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Hitos históricos de Rioja a la luz de su centenario (y II)

Continuamos con el relato de la historia de Rioja a partir de las últimas catas realizadas para conmemorar el centenario de la DOCa. El artículo anterior acababa con una España cerrada al mundo bajo la dictadura franquista. Este se inicia con la puesta en marcha del Plan de Estabilización de 1959, que sentó las bases de un muy necesario desarrollo económico y marcó el inicio de la apertura al exterior. 

Poco a poco, fueron llegando aires de renovación y modernización técnica, a los que se unieron la reestructuración y expansión del viñedo, y el aumento de las exportaciones.

Como explicamos el año pasado con motivo de una cata de riojas de 1959, la imposición de controles más estrictos propios de una denominación de origen fue lenta y no estuvo exenta de tensiones. Un ejemplo fue el déficit de uva blanca que llevó, aún durante la década de los 70, a permitir la entrada de “importaciones”, tal y como muestra el cuadro inferior extraído de El rioja histórico. Las cifras están expresadas en litros.


La excelente y abundante cosecha 1964 sirvió para escenificar el regreso de Rioja a la arena internacional. Los dos tintos de esa añada que se probaron en el centenario incorporaban todavía uva blanca en el ensamblaje. Especialmente memorable fue la botella de Monte Real (Bodegas Riojanas) que se sirvió en nuestra mesa: con gran intensidad aromática, frescura, notas terciarias muy contenidas y con esa finura y sedosidad que sigue siendo el mejor pasaporte de Rioja por el mundo. Faustino I, que hoy es la marca líder de la categoría de gran reserva en Rioja, mostró un poco más de evolución, con toques de cuero y leves terrosos, pero mantenía la sutilidad y ligereza que caracterizan a la marca.

Muchos de los etiquetados de vinos de los años 50, 60 y 70 que se encuentran en el mercado secundario se realizaron en décadas posteriores. La obligación de elaborar vinos de añada en un mínimo de un 85% y los términos Crianza, Reserva, Gran Reserva aparecen en 1980 para adaptarse a una orden ministerial de 1979 que reguló los indicativos de calidad, edad y crianza. Hasta entonces era habitual la mezcla de añadas, el término reserva se utilizaba en el sentido de vinos “que se reservaban o guardaban” y la edad se identificaba en función de la media de años que el vino pasaba en bodega antes del embotellado: 2º Año, 3º Año, 4º Año, 5º Año, 6º Año. Riscal, que vivió durante décadas en su burbuja francesa, siempre indicó la añada y constituye una notable excepción en este sentido.


Los 70: industrialización y vinos de finca

Con una nueva Ley del Vino de fondo, la de 1970, se inicia una década de expansión con la creación de nuevas bodegas y la llegada de capital de la banca, inversores vascos y grupos bodegueros jerezanos. La irrupción de embotelladores y bodegas de corte industrial que se apoyan en la gran distribución democratizan el consumo y acercan el vino de rioja a la clase media. 

Por la parte cualitativa, aparecen los dos pioneros de los vinos de finca, ambos en Rioja Alavesa; Remelluri (1971), en un enclave mágico de Labastida, a los pies del monte Toloño; y, en la órbita de Cvne, Contino (1973), en Laserna. Las uvas de esta finca, enmarcada por un meandro del Ebro, solían alimentar algunas de las mejores añadas de Viña Real de las décadas de los 50 y 60.


Remelluri estuvo presente en el centenario con dos vinos creados por Telmo Rodríguez: el primero, en plena juventud; el segundo, en su madurez. Remelluri Blanco fue un acto de rebeldía de elaborar un gran blanco sin presencia de viura, a partir de una mezcla de variedades plantadas en los viñedos más altos de la finca. La cosecha 2022 mostró una cara más mediterránea (anisados, hierbas secas, fruta blanca), aún joven, pero con su elegancia y profundidad características. Yjar, en cambio, es la expresión de un viñedo excepcional que, desde su primera añada 2017, y haciendo un guiño inverso a la influencia francesa en Rioja, se vende en La Place de Bordeaux. Aunque muy joven aún, la cosecha 2021 es extremadamente delicada e intensa, con toques herbales, una expresión crujiente de fruta y una dimensión aromática espectacular en boca, donde hay sitio a la vez para la firmeza y las sensaciones aéreas. 

Mi otro tinto favorito de la cata histórica fue Contino Viña del Olivo 2008. Fino y mentolado (el sello de la graciano), ofrecía complejidad (especias, piedra seca, café), equilibrio y una sorprendente expresividad en una añada muy fría que ha dado vinos bastante cerrados en Rioja. Aún firme y fresco, con abundante fruta y textura envolvente, tiene vida por delante, pero está en un momento fantástico. 


