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Mauro se incorpora a Muchada Léclapart tras la salida de David Léclapart

Mauro, el grupo de la familia García, con raíces en Castilla y Léon, ha adquirido la participación de David Léclapart en Muchada Léclapart, la bodega con base en Sanlúcar de Barrameda que Alejandro Muchada y el productor biodinámico de Champagne fundaron en 2016

Aunque a primera vista pueda parecer una asociación extraña por la diferencia de tamaño y la lejanía geográfica, existe un punto común en el cultivo biodinámico que ha sido una constante en Muchada Léclapart desde su fundación en 2016 y que, en el caso de Mauro, se inició en 2015 para culminar con la certificación de 280 hectáreas de viñedo hace tres años.

“Siempre nos han gustado los vinos de Alejandro, pero cuando le conocimos, nos dimos cuenta de que compartimos muchas sensibilidades”, explica Alberto Gracía, de Mauro. Con un 50% de la propiedad tras el abandono de Léclapart por motivos familiares, apuestan por una línea continuista y por mantener el nombre fundacional de la bodega.

Un flechazo vitícola

La conexión entre las dos partes se produjo durante un congreso de biodinámica organizado por Entheos Bio en las instalaciones de Bodegas Peñalba López (Ribera del Duero) en abril del año pasado. Unas semanas después, David Cancela, director de producción de Mauro y la enóloga Andrea Vuelta visitaron Muchada Léclapart y conocieron el deseo de Léclapart de abandonar el proyecto.

Los hermanos Alberto y Eduardo García, segunda generación al frente de un grupo con ramificaciones en Ribera del Duero, Toro, Bierzo y Rioja, visitaron a Alejandro en mayo, y Alberto aprovechó un viaje que tenía ya programado a Champagne para abordar el tema con Léclapart. “La operación se ha hecho en mes y medio de una forma muy natural, fluida y orgánica”, apunta Alberto.

“Para mí era fundamental que el socio trabajara en biodinámica porque es el eje de lo que hago”, explica Alejandro Muchada, quien, con anterioridad a la firma, también visitó los viñedos de sus nuevos socios en Castilla y León. El factor humano también era importante. “Eduardo y Alberto son personas honestas, humildes y con valores, y creo que van a ayudar a consolidar el trabajo que llevamos haciendo durante los últimos diez años”.  

Muchada ha valorado asimismo que la familia García se haya sentido cómoda con el 50% de la propiedad (“otras personas querían tener el 51%) y que no hayan querido cambiar nada. “Les gusta el proyecto como es y han visto claro que queramos seguir trabajando a escala artesanal. Ellos, por otro lado, tienen un cliente clásico en distribución y es interesante que más gente descubra el mundo de los blancos españoles y del Marco de Jerez. De la misma manera que están ya aquí Peter Sisseck, Dirk Niepoort o Marcelo Retamal, estas voces de fuera aportan al Marco ideas, conocimiento técnico y acceso a la distribución”. 

Alberto García ratifica este punto: “David Léclapart es el inspirador y fundador, y Alejandro sigue su escuela. Nosotros no venimos a cambiar nada, sino a aprender y a seguir la estela de lo que se ha hecho. Nos gusta el perfil de los vinos, sin velo, ni encabezado, respetando la sutilidad de la palomino”.

Del tinto al blanco

La entrada de Mauro en el marco de Jerez no resultará tan chocante para quien haya seguido la trayectoria de la familia García en los últimos años. Tras la consolidación de sus bodegas centrales, Mauro (VT Castilla y León) y San Román (Toro), los proyectos posteriores de la familia, Garmón, en Ribera del Duero (65.000 botellas); Baynos, en Rioja (15.000 botellas) y Valeyo, en Bierzo (25.000 botellas contando con la entrada dentro de DO del Mauro Godello a partir de la cosecha 2026) han huido del volumen.

Con frecuencia, su presencia en estas zonas se ha articulado a través de socios o colaboradores locales, como Tom Puyaubert, de Bodegas Exopto, que fue su hombre en Rioja durante los primeros años del desarrollo del proyecto. En Bierzo, se han aliado con Gregory Pérez, adquiriendo un 30% de Bodegas Mengoba. La relación con este productor de origen francés viene de los tiempos en que fue compañero de estudios de Eduardo en Burdeos y también trabajó en Luna Beberide en Bierzo en la época en la que la familia García elaboraba junto a esta bodega el tinto Paixar. “Cuando vas a otras zonas, es importante conocer tus límites. Nos viene bien tener una base de viñedo, una estructura y la tranquilidad de saber que lo que hace está en buenas manos”, asegura Alberto.

La entrada en Muchada Léclapart también refuerza la posición de la familia García en el segmento de vinos blancos sumando un nuevo origen a las elaboraciones que ya realiza en Rioja, Toro y Bierzo con viura, malvasía castellana y godello respectivamente. “Hemos pensado más en que nos gusta el proyecto que en estrategia, pero nos encaja porque ya elaboramos muchos tintos, y estos vinos del Marco se alinean con nuestra idea de blancos territoriales elaborados con variedades autóctonas, con perfiles de guarda y complejidad”. 

Tras haber alquilado una hectárea adicional en 2025 para compensar la pérdida de producción por la sequía, Alejandro Muchada y su equipo (tres personas en total) trabajan cinco hectáreas de viñedos tradicionales de palomino en Sanlúcar de Barreda, de las cuales 2,5 son propias. 

Firma

Amaya Cervera

Periodista especializada en vino con más de 25 años de experiencia. Fundadora de Spanish Wine Lover y Premio Nacional de Gastronomía a la Comunicación Gastronómica 2023