. Según la OIVE (Organización Interprofesional del Vino de España), el precio medio de exportación para los vinos tranquilos embotellados fue de 11,16 €/l en 2025, muy por encima de Estados Unidos, segundo en la clasificación, con 5,47 €/l. En el cómputo global, Suiza fue el cuarto mercado en valor para esta categoría.
¿Puede un país que no forma parte de la UE, pero está estratégicamente situado en el corazón de Europa, convertirse en una inesperada “isla bonita” para el vino español? Sí, aunque solo hasta cierto punto. El optimismo tiene sus límites.
Según la oficina del ICEX en Berna, las importaciones de vino español cayeron un 15% en volumen y un 3% en valor en 2025. Además, la mayor parte de las ventas se concentran en un número reducido de regiones y estilos. La relación de los aficionados suizos con la llamada “nueva España” se encuentra en una fase muy incipiente y los vinos blancos, por ejemplo, juegan un papel secundario: apenas representaron el 11% del valor total en 2025. Los tintos dominaron el mercado de manera abrumadora, con un 84%.
Ganan los tintos potentes
El interés por los vinos tintos responde a unas preferencias concretas. “La gran mayoría de los consumidores suizos se decanta por tintos extranjeros con cuerpo y criados en barrica”, explica el Master of Wine Ivan Barbic. “Suiza ya produce tintos ligeros y frescos a partir de pinot noir o gamay; por eso, la gente busca algo diferente en los tintos de fuera”.
Barbic es comprador en Bataillard, una importadora y distribuidora de larga trayectoria que abastece a unas 600 tiendas especializadas y a cadenas de alimentación como Spar. Su catálogo abarca todo el espectro de precios, desde vinos blancos españoles asequibles para preparar las clásicas fondues de queso, hasta etiquetas de gama alta de La Rioja Alta, Bodegas Arzuaga y Alto Moncayo.
El segmento premium continúa apoyándose principalmente en estilos tradicionales. “Los riojas envejecidos en barrica mantienen su popularidad, especialmente los de productores de primer nivel como Muga, Roda y La Rioja Alta”, señala Barbic. El Master of Wine identifica tres regiones sólidamente implantadas: Rioja, Ribera del Duero y Priorat. “Fuera de este trío, solo los tintos del sudeste, como los de Juan Gil en Jumilla y Bodegas Volver en Alicante, han logrado hacerse un hueco”, añade. Tras identificar este potencial en el viñedo levantino y en la variedad monastrell, Bataillard se ha asociado recientemente con Bodegas Luzón, de la DO Jumilla.
El mayor o menor éxito de los tintos españoles depende también de la zona del país en la que se comercialicen, como consecuencia de las significativas diferencias entre los mercados regionales. Suiza tiene cuatro lenguas oficiales. La comunidad de habla alemana representa alrededor del 65% de la población y la francófona, cerca del 25%. “En la Suiza francófona, la gente prefiere los vinos locales. Quienes consumen tintos extranjeros suelen elegir Burdeos, Ródano o Borgoña. En cambio, en la Suiza de habla alemana, los tintos italianos lideran las preferencias, seguidos de los españoles”, dice Barbic.

El panorama es más complejo en el caso de los vinos blancos, una categoría en la que solo Rueda ha logrado consolidarse. El año pasado, Suiza fue el cuarto destino de exportación para esta DO de gran peso en el segmento de blancos. “Se pueden encontrar vinos de Rueda en supermercados, tiendas especializadas y, por copas, en muchos bares de Zúrich”, explica Barbic. Bataillard, por ejemplo, trabaja con Bodegas Valdecuevas. Otros blancos españoles, como el albariño, encuentran más dificultades. “Por el perfil de nuestra variedad autóctona, la chasselas, los suizos están acostumbrados a blancos relativamente suaves y suelen rechazar los de acidez elevada. Ocurre también con los rieslings alemanes, que siguen siendo una opción de nicho para entendidos, algo que se acentúa aún más en el caso del albariño”.
Ribera del Duero frente a los riojas clásicos
La situación cambia en el canal de hostelería. Según Carlo Wismer, responsable de compras de la distribuidora Vinothek Brancaia, los vinos del sudeste funcionan bien en el comercio minorista gracias a su buena relación calidad-precio. “Sin embargo, salvo excepciones destacadas como Casa Castillo, tienen escasa presencia en restaurantes de alta gama, ya que la abundancia de referencias de entrada de gama en supermercados les ha restado prestigio”.
El 85% del negocio de Brancaia procede de la hostelería. “En los restaurantes de cierto nivel, Ribera del Duero es, con diferencia, la región española más popular”, afirma Wismer. En su porfolio conviven marcas consolidadas y de cierto volumen como Emilio Moro, con pequeñas bodegas boutique como Mélida Wines.
