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Hitos históricos de Rioja a la luz de su centenario (I)

Tras el artículo que publicamos hace unas semanas sobre la “nueva Rioja”, retomamos la serie sobre el centenario de la DOCa. Esta vez profundizamos en su vertiente histórica, uno de los ejes centrales del evento organizado para prescriptores internacionales el pasado mes de febrero en Logroño.

El comité asesor, formado por Pedro Ballesteros MW, Juancho Asenjo y Elena Adell, dedicó una cata específica a resaltar los grandes hitos históricos de la región, remontándose a fechas anteriores a la primera protección del nombre Rioja en 1925, que se toma como fecha fundacional de la denominación. Planteó un recorrido desde sus dos grandes fundadores (Marqués de Riscal y Marqués de Murrieta) pasando por la pujanza del Barrio de la Estación de Haro, la histórica cosecha 1964, el desarrollo industrial de los 70, la aparición de los primeros vinos de finca y los vinos de autor, el renacimiento de los blancos, los viñedos singulares y un particular regreso al punto de partida con la comercialización de Rioja en La Place de Bordeaux. También hubo una pequeña selección de añadas viejas y etiquetas de bodegas centenarias en la cena de gala que cerró la celebración y que hemos incluido en este apartado.

Debido a la extensión del texto, hemos organizado la información en dos artículos. Este primero abarca el final del siglo XVIII, todo el XIX y el siglo XX hasta finales de los años 50, cuando la dictadura franquista inicia su apertura internacional. El segundo va desde los años 60 hasta la actualidad. 

En un momento crítico para el sector por el descenso del consumo de vino, los movimientos anti-alcohol y el agravante de la inestabilidad política internacional, no está de más recordar que el nacimiento del rioja moderno se produce en medio de grandes dificultades y en un contexto de profundas transformaciones políticas y sociales que marcan el paso del Antiguo Régimen al liberalismo.


El siglo XIX en España se caracterizó por una alternancia caótica de gobiernos, incluido un periodo republicano y las tres guerras carlistas que afectaron directamente a la zona de producción del vino riojano. La liberalización del mercado y las sucesivas desamortizaciones de bienes eclesiásticos y municipales alumbró una nueva clase que ocuparía posiciones destacadas en el mundo del vino riojano y contribuiría a financiar proyectos como la construcción del ferrocarril que daría salida a los vinos locales hacia los mercados y los puertos del norte. 

La adopción del método bordelés

La calidad del vino riojano durante el siglo XVIII y buena parte del XIX dejaba bastante que desear. De ahí que el marqués de la Ensenada, influyente político ilustrado originario del municipio riojano de Hervías, fracasara en su intento de abrir una vía comercial con Londres. Las primeras mejoras llegan con los viajes del canónigo y deán de la catedral de Burgos, Manuel Quintano, a Burdeos en la década de 1770 y la aplicación de las técnicas bordelesas en la bodega familiar de Labastida, en Rioja Alavesa. Introdujo el despalillado frente a la fermentación con racimos enteros, la crianza en barrica frente a la conservación en pellejos que daban mal sabor al vino y los trasiegos para separar los sedimentos. Pero el éxito de los nuevos vinos se dio de bruces con la oposición de los cosecheros locales, que reaccionaron aprobando medidas proteccionistas que relegaron comercialmente la producción de los Quintano. 

Las prácticas bordelesas regresaron a Rioja a mediados del XIX de la mano de Luciano Murrieta, ayudante personal del general Espartero. En 1850, embotella ya con la marca Duque de la Victoria en la bodega de Jacinta Martínez de Sicilia, la rica hacendada esposa de Espartero. La década siguiente es la del Médoc Alavés (1862-1867), una iniciativa de la Diputación de Álava para mejorar la calidad de los vinos de Rioja Alavesa a través de la contratación, por mediación de Guillermo Hurtado de Amézaga, marqués de Riscal residente en Burdeos, del enólogo de Château Lanessan, Jean Pineau

Además de las prácticas citadas anteriormente, Pineau ponía especial énfasis en el segundo año de crianza del vino en barrica para garantizar su estabilidad de cara al transporte y al envejecimiento en botella. Casi de forma paralela al éxito de los primeros vinos, nace la adulteración reduciendo los tiempos de crianza, mientras que la crisis financiera de 1866 dificulta las inversiones y el mantenimiento del inmovilizado. Se truncó así la deseada transformación de los cosecheros alaveses en cosecheros-criadores, aunque el método continuó vivo con la incorporación de Pineau a la bodega de Riscal en Elciego.


