Marqués de Riscal: el desafío de reinventar un icono de Rioja
Con una valiosa colección de más de 130.000 botellas que se remontan hasta 1862, la Botellería Histórica de Marqués de Riscal en Elciego (Rioja Alavesa) es uno de los grandes tesoros del vino español. Este espacio de silencio y penumbra se reveló algo más bullicioso de lo habitual en mi última visita a la bodega debido al reencorchado de una partida de botellas.
La práctica, que se aplica a lotes con niveles bajos de vino, se apoya en el uso de nitrógeno en atmósfera inerte y en rellenados con vinos de la misma partida. El proceso se realiza bajo la supervisión de veedores del Consejo Regulador quienes, una vez terminada la operación, emiten el correspondiente certificado.
La puesta a punto de la Botellería Histórica cobra un nuevo sentido tras el anuncio de Ricardo Diéguez, nuevo director general de Marqués de Riscal, de lanzar “el mayor programa de vinos viejos del mundo”. La bodega ofreció un anticipo en Wine Paris degollando con tenazas calientes botellas de 1938 y 1956. Diéguez y su equipo están aún diseñando la manera en la que este legado histórico se va a mostrar al mundo, pero tienen claro que quieren implicar a restaurantes emblemáticos, casas de subastas y coleccionistas.
Historia embotellada
Hay dos tipologías de tintos bien definidas en el botellero histórico de Riscal. Mientras que los XR (por extra rouge) son selecciones de barricas de tempranillo que se elaboraban regularmente, los Reserva Médoc se limitaban a añadas especiales e incluían cabernet sauvignon en el ensamblaje. En ambos casos eran vinos que no se comercializaban; simplemente, se reservaban en bodega dentro de una costumbre que se mantuvo hasta mediados de los años sesenta.
Hasta ahora, estas botellas habían salido con cuentagotas de los viejos calados, casi siempre con destino a catas profesionales, como el simposio de Masters of Wine que se celebró en Logroño en 2018 o las recientes celebraciones del centenario de Rioja, aunque también se puede acceder a una pequeña selección en el restaurante gastronómico del Hotel Marqués de Riscal y existen algunas verticales en depósito en restaurantes muy concretos en España. La última gran cata histórica se realizó en 2022 con motivo del lanzamiento de Tapias y su comercialización a través de La Place de Bordeaux. Frente a una nutrida representación de la crítica internacional, se degollaron tres de las 16 botellas restantes de la añada inaugural, además de cosechas prefiloxéricas como 1870, 1876, 1886 o 1889. El gran protagonista de la jornada, sin embargo, fue un Reserva Médoc de 1945 elaborado con cabernet sauvignon.

La anomalía de cultivar una variedad no autorizada por la DOCa se explica por la profunda influencia francesa que marcó la creación y las primeras décadas de vida de esta bodega, cuyo propio fundador residía en Burdeos. Impulsor del Médoc Alavés junto a la Diputación de Álava, Guillermo Hurtado de Amézaga aplicó las técnicas de elaboración bordelesas en la propiedad heredada de su hermana en Elciego. Empezando por Jean Pineau, previamente enólogo de Château Lanessan, la bodega tuvo técnicos franceses hasta la década de 1950. Además de por la cabernet, Riscal se ha diferenciado históricamente por los envejecimientos moderados (entre tres y cuatro años), la apuesta por el embotellado y la elaboración de tintos de añada en una época en la que la mayoría de los vinos riojanos se apoyaba en la mezcla en su sentido más amplio y se vendían en función del tiempo medio de permanencia en bodega como segundo, tercer, cuarto, quinto y sexto año.
Relevo total
La nueva dirección está bebiendo de las fuentes de la historia. La campaña publicitaria lanzada el año pasado, apenas unos meses después del nombramiento de Diéguez, juega con la similitud fonética entre Riscal y el lema Risk all que alude a los grandes hitos de la casa y celebra el primer puesto de la bodega riojana en la lista The World's 50 Best Vineyards en su edición de 2024. “Arriesgar desde 1858 nos ha llevado a ser el mejor viñedo del mundo”, reza la publicidad. El término vineyard puede resultar equívoco. En realidad, este ranking creado en 2019 por la compañía de eventos y medios digitales William Reed al rebufo de su popularísimo The World's 50 Best Restaurants, concibe las bodegas como destinos turísticos. Riscal, sin duda, lo es. Con su pedigrí histórico y el hotel de voladizos de colores diseñado por Frank Gehry como grandes reclamos, atrajo a 95.000 visitantes en 2025.

