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Últimas catas: rosados, garnacha blanca, cariñena y riojas de 2021

En Spanish Wine Lover solemos asistir a muchas más catas y presentaciones de las que somos capaces de volcar en la web. Esta semana hemos querido hacer una pequeña puesta al día de algunas de ellas, en especial si nos han servido para identificar tendencias o estilos que merece la pena recomendar.

En la siguiente selección mandan blancos y rosados, muy apropiados para disfrutar durante el verano, aunque también hemos incluido un par de tintos.

Roda apuesta por los rosados

Después de presentar en BWW su primer rosado riojano, la bodega más moderna del Barrio de la Estación de Haro ha hecho lo propio con su proyecto en Ribera del Duero. La apuesta, una vez más, es por envejecer el vino en barrica el tiempo suficiente para comercializarlo como Reserva. 

Corimbo Rosado nació de manera casual. Fue una de las dos opciones planteadas para celebrar la inauguración de su nueva bodega en La Horra en 2025. Aunque se barajó también elaborar un tinto con las viñas que rodean la bodega, el rosado fue la estrella. Su éxito ha sido tal que se ha incorporado de forma permanente a la gama de Bodegas La Horra. La referencia que sale ahora es la misma edición conmemorativa de la cosecha 2023. Hay un lapsus en 2024, pero se ha retrasado la salida del 2023 para que el mercado no se quede desabastecido antes de que llegue el 2025. Se han puesto 4.000 botellas a la venta, pero el objetivo de futuro es alcanzar las 20.000 botellas.


Elaborado íntegramente con tinto fino, este Corimbo huye tanto del concepto de clarete de mezcla con variedades blancas como de los colores pálidos provenzales. Se obtiene de mosto lágrima, fermenta en depósitos de acero inoxidable con levadura natural y envejece 15 meses en barricas usadas de 225 litros. El precio de venta al público, 30 €, es el mismo del Perdigón Rosado Reserva de Rioja.

De color rosado frambuesa, arranca con notas tostadas y cremosas de la madera que van dejando paso a los frutos rojos y a toques anisados. Hay un fondo austero que conecta con el perfil Ribera y un paladar con mucho de todo: volumen, estructura, acidez y alcohol (tiene 14,5% vol.), pero es capaz de conjugar todos estos elementos con elegancia y envolverlos con cierta jugosidad. Este estilo opulento es un buen sustituto de los tintos para acompañar los platos más contundentes durante los meses de calor. Con las temperaturas cada vez más desbocadas, ¿no podría ser el rosado el nuevo tinto de verano?

Claretes con moscatel

Una de las catas más interesantes a las que hemos asistido en las últimas semanas fue la organizada por la distribuidora Cuvée 3000 con algunos de sus productores estrella para celebrar la inauguración de su nueva nave logística en Madrid. Nos llamaron la atención, por su novedad, dos vinos que ensamblan la moscatel con variedades tintas.

El más sorprendente fue el Clarete 2024 de Indiano, un nuevo y prometedor proyecto en Gredos sobre el que escribiremos en detalle a la vuelta del verano. La pareja de enólogos formada por Maca Nogara y Charly Gotchac se han desmarcado con una originalísima mezcla a partes iguales de moscatel de Alejandría que compran a un viticultor local, y garnacha. Como la moscatel no está autorizada en Cebreros, sitúan este vino dentro de su gama más atrevida a la que han bautizado como Rebeldes. Combinan además la ubicación de los viñedos en la cara sur de la sierra, en el municipio de San Esteban, donde viven, y en la cara norte, en Cebreros, donde tienen la bodega, para alinear las maduraciones y poder fermentar simultáneamente. Para ello van alternando capas de las dos variedades, con parte de la uva despalillada y parte con raspón, buscando una semi-maceración carbónica y una fermentación muy lenta que complementan con una crianza en ánfora.


La moscatel aporta gran intensidad en nariz, pero se expresa en su versión más silvestre y herbal (flores blancas, lavanda, hierbas secas) arropada por las notas de fruta roja de la garnacha. En boca, es un vino con tensión y frescura, rematado por un tanino terroso que aporta consistencia. Una manera muy diferente de construir un rosado con estructura (tiene 14% vol.) y que da también mucho juego en la mesa. 