La cata histórica del centenario comenzó con un simbólico degüelle con tenazas de un Marqués de Riscal 1956 a cargo del actual director técnico y descendiente del fundador Luis Hurtado de Amézaga. La bodega, la única de Rioja que conserva un histórico de todas las añadas elaboradas desde 1862, tuvo enólogos franceses casi hasta mediados del siglo XX, pero según Hurtado de Amézaga, la del 56 fue una de las últimas añadas elaboradas por su abuelo. Hay cabernet sauvignon en la mezcla, como era habitual en la casa, y el vino habría envejecido en barrica entre tres y cuatro años. Aún con recuerdos de hierbas secas, humo (chimenea) y aromas especiados, ofrecía una sapidez profunda, bien mantenida por la acidez. Desde su primera cosecha 1986, el heredero de los antiguos Reserva Médoc con importantes porcentajes de cabernet es Barón de Chirel, aunque en esta versión moderna la presencia de la variedad francesa puede variar mucho de una añada u otra. En la 2020 que se probó en la cena, por ejemplo, no superaba el 7%. Fue uno de los vinos más firmes y contundentes de la velada, con gran carga frutal, notas cárnicas, alta concentración y buen potencial de guarda, aunque también un punto alcohólico.

La otra gran bodega fundacional de Rioja, Marqués de Murrieta, es fruto de la aventura en solitario de Luciano de Murrieta tras el fin de su colaboración con Espartero y la compra, en 1877, de la finca Ygay, en las afueras de Logroño. La elaboración aquí se caracteriza por crianzas legendariamente largas frente a los embotellados más tempranos de Riscal. El ejemplo actual más extremo es Castillo de Ygay Blanco 1986, un vino que salió al mercado en 2016 tras pasar 20 años en madera y seis en depósitos de hormigón. La botella lo ha mantenido en forma. En nariz conserva el carácter mediterráneo de la propiedad (almendra, hierbas secas, nuez moscada, fruta de hueso en licor) mientras que en el paladar, volumen, elegancia y acidez se alían para crear un conjunto largo y profundo. Una demostración incontestable de la capacidad de envejecimiento de los mejores riojas blancos.


Los franceses, el ferrocarril y el capital vasco

Las plagas llegadas de América en el siglo XIX, el oídio primero, y de forma determinante la filoxera, llevaron a muchos comerciantes de vino franceses a instalarse en Rioja. Haro, gracias a la inauguración de la línea férrea Tudela-Bilbao en agosto de 1863, fue un centro neurálgico clave. Las bodegas centenarias de su hoy famoso Barrio de la Estación son herederas de aquellos négociants: Viña Tondonia nace en 1877 a partir de la compra del negocio de Heff; Bilbaínas en 1901 con la adquisición de Sauvignon Frères & Cíe. También del capital vizcaíno, como la propia Bilbaínas y Cvne (1879), mientras que La Rioja Alta (1890) es fruto de la unión de viticultores riojanos y empresarios vascos.

Este barrio industrial siguió en gran medida el modelo francés de vinos de mezcla elaborados a partir de uvas de distintos puntos de la región, frente al Médoc alavés con su enfoque de pueblo y municipios colindantes, o la apuesta de finca en el caso de Murrieta. Sus inquilinos más veteranos estuvieron ampliamente representados en la celebración del centenario. 


La añada más antigua fue un 1978 Gran Viña Zaco Gran Reserva Tinto del botellero histórico de Bodega Bilbaínas, con perfil clásico (especias, notas ferrosas, viva acidez) y paladar pulido en sintonía con el perfil fresco de Rioja Alta y la graduación moderada de la época (12,5% vol.). 