Simultáneamente, Wismer reconoce una caída en la demanda de rioja Reserva y Gran Reserva. “Este estilo está perdiendo terreno en los restaurantes modernos de calidad, salvo en el caso de grandes clásicos como Castillo Ygay y Viña Ardanza”, señala. “Los reservas de marcas menos conocidas ya no generan tanto interés”. Las exportaciones de la DOCa Rioja a Suiza respaldan esa percepción: en 2025 cayeron un 11% en volumen, mientras que la categoría Reserva se desplomó un 22%.
Ante este escenario, Wismer ha ampliado su cartera con proyectos de corte más moderno como Artuke. “Hay menos madera, menos concentración, tal vez algo de crianza en hormigón y mayor frescura. Veo un buen potencial de crecimiento para este tipo de vinos españoles en la restauración suiza”.

Formador certificado en vinos españoles por ICEX, Wismer quiere incorporar más bodegas españolas de nuevo cuño, siempre que cumplan ciertos criterios. Según él, es fundamental contar con una historia auténtica, tener un estilo definido y una filosofía clara. La disponibilidad es otro factor clave. “Hace unos años se produjo un cierto auge de la godello, pero no tuvo continuidad”. Aunque la variedad encaja bien con los gustos locales, “las cantidades que llegan a Suiza son tan reducidas que no existe una penetración real en el mercado y los consumidores no tienen una idea clara de la variedad”.
El nicho de la Nueva España
Aunque variedades como albariño, godello, garnacha o mencía aún no han logrado abrirse paso, en Suiza es posible encontrar prácticamente cualquier región y estilo de vino español. Según la OIVE, en 2025 fue uno de los tres únicos países que importaron referencias de más de 1.000 productores españoles, en concreto de 1.277 bodegas, por detrás de Estados Unidos (1.488) y Reino Unido (1.301). Entre los más de 2.000 importadores de vino autorizados, Casa del Vino ha sido pionera en la introducción de vinos españoles desde la década de 1990. En la zona francófona, Pamisa cuenta con una destacada cartera que va desde Galicia hasta Gredos y Canarias.
Otro gran especialista es Viniviva. Casi el 30% de las 320 referencias de esta tienda situada al norte de Zúrich, propiedad de Andreas Brunnegger, son españolas. “Cuando empecé en 2015, quería ofrecer productos que reflejaran su lugar de origen y tuvieran un carácter distintivo”, comenta Brunnegger, antiguo sumiller. “España fue ganando peso de forma natural”.
El viaje empezó con Envínate, en Tenerife. “Cuando probé sus vinos, me quedé maravillado porque no se parecían a nada que hubiera conocido antes”, comenta Brunnegger. Hoy, ofrece algunos de los vinos más buscados de España, incluyendo los de Bodega Cerrón, Luis Pérez y Cantalapiedra. Su clientela está formada fundamentalmente por consumidores jóvenes, de mente abierta y ávidos de novedades. Aun así, debe explicar detalladamente el contexto de cada proyecto. “La mayoría de consumidores suizos se siente segura con los vinos de Rioja, Ribera del Duero y Priorat. Cuando ofreces blancos sin encabezar de Andalucía o tintos de Galicia, entras en un terreno desconocido para casi todo el mundo. La buena noticia es que, cuando prueban los vinos, les acaban conquistando”.

Problemas en la alta restauración
Pese a que los comerciantes especializados se muestran satisfechos con el éxito de los vinos españoles, la realidad es más compleja en establecimientos como el Grand Hotel Victoria-Jungfrau, un cinco estrellas en los Alpes berneses. “Hemos notado una menor demanda de vinos españoles”, comenta su sumiller jefe, Torsten Noack. Con 1.200 referencias, la carta de vinos de Radius, el restaurante del hotel con una estrella Michelin, ha sido reconocida en repetidas ocasiones como la mejor de Suiza por la revista Vinum. Aunque incluye productores de gran prestigio como Ossian, Telmo Rodríguez y Vall Llach, la representación española queda muy por detrás de las selecciones de vinos suizos, franceses e italianos.
“España sigue funcionando muy bien entre la clientela de mayor edad, que disfruta con clásicos como Vega Sicilia y Roda”, afirma Noack. Sin embargo, los clientes más jóvenes y los visitantes internacionales se decantan cada vez más por los vinos suizos. La tendencia no afecta únicamente a España. “El Nuevo Mundo lo tiene aún más difícil”, señala el sumiller. Solo Francia e Italia permanecen al margen, con una demanda estable o al alza.
Dada la sólida posición de España y la calidad de sus vinos, Noack no cree que sea un problema de los productores, sino una transformación más amplia en las tendencias de consumo. “Los clientes más jóvenes tienen España en el radar”, afirma Noack. “Simplemente, no se les ocurre consumir vinos españoles cuando están en Suiza; prefieren beber producto local”.
