La categoría de vinos de pueblo continúa creciendo en Rioja y una de sus incorporaciones más recientes es Villamediana de Iregua. La Galga Culebra es el primer vino que sale al mercado de este municipio situado a siete kilómetros al sur de Logroño. Está elaborado con viñas de la familia Santolaya, un apellido muy conocido en la DOCa por la relevancia y carácter pionero y muy activo de Agustín Santolaya desde su puesto de director general de Roda. Pero quien se ha liado la manta a la cabeza para poner a su pueblo en el mapa riojano ha sido su hijo Manuel, de 31 años, ingeniero agrícola y enólogo dedicado a la asesoría.
La tradición vinícola de la familia arranca con el bisabuelo Agustín, que elaboraba vinos de maceración carbónica en lagos abiertos de hormigón y los comercializaba en cántaras de 16 litros. La vocación del abuelo fue más agrícola, pero Agustín padre apostó muy pronto por la viña vieja, abandonó los herbicidas y se aplicó a hacer un cultivo más respetuoso, aunque “sin ser radical”, según Manuel.
La familia es propietaria de 20 hectáreas de viñedo y siete más arrendadas, cuyas uvas se venden a bodegas como Barón de Ley o la propia Roda. Pese a que Villamediana cuente con abundantes cultivos de regadío (se sitúa entre los ríos Iregua y Leza, prácticamente pegada al primero), el viñedo de secano se encuentra en la zona de Zorraquín. Las parcelas de los Santolaya se extienden por la ladera sur de La Rad, una antigua terraza del Ebro que separa los términos de Villamediana, Murillo y Agoncillo. Es una zona de suelos pobres y profundos que no valen para el cultivo de cereal.
Representan la cara más tradicional de un municipio que por su cercanía a Logroño se ha industrializado y aumentado notablemente su población de 2.500 habitantes en 2001 a los aproximadamente 10.000 actuales. Según los datos del Consejo Regulador, la superficie actual de viñedo está ligeramente por debajo de las 340 hectáreas.
Villamediana se integra en Rioja Oriental, pero Manuel describe el lugar como una zona de transición entre tempranillo y garnacha. De ahí que busque tanto la tipicidad del sitio, como la de las uvas que cultiva (además de las anteriores, trabaja también con mazuelo y graciano) y vinifique por parcelas y variedades.
Elabora en la bodega del sótano de casa de su padre, donde Agustín intentó poner en marcha un proyecto familiar a principios de los 90, pero que abandonó muy pronto por su dedicación a Roda. En 2013 realizó otro intento con su hija María, también enóloga e ingeniera agrícola en el equipo de Roda. Finalmente, en 2021, Manuel se animó a lanzar su proyecto y acondicionó la bodega, consciente de que el espacio no permite ir más allá de las 8.000 botellas.
La primera añada con la que se ha sentido cómodo para salir al mercado es 2024, un ensamblaje de tempranillo de unos 40 años con un 25% de garnachas centenarias que selecciona en función de la madurez en viña. El vino fermenta en tintos de roble (no usa acero inoxidable ni hormigón) y se cría en formatos grandes de madera usada para limitar el aporte del roble.
Es un tinto expresivo, con fruta bien madurada y notas especiadas. Muy sabroso y jugoso en boca, con madera bien integrada, agradable de beber y cierta mineralidad tizosa en final. La presencia de la garnacha aporta expresividad, frescura y amabilidad en boca.
El nombre es un homenaje a uno de los perros de su bisabuelo Agustín, que vivió en los años 70 y del que siempre se contaron historias en la familia. La de La Galga Culebra es un poco triste porque le rozaron el ojo con una hoz y contrajo el tétanos. En 2028 saldrá al mercado el blanco La Galga Pólvora.
14,5% vol.
28 €
6.000 botellas
Puntuación: 93
Amaya Cervera
Periodista especializada en vino con más de 25 años de experiencia. Fundadora de Spanish Wine Lover y Premio Nacional de Gastronomía a la Comunicación Gastronómica 2023
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