En 1970, prácticamente un siglo después de la llegada de los comerciantes franceses a Rioja huyendo de la filoxera, Enrique Forner, valenciano emigrado a Francia que llegó a ser propietario de dos châteaux en Burdeos, funda Marqués de Cáceres en Cenicero (Rioja Alta). Junto a Émile Peynaud, el más prestigioso enólogo francés del momento, diseña un tempranillo revolucionario criado en roble francés y con más peso de fruta aplicando conceptos como la selección de uva, la fermentación en frío y el afinamiento en botella. Habría sido fantástico probar algún vino de aquella época, pero la bodega envío su actual tope de gama, Gaudium 2021, esta vez con asesoramiento del enólogo volante recientemente fallecido Michel Rolland. Un tinto de esos que gustan a casi todo el mundo, opulento, con fruta negra golosa, especias y roble nuevo, que necesita aún desarrollo en botella.

La calificada y los nuevos estilos de los 90

La calidad bastante media, siempre con excepciones, de los años 70 y 80 generó un movimiento para recuperar los grandes riojas de siempre desde una interpretación enológica más actual y prestando más atención al viñedo. Como telón de fondo, el ascenso de la Ribera del Duero, que se posicionó de la noche a la mañana con precios medios muy superiores a los de Rioja, y el dominio de la crítica vinícola por parte del súper influyente Robert Parker. Fue el peor momento para los riojas tradicionales, pero también hizo que, a la larga, muchas bodegas históricas sanearan su parque de barricas, revisaran sus fuentes de abastecimiento de uva y reforzaran la parte técnica de la elaboración. 

En 1991, Rioja se convirtió en la primera denominación de origen calificada de España, lo que implicó el abandono del granel. Fue un proceso progresivo si se piensa que, durante gran parte de los años 70, las exportaciones de vino a granel superaban al embotellado.

Respecto a estas nuevas elaboraciones de los 90, a menudo calificadas como vinos de autor o de alta expresión, Juancho Asenjo ha realizado esta interesante cronología con la añada inaugural de cada una de ellas. 

Marqués de Riscal Barón de Chirel 1986
Cosme Palacio 1987
Artadi Pagos Viejos 1990 (desaparecido)
Dominio de Conté 1990 (desaparecido)
Artadi Viña el Pisón 1991 (ya no está en DOCa. Rioja)
Sierra Cantabria San Vicente 1991
Bodegas Muga Torre Muga 1991
Luis Cañas Amaren 1991
Marqués de Murrieta Dalmau 1994
Cvne Real de Asúa 1994 (ahora Real de Asúa Carromaza)
Artadi Grandes Añadas 1994
Allende Calvario y Aurus 1995
Benjamín Romeo La Cueva del Contador 1996
Sierra Cantabria Amancio 1998
Marqués de Cáceres Gaudium 1998
Bodegas Roda Cirsion 1998
Contino Viña el Olivo 1999
Benjamín Romeo Contador 1999
Sierra Cantabria El Bosque 2001
Viñedos de Páganos La Nieta 2004

De los que aparecen en la lista, además de Gaudium, en el centenario se cató Contador 2016, un tino poderoso y estructurado con 15% vol., gran concentración de fruta y toques cárnicos, pero abierto, expresivo y muy lejos de su plenitud. Otras bodegas, como Viñedos Sierra Cantabria o Muga, presentaron sus tope de gama de posterior aparición en el mercado. Mágico 2021, en el caso de la primera, es un parcelario del paraje El Bardallo en San Vicente de la Sonsierra (uno de los favoritos de los jóvenes productores del municipio) con 20% de garnacha en el ensamblaje que le da un refinamiento y frescura extra. La cosecha 2021 es de las mejores en la historia de este vino de precio muy elevado, pero que merece la pena probar alguna vez. Con Aro, Muga busca hacer un vino de guarda a partir de sus viñedos de zona fría de Rioja Alta incluyendo un 30% de graciano en la mezcla que le aporta una firmeza y concentración poco habituales en Rioja. La cosecha 2010 que probamos es aún un potro salvaje; parece imposible que haya evolucionado tan poco. La fruta es excelente y generosa y la persistencia increíble, pero parece estar aún muy lejos de su momento óptimo de consumo.


Algunas tendencias actuales

La cata histórica quiso dedicar también un espacio a los desarrollos más recientes de la DOCa. Se volvió a insistir en el renovado interés por los blancos tras la incorporación en 2007 de las variedades locales maturana blanca, tempranillo blanco y turruntés, pero también de las foráneas chardonnay, verdejo y sauvignon blanc, que reflejaban la voluntad de competir en el lineal con blancos de estilo más aromático. La ampliación de la extensión de cultivo de uva blanca desde la época en la que se hubo de recurrir a las “importaciones”, es un hecho, con más de 6.000 hectáreas.