Al presidente, Alejandro Aznar, que es también miembro del Patronato de la Fundación del Museo Guggenheim de Bilbao desde su creación de 1997, le gusta contar cómo consiguieron que el arquitecto canadiense accediera a llevar a cabo el proyecto. Simplemente, le dieron a probar un vino de 1929, su año de nacimiento; un gesto que, evidentemente, no está al alcance de cualquiera.
Aznar, que representa la mayoría accionarial en la compañía, es junto al enólogo Luis Hurtado de Amézaga, el único representante de las familias propietarias en el actual esquema directivo tras la jubilación de los responsables de las tres antiguas direcciones generales: Fernando Salamero (financiero y presidente del Consejo Regulador de Rioja entre 2017 y 2021), José Luis Muguiro (comercial) y Francisco Hurtado de Amézaga, que ha pasado el testigo de la enología y la producción a su hijo Luis. Los tres están presentes, no obstante, en el Consejo de Administración.

A la profesionalización de la gestión en la figura de Ricardo Diéguez, directivo curtido en L’Oreal, con un paso de casi tres años por García Carrión, y su nuevo equipo, se añade una intensa agenda de lanzamientos. 2026 será el año de Barón de Chirel. No solo se conmemora el 40 aniversario de su primera cosecha, 1986; también se restringe el uso de la marca a Rioja tras la presentación, a principios de año, de una versión blanca que sustituye a la que se elaboraba con viñedos prefiloxéricos en Rueda.
Cabernet, la excepción histórica
Barón de Chirel fue fruto del trabajo conjunto del entonces director general Luis Miguel Beneyto, y de Francisco Hurtado de Amézaga, quien se inspiró en el estilo de los longevos Reserva Médoc. Unos años antes, Hurtado de Amézaga había realizado nuevas plantaciones de cabernet con el material vegetal de una viña superviviente cultivada en suelo de arena junto al río. “Todo el cabernet que tenemos procede de esa parcela que arranqué yo”, recuerda.

El nuevo vino buscaba revertir una situación de relajación en el mercado tras la industrialización de Rioja en los años setenta, que trajo un aumento de la producción, la apertura a la exportación y la llegada de los grandes grupos jerezanos a la región. Considerado como el primer rioja moderno, o de “alta expresión” como se decía entonces, Barón de Chirel supuso un gran revulsivo para la denominación en su conjunto. La conexión francesa seguía ahí, gracias al asesoramiento de Guy Guimbertau, quien fuera mano derecha de Émile Peynaud. El propio Peynaud, que fue profesor de Hurtado de Amézaga en sus años de estudiante de enología en Burdeos, ayudó en la definición de los blancos afrutados de Rueda a comienzos de los setenta e impulsó la apuesta por la variedad verdejo.
En las fichas de cata de Barón de Chirel, la cabernet aparece convenientemente camuflada bajo el eufemismo “otras”. Su carácter de uva secreta, tolerada únicamente en Rioja en calidad de “variedad experimental”, hace que se guarde especial discreción sobre los porcentajes utilizados en cada ensamblaje. Esto, unido a su comportamiento irregular en el viñedo riojano, ha dado lugar a expresiones bien diferentes en el histórico de la marca.
Lo pudimos comprobar en una mini vertical de tres añadas organizada el año pasado por la bodega. Incluía un 2001, más apoyado en la acidez que en la estructura en una cosecha que se caracterizó por la potencia de sus taninos; un 2011 de claro perfil bordelés, con gran viveza, juventud y tensión; y un 2020 dominado por la tempranillo (la cabernet no llegaba al 7%), con poderío frutal (mora, ciruela), taninos firmes y redondos, pero algo marcado por el alcohol. El 2011 era el vino con un estilo más cercano a añadas viejas de la bodega que hemos tenido la oportunidad de probar en los últimos tiempos como 1925, 1945 o 1959. ¿Tendría sentido que Barón Chirel buscara siempre como elemento definitorio ese perfil de cabernet?