El segundo ejemplo viene de Gutiérrez de la Vega, la bodega alicantina especialista en moscatel que ha utilizado la variedad en todas sus vertientes posibles: como vino seco, dulce, con pieles, bajo velo de flor… Su nuevo Viña Alejandría, elaborado en cantidades casi experimentales (menos de 600 botellas), busca una nueva frontera al combinarla con variedades tintas. Es un rosado de bastante color que mezcla giró (un clon local de garnacha) con aproximadamente un 15% de moscatel con algo de maceración y merseguera. Con menor peso en el ensamblaje, el carácter fragante de la moscatel aparece más matizado para construir un vino jugoso, ligero y con un agradable amargor final. Una opción casi opuesta, más playera y de trago largo, que se beneficia de una graduación alcohólica moderada (11,5% vol.).


Garnacha blanca

El Salón de Vinos Blancos que organiza Calduch Comunicación anualmente en Madrid tuvo en su última edición una pequeña isla de productores de Terra Alta que nos permitió asomarnos al universo de sus garnachas blancas. Nuestros vinos favoritos fueron blancos con cierta crianza y desarrollo en botella que muestran el carácter más auténtico de la variedad y un cierto potencial de envejecimiento. Un buen ejemplo es el Selecció 2022 (32 €) que elabora la bodega Altavins a partir de un viñedo plantado en 1954 en suelos arenosos, conocidos localmente como panal, y criado en barrica. Un blanco complejo, con notas de fruta blanca y de polen que empieza a desarrollar toques de hidrocarburo y ofrece un paladar cremoso sin perder frescura. 


Un contraste interesante con Anima L’Avi Arrufi 2024 de Celler Piñol, que realiza la crianza en hormigón y granito y tiene una textura más untuosa y redondeada y la acidez más matizada.

Lafou, la bodega de la familia Roqueta en Terra Alta, llevó dos añadas de su blanco central Els Amelers: un 2024 en clave aún floral y un 2018 con el desarrollo de hidrocarburo y hierbas mediterráneas característico de la variedad. Aquí hay un estilo intermedio entre los dos anteriores porque se combina una vendimia más verde y otra más madura y se trabajan distintos recipientes de envejecimiento: acero inoxidable, huevo de hormigón y madera.


La cooperativa Agrícola Saint Josep, por otro lado, ha recuperado categorías tradicionales en la zona como el blanco de segundo año que embotellan bajo la marca Laqvarta a partir de viñas con una edad media cercana a los 40 años y que crían con lías en acero inoxidable. Pero sobre todo el nuevo Blanc de 3 Anys de la colección Roc Singulars que recupera una solera antigua en depósitos de hormigón, en su momento muy apreciada por los socios. Una parte de la saca se destinaba a rociar la solera de su rancio seco y el resto se vendía a granel. Esta nueva versión, procedente de una solera iniciada en 2014 que ha esperado hasta su décima saca para salir al mercado, muestra la complejidad y estructura adicional que se puede conseguir mediante la mezcla de añadas.


La variedad de productores presentes en el salón nos permitió probar otras dos garnachas blancas de zonas muy diferentes del valle del Ebro. En Rioja, Izadi Larrosa Blanco 2025 no tiene aporte de madera (aunque nos contaron que empezarán a introducir algo en 2026) y se mueve más en clave de fruta blanca y anisados. Con una estructura más moderada que la de los vinos catalanes, destaca por su equilibrio y por una excelente relación calidad-precio para una referencia que no alcanza los 10 euros. En Navarra y dentro de la gama Pequeñas Producciones, Marco Real se ha decantado por una vendimia relativamente temprana buscando un perfil floral y casi mentolado, con graduación moderada (12,5% vol.) que consigue mezclando viñedos de Olite y de Tierra Estella, en la Sonsierra navarra. Es un perfil menos varietal quizás, que va más en la línea de buscar un blanco fresco y fácil de beber.


Dos riojas y un empordà de 2021

De la cata de presentación de nuevas añadas de La Rioja Alta a la que asistimos hace unas semanas en Madrid, destacamos ya el Viña Alberdi 2021 como vino de la semana. La bodega del Barrio de la Estación de Haro reconoció la excelencia de la cosecha concediéndole el estatus de Selección Especial y elevando su categoría de Crianza a Reserva. 

El otro 2021 que se presentó ese día, Finca Martelo, en este caso de la bodega Torre de Oña en Páganos (Laguardia), también merece una mención especial. No solo por la calidad de esta añada en Rioja, sino también por un leve cambio en el aprovisionamiento de la uva, ya que por primera vez se ha introducido en el ensamblaje un 10% de lo que la bodega denomina viñedos artesanales. Se refiere a las adquisiciones de pequeñas parcelas de viñas viejas en vaso que suman ya unas 60 hectáreas en Rioja Alavesa y alrededor de 22 en Rioja Alta. La primera vinificación de estos viñedos artesanales se realizó precisamente en 2021. Esta redefinición de la mezcla ha hecho que Martelo deje de ser un tinto de finca (se elaboraba anteriormente con una parcela específica de la finca de Torre de Oña) y pase a etiquetarse como vino de zona (Rioja Alavesa). La selección para el ensamblaje se realizó a partir de viñedos artesanales de Rioja Alavesa con comportamiento y mezcla varietal similares a Martelo (en esta añada 95% tempranillo y 5% mazuelo).