Para ilustrar la tendencia se eligió un vino de Vinícola Real, una bodega de los 90 con espíritu clásico que se ha especializado en vinos de guarda como el 200 Monges Gran Reserva 2010 Blanco, una mezcla de viura con un poco de malvasía de viñedos elevados del valle del Iregua, donde está situada la bodega, y del valle del Najerilla. Se trata de una elaboración tradicional en madera y de largo envejecimiento en botella con mucha complejidad (fruta blanca y cítrica, pimienta blanca, tostados finos) y notas cremosas, pero vibrante y súper jugosa.


El capítulo de viñedos singulares estuvo representado por una garnacha y un tinto de base de tempranillo, Finca Las Naves 2019, que firma la enóloga Clara Canals en Ysios. Diseñada por Santiago Calatrava, la bodega en sí misma representa otra tendencia de los 90: las impactantes edificaciones con la firma de arquitectos internacionales que dieron alas al enoturismo -ahí está también el hotel de Riscal de Gehry, o la barrica gigante que Philippe Mézieres creó para Viña Real. El vino de Ysios procede de una parcela anterior a 1902 de Elvillar, plantada en pie franco sobre un suelo arcillo-arenoso que se elabora como field blend. En nariz domina la fruta roja y las notas herbales, pero en boca el perfil no es aéreo, sino profundo, con un carácter mineral/terroso, balsámicos frescos y notable firmeza. 

El Mirón del Humilladero 2022, de Bodegas Paco García, puede presumir de ser el viñedo singular más antiguo, ya que está datado en 1880. Es una viña muy vieja de garnacha con cerezos intercalados en Murillo de Río Leza, al sureste de Logroño, que da un perfil bastante mediterráneo y exótico con fruta roja (granada) y azul (arándanos), buena concentración y jugosidad en boca.


The renaissance of historic wineries is also noteworthy.  As stylistic preferences have shifted towards greater finesse, producers such as R. López de Heredia have regained critical attention. The López de Heredia sisters say that Tondonia never lost its consumer base, yet its wines were largely overlooked at the beginning of the 21st century. Now, particularly the Gran Reservas, which made only in exceptional vintages, are highly sought after.

La última en “salir del armario” es Martínez Lacuesta, fundada en 1895 en Haro, pero alejada físicamente del cogollo del Barrio del a Estación. Aunque perdió el encanto de los calados subterráneos cuando se trasladó a una moderna y espaciosa bodega en las afueras del municipio, ha seguido apostando por crianzas relativamente largas en roble americano, con trasiegas manuales y una filosofía de vinos frescos de Rioja Alta, de estructura moderada. La recuperación de la gama Campeador, su marca en botella borgoña con base de garnacha, es todo un acierto. Para este evento, sin embargo, no se llevó ninguno de sus clásicos, sino el nuevo La Centenaria 2022, un tinto genérico elaborado para celebrar el 130 aniversario de la bodega y que se apoya en un viñedo también centenario plantado en Haro en 1921. Elaborado como field blend, es un vino fragante, con abundante fruta roja, sápido, profundo y muy mineral, casi férrico. Se presenta en botella borgoña y con la antigua redecilla para evitar falsificaciones. 


No se puede pedir más diversidad. Hoy, no hay grupo vinícola de cierto peso que no haya puesto el pie en Rioja. La propia Vega Sicilia se instaló en la zona en 2009 formando su primera joint-venture junto a la familia del barón Benjamin de Rothschild. Sus planteamientos han ido cambiando en este tiempo y con ellos su selección de uva, ahora a la búsqueda de texturas refinadas, más frescura a través de la cofermentación con otras variedades y menos impacto de la madera. Macán 2021 refleja bien los logros obtenidos en una añada excelente que destaca por su jugosidad. Es un tinto firme, envolvente, con excelente fruta y aún muy joven.

No hubo ningún espumoso en las catas centrales del centenario. Se podría argumentar que es una categoría muy nueva y de corto recorrido, aunque tiene una base histórica sólida en bodegas como Bilbaínas que recientemente recuperó Lumen, marca registrada para espumosos en 1916. Más antigua aún es la referencia de la medalla de plata que el general Baldomero Espartero recibió por un espumoso de malvasía en la Exposición Agrícola de Madrid de 1857. Sí hubo, en cambio, un vino dulce para poner el broche de oro a la cena de gala: el Dulce de Invierno 4 Varietales 2021 que elabora Vivanco a partir de una vendimia muy tardía (en enero) de garnacha y mazuelo, y porcentajes menores de tempranillo con envejecimiento en barrica. Es un vino que apuesta por la delicadeza frente a la pastosidad, con abundante fruta roja y buen equilibrio entre dulzor y acidez.


La documentación para escribir este artículo procede del argumentario realizado por Juancho Asenjo (en la imagen superior) como base de las catas del centenario, del libro El Rioja histórico, y de información recogida a lo largo de los años por Spanish Wine Lover


Firma

Amaya Cervera

Periodista especializada en vino con más de 25 años de experiencia. Fundadora de Spanish Wine Lover y Premio Nacional de Gastronomía a la Comunicación Gastronómica 2023