Luis Hurtado de Amézaga puntualiza que la variedad tiene problemas para madurar en añadas atlánticas: “No la utilizamos si tiene notas piracínicas”. Pero también reconoce que es una de las uvas que más se han beneficiado del cambio climático. De hecho, contar con más cabernet de calidad está permitiendo incluir pequeños porcentajes en el ensamblaje del Gran Reserva 150 Aniversario y, en algunas cosechas, incluso en el Gran Reserva estándar. Como ejemplo de añada fría probé un Chirel 2008 menos estructurado, pero sabroso y persistente, con la variedad bordelesa también muy reconocible en los toques de hojarasca y pimiento rojo asado. Y pude catar una muestra de cabernet perfectamente madura de la cosecha 2025, con profundidad, concentración frutal y aromas bien definidos a grosella y pimienta negra.
La revolución está en la viña
Las uvas de Barón de Chirel y de Tapias proceden de las terrazas altas de Elciego. Situadas muy por encima del nivel del río gracias a un profundo desnivel, son la joya de la corona de Riscal.

El viñedo de Tapias, de 16 hectáreas en la actualidad, entronca con una de las fincas originarias heredadas por Guillermo Hurtado de Amézaga de su hermana. El material vegetal de tempranillo, conservado mediante sucesivas selecciones masales, y siempre injertado sobre Rupestris de Lot, se caracteriza por su racimo poco compacto, hollejo grueso y grano crujiente. La última replantación, según Luis Hurtado de Amézaga, es de finales de los sesenta. El suelo tiene mayor contenido en arcilla y hierro que otras viñas de su entorno, lo que permite acumular reservas de agua de cara al verano. También hay una pequeña parte plantada con el cabernet histórico de la casa.
Las visitas profesionales suelen empezar en la bodega El Palomar, donde se vinifican las etiquetas de gama alta y se han desplegado mapas detallados que muestran los viñedos de los que se aprovisiona hoy Marqués de Riscal en Rioja. En el de la imagen inferior, donde se detallan los viñedos propios organizados por variedades, se ven las ubicaciones específicas de cabernets y gracianos, y la alta concentración de viñedo en las terrazas altas del Ebro —la mancha roja en la parte inferior izquierda del plano.

Otras representaciones se fijan en la edad y la calidad. Las mejores viñas, tanto si son propias como de proveedores, se denominan “pata negra”, como el jamón. No es una clasificación inamovible. Según explica Luis Hurtado de Amézaga, Leza, un municipio cuya uva se consideraba rústica hasta hace bien poco, está mejorando mucho su comportamiento con el cambio climático. En sentido contrario, se están dejando atrás viñas de los meandros del río que tenían la distinción de “pata negra”, pero en las que la planta sufre un calentamiento adicional por efecto del canto rodado de los suelos.
Todas las viñas se circunscriben a Rioja Alavesa, en un radio que va desde Samaniego hasta Laguardia, con mayor concentración en Elciego, Navaridas, Leza y Laguardia. Pese a haber incrementado notablemente su producción desde los años fundacionales, Riscal se ha mantenido fiel a un terruño específico.

El principal objetivo de este mosaico es obtener la calidad suficiente para alcanzar los alrededor de cuatro millones de botellas que se elaboran de Marqués de Riscal Reserva, el tinto central de la bodega, en una buena añada. En este contexto se entiende bien la compra a Pernod Ricard, en 2010, de las algo más de 300 hectáreas de Marqués de Arienzo, la antigua bodega de Domecq en Rioja. Este gran salto en superficie ha contribuido a situar el patrimonio vitícola actual de la bodega en casi 450 hectáreas. Sin embargo, parte de las nuevas adquisiciones no aportaron los resultados deseados. El último gran proyecto de Francisco Hurtado de Amézaga antes de su jubilación fue la puesta en marcha de un ambicioso programa de reinjertado que se ha aplicado a más de 100 hectáreas.
“El material vegetal lo cambia todo”, dice Luis Hurtado de Amézaga. “En viñedos anteriores a los años setenta, marca más la diferencia entre los pueblos que los propios suelos”. En su caso, la mayor parte del material vegetal que han utilizado para reinjertar procede de Tapias.