Para contrarrestar esta situación y dar visibilidad a estilos más contemporáneos, Noack ha incorporado a su carta etiquetas de Raúl Pérez, Rodrigo Méndez, Bodega Cerrón y José Gil. “La venta de estos vinos exige una actitud proactiva; los clientes no los piden por iniciativa propia”, comenta. ¿Qué habría que hacer para que los pidieran espontáneamente? Noack bromea: “Probablemente, tendríamos que retirar los vinos suizos y franceses de la carta”. En la práctica, su estrategia consiste en integrar más vinos españoles en los menús degustación. “Hace poco incluimos Ultreia de Raúl Pérez en nuestro maridaje internacional y fue un éxito rotundo”.
El poder de la recomendación
La sumiller Angela Hug también apuesta por la venta proactiva. En Le Petit Cheval, su restaurante gourmet del Hotel Wysses Rössli, casi un tercio de la carta está dedicada a los vinos suizos. Pero Hug también es una gran fan de España y visita desde hace años productores y regiones vitivinícolas. “Me fascina su diversidad, por ejemplo, los vinos del noroeste”.
Hug evita las marcas de gama alta sólidamente establecidas en su país, como Aalto, y prefiere ofrecer vinos singulares de productores como Suertes del Marqués (Tenerife) y Michelini i Mufatto (Bierzo). “Lo cierto es que hay que recomendarlos o integrarlos en los maridajes”, explica. Incluso los blancos españoles, con muy poca presencia en la alta gastronomía suiza, encuentran su lugar en Le Petit Cheval: “Son excelentes compañeros para la comida. En los maridajes suelo incluir blancos de Dominio do Bibei, de Ribeira Sacra, o una Garnacha Blanca de Mas Doix, de Priorat”.
En los otros tres hoteles y restaurantes que gestiona Hug junto a su socio, las referencias españolas están muy presentes en el servicio por copas, además de los vinos de la casa que ofrecen desde hace tiempo: Menade, de Rueda, y Exopto, de Rioja. “España ofrece una relación calidad-precio excepcional para este consumo diario; los vinos suizos, en cambio, son muy caros para servir como vinos de la casa”.

Desventajas estructurales
El formador Roger Graf, otro buen conocedor de España, es plenamente consciente de las limitaciones actuales del país. Imparte cursos de sumillería para la principal asociación de hostelería de Suiza, con el foco puesto en Italia, España, Portugal y el Mediterráneo. La percepción que sus alumnos tienen de España sigue dominada por los tintos de Ribera del Duero y Rioja. “También conocen algo el Priorat y la variedad verdejo, pero sus conocimientos generales sobre España son mucho más limitados que los que tienen sobre Italia y Francia”.
Graf apunta la fuerte presencia de la restauración italiana como un factor clave. “Prácticamente todos los pueblos de Suiza tienen un restaurante italiano que introduce a los clientes de forma natural en los vinos y el estilo de vida de Italia”. España, en cambio, carece de una presencia gastronómica comparable, una desventaja estructural que dificulta establecer vínculos emocionales con los consumidores.
Otra desventaja, desde su punto de vista, es que las dos regiones más reconocidas de España están dominadas por la tempranillo, mientras que sus equivalentes de Italia y Francia ofrecen mayor diversidad de estilos y variedades. “Los aficionados saben que España está cambiando, pero para la mayoría de los consumidores sigue siendo básicamente el país de la tempranillo”.
Explicar la evolución estilística
Para ofrecer a sus alumnos una perspectiva más amplia, Graf les da a catar vinos de productores como Domaines Lupier (Navarra), Nin-Ortiz (Priorat), Sierra de Toloño (Rioja) y Mesquida Mora (Mallorca). “Los alumnos se sorprenden porque jamás identificarían estos vinos como españoles en una cata a ciegas. La gente sigue asociando España con tintos opulentos y notas de vainilla. Nadie vincula la frescura y la pureza de Sierra de Toloño con Rioja”, explica.
Graf piensa que llevará tiempo desprenderse de estos estereotipos, y señala, a modo de ejemplo, la transformación del Priorat, que ha pasado de tintos opulentos y maduros hacia vinos más elegantes y refinados. “Esta evolución requiere una explicación. Esta es una de las razones por las que los vinos del Priorat no se venden tan bien como antaño”, apunta. “Los suizos conocieron Priorat con aquel estilo opulento. Ahora, es como si tuvieran que redescubrir la región de nuevo”.
No obstante, Graf cree que la apuesta de España por la frescura y la finura dará sus frutos a largo plazo, a tono con un cambio gradual en los hábitos de consumo de los suizos. “El Amarone, paradigma de opulencia y concentración, ya no se vende tan bien como antes. Aunque Suiza sigue siendo un destino importante para tintos potentes, la tendencia está cambiando poco a poco.” Carlo Wismer, de Brancaia, comparte este optimismo: “Frente a Italia, Francia y Austria, España tiene mayor potencial de crecimiento. Queda mucho por descubrir y los nuevos estilos se ajustan a los gustos actuales”.
Thomas Götz
Thomas Götz es un periodista especializado en vinos, bloguero y formador. Vive entre España y Alemania y desde 2016 escribe sobre vinos españoles para diversas revistas alemanas del sector.
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