De R. López de Heredia se cató un Viña Tondonia Reserva 2004 Tinto Mágnum muy balsámico, con terciarios finos (cuero, cedro), excelente acidez y esa textura pura y casi cristalina que tiene que ver con sus largos envejecimientos. También fresco y con similar sensación táctil, Viña Tondonia Reserva 2014 Blanco se mostró aún más expresivo (hidrocarburo, frutos secos, aceituna verde) y profundo, conservando la viveza pese a su carácter oxidativo. Ambos son vinos de mezcla de variedades, con envejecimiento de seis años en barrica y 12,5% vol. 


Con el mismo tiempo de crianza, el estilo del Gran Reserva 890 2011 Tinto de La Rioja Alta resultó más rotundo y reconfortante (tiene 14% vol.), con taninos aterciopelados y mucha vida por delante. Otro perfil muy diferente fue el del Imperial Gran Reserva 2001 Tinto de Cvne: vivaz, elegante, muy mentolado, con taninos granulados y gran persistencia, haciendo justicia a las altas expectativas que genera la añada 2001. Aquí el envejecimiento es de 36 meses y, a diferencia de los anteriores, entran en escena partidas de roble francés junto al americano. Cvne también aportó un Monopole Clásico Gran Reserva 2018 Blanco a la cena, con sus inconfundibles notas tostadas, toques oxidativos y la sapidez y concentración derivadas de su crianza en botas que han contenido manzanilla.

Exceptuando este blanco que ha mantenido la botella rin originaria, el resto eran marcas comercializadas en botella burdeos, la presentación habitual del vino fino que imitaba al claret bordelés. La botella borgoña, en cambio, se destinaba a vinos con más cuerpo como Viña Bosconia, Viña Real, Viña Ardanza o Viña Pomal, habitualmente con adición de garnacha y mayor grado alcohólico. Esta dicotomía, sin embargo, no se dio históricamente en Riscal y Murrieta.


La denominación de origen y los años oscuros

La primera protección del nombre Rioja llega durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). Su política intervencionista y proteccionista fomentó la organización de las zonas vinícolas, beneficiando a las grandes bodegas exportadoras de la época (la primera asociación de exportadores de Rioja se crea en 1907). Una Real Orden de 6 de junio de 1925 autorizaba la creación y uso de un precinto de marca colectiva Rioja. Para 1928 ya existía un reglamento y, al año siguiente, la primera delimitación geográfica.

Esta organización tuvo que adaptarse al Estatuto del Vino de 1932, elevado a categoría de Ley al año siguiente, pero la inestabilidad política, a las puertas ya de la Guerra Civil (1936-1939), dificultó mucho su desarrollo. Según relata José Luis Gómez Urdáñez en El rioja histórico, obra editada con motivo del 75 aniversario de la DOCa., la Ley del 33 estuvo vigente hasta el final del franquismo, pero cuando renace el Consejo en 1945 se inspira paradójicamente en la legislación de Primo de Rivera.

Durante las primeras décadas de la dictadura de Franco, España se aísla del mundo y se sume en la autarquía. La producción de vino continúa, pero muchas botellas permanecen en las bodegas y tardan años, incluso décadas, en llegar al mercado. En algunos casos, como el de Riscal, se reservan vinos que no llegan a ponerse a la venta y que constituyen hoy un legado de gran valor histórico.

La documentación para escribir este artículo procede del argumentario realizado por Juancho Asenjo como base de las catas del centenario, del libro El Rioja histórico, y de información recogida a lo largo de los años por Spanish Wine Lover

La primera foto antigua es una vista de las instalaciones de Cvne en el Barrio del a Estación de Haro. La segunda muestra una prensa en Marqués de Murrieta.

Firma

Amaya Cervera

Periodista especializada en vino con más de 25 años de experiencia. Fundadora de Spanish Wine Lover y Premio Nacional de Gastronomía a la Comunicación Gastronómica 2023