Otra novedad ha sido la unificación de etiquetas en el mercado nacional y la exportación, eliminando el término Reserva que aún figuraba en la frontal de las partidas que se vendían fuera de España, aunque el vino mantiene esta categoría de envejecimiento y no hay intención de convertirlo en genérico.

El director técnico, Julio Sáenz, apuntó que el nuevo ensamblaje responde a la búsqueda de mayor complejidad y persistencia. En lo que se refiere al estilo añadió: “Queremos limitar el impacto de la madera en los vinos”. En la copa, la fruta se reveló como la gran protagonista (cereza madura), junto a leves mentolados y un toque especiado con recuerdos de curry. Sedoso y elegante en boca, este Martelo captura la esencia de finura y equilibrio que caracteriza a la región, pero aportando el perfil frutal y la profundidad de Rioja Alavesa.

La presentación de nuevas añadas de Cvne, otra gran casa del Barrio de la Estación de Haro, celebrada unos días después, también incluyó un 2021 que, nuevamente, no era de la casa madre, sino de Contino, su bodega de vinos de finca en Laserna (Rioja Alavesa). Don Vicente es una de sus etiquetas más desconocidas, tanto por su producción limitada (unas 2.000 botellas en esta añada), como por su relativa novedad. Se elaboró por primera vez en 2019 y es un proyecto desarrollado por el enólogo Jorge Navascués (en la imagen inferior) tras constatar la calidad que alcanzaba una sección de mazuelo de la parcela de Don Vicente plantada en 1980 sobre un suelo pedregoso. “Aquí conseguimos que esta variedad de ciclo largo llegue a final de maduración con un perfil menos concentrado que los vinos que se destinan a los ensamblajes de gran reserva”, explicó Navascués. 


El vino es toda una curiosidad y también una de las referencias más caras de la bodega, en la misma línea de precio (83 €) que el parcelario Viña del Olivo y Contino Graciano. Con un color violáceo vivo aunque sin excesos de capa, manda la fruta roja y azul (arándanos), con un fondo de tomatera y una buena dimensión aromática que va evolucionando a toques de violeta. En boca, lo más llamativo es la excelente textura, casi sedosa, para una variedad que suele ser más rústica. Aquí aparecen notas algo más oscuras y de chimenea, pero dentro de un perfil tensionado y vibrante.

El salón Best of Spain, organizado en Madrid por el prescriptor británico Tim Atkin MW, reunió a 160 bodegas con vinos calificados con 95 puntos o más, y fue una buena muestra del excelente momento que atraviesa el vino español, con gran diversidad de estilos, territorios y productores.

Entre los muchos vinos interesantes que probamos, destacamos aquí Ethèric Carinyena Negra 2021 (65 €), una interpretación de la cariñena que demuestra cómo algunas variedades mediterráneas, bien adaptadas al cambio climático, consiguen transmitir su origen sin renunciar a la frescura ni a la energía. Lo elabora Carlota Pena, enóloga y segunda generación de Vinyes d’Olivardots, en Capmany (DO Empordà), dentro de su “colección personal de vinos”, con la que busca subrayar la conexión con la tierra y la agricultura biodinámica que practican en la propiedad.


La etiqueta, ilustrada con una mariposa, se inspira en el llamado cuerpo etéreo, que, según explica Carlota, constituye la primera aura que rodea tanto a los seres humanos como a las plantas. El vino procede de una parcela orientada al norte y con forma de anfiteatro, plantada hace casi un siglo por el abuelo de un viticultor local y rodeada por un bosque de pinos. 

En esta primera añada, limitada a apenas 300 botellas, se ha utilizado un 50% de raspón y una crianza de un año en barrica austríaca. El resultado es un tinto equilibrado, expresivo y fino, con notas de fruta roja y violeta, y un final largo y seductor.

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Amaya Cervera

Periodista especializada en vino con más de 25 años de experiencia. Fundadora de Spanish Wine Lover y Premio Nacional de Gastronomía a la Comunicación Gastronómica 2023

Yolanda Ortiz de Arri
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Yolanda Ortiz de Arri

Periodista con más de 25 años de experiencia en medios nacionales e internacionales. WSET3, formadora y traductora especializada en vino