La bodega quiere trasladar ahora su exigencia en viña a los proveedores. No permitirán el uso de herbicidas a partir de 2026 e incentivarán este cambio financiando la compra de arados intercepas que permitan mejorar la estructura del suelo y recuperar microbiota. Otra propuesta que está sobre la mesa es financiar el reinjertado de 150 hectáreas de viticultores que se consideran de alto potencial cualitativo. La operación implica la pérdida de un año de cosecha, pero la recompensa es un precio para la uva. Según la bodega, frente a la tarifa básica de 0,80 €/kilo, la viña vieja se paga en torno a 1,65 €/kilo y las mejores parcelas “pata negra” a 2,50 €/kilo.
Estrategia de futuro
Ricardo Diéguez se mira en el espejo de grupos como Penfolds o Antinori que comercializan bajo el mismo sello vinos muy asequibles y referencias de prestigio mundial. Quizás esa sea también la lógica que explica el reciente lanzamiento de un espumoso elaborado por el método granvás con uvas de sauvignon blanc de sus viñedos de Rueda.
“No queremos ser una bodega grande, sino una gran bodega”, dijo Diéguez recientemente en un encuentro con la prensa. Citaba también la estrategia de Mercedes, una marca que ha sabido ampliar su base de clientes sin renunciar a su imagen de prestigio. La comparación, sin embargo, tiene sus límites. Marqués de Riscal, pese a su posicionamiento de mercado y peso histórico, no alcanza quizás el componente aspiracional de la compañía automovilística alemana.
De ahí que el lanzamiento de XR hace unos años buscara dar más peso a la gama alta y, sobre todo, ofrecer a la hostelería un reserva diferente, más seleccionado del que se podía encontrar en el canal de alimentación y criado en roble francés frente al uso de americano en el reserva estándar. “Si en el Reserva trabajamos por lotes, en el XR se catan todas las barricas”, explica Luis Hurtado de Amézaga. Se usan viñas viejas de Elciego, y suelen incluir algo de graciano en el ensamblaje. “Es una variedad que revive la mezcla”, añade el director técnico.

El tempranillo moderno de la casa, Finca Torrea, que se elabora con las viñas de alrededor de la bodega, se comercializa ahora como un vino de municipio de Elciego. Tiene todo el sentido que Riscal ponga más acento en el terruño. El enólogo Jean-Philippe Pélanne, que se ha incorporado recientemente al equipo técnico, comparte esta idea: “Riscal es una bodega mucho menos industrial de lo que imaginaba. Si ha tenido un defecto es que no ha comunicado que es muy tradicional. Nuestra identidad está en un radio de pocos kilómetros; no vamos a buscar uva al otro extremo de Rioja”.
Este año verá la luz Barón de Chirel 40 Aniversario. Tiene el sello de excelencia de la cosecha 2021, la garra de fruta y la frescura tensionada de la cabernet y una estructura firme que le augura un buen recorrido. Algo más maduro y cremoso, pero con perfil moderno al envejecer en roble francés y apostar por un estilo estructurado, 2026 también verá el relanzamiento del Gran Reserva. “Llamarse Marqués de Riscal Gran Reserva resulta bastante genérico; estamos trabajando en un nuevo nombre e imagen que tengan relación con la historia de la compañía”, explica Ramón Román, director de marketing y comunicación de la bodega. Todo apunta a una alusión a 1895, la fecha de la obtención del Diploma de Honor en la Exposición Universal de Burdeos.
Marqués de Riscal, no hay duda, quiere estar en el candelero. La entrada de Tapias en La Place de Bordeaux, aunque no sea el mejor momento para este gran mercado virtual, es toda una declaración de intenciones sobre el deseo de reconectar con su pasado. En el siglo XIX, la bodega vendía a través de los négociants bordeleses y Riscal fue el primer vino no francés en conseguir ese famoso Diploma de Honor.

Al frente de la bodega durante aquellos años estaba Juana Zavala y Guzmán, la viuda de Camilo Hurtado de Amézaga (1827-1888), hijo de Guillermo. A ella le tocó el duro trago de hacer frente a la filoxera, pero también tuvo la visión de registrar la marca a principios del siglo XX. La imagen que se recogió en ese momento en la Oficina Española de Patentes y Marcas lleva la malla metálica que buscaba evitar falsificaciones y que se suprimió definitivamente en 2014 por criterios de sostenibilidad.
No todo es para siempre, pero no hay duda de que la historia es el gran activo de Marqués de Riscal. El reto ahora es buscar las conexiones adecuadas con el pasado para construir el futuro.
Amaya Cervera
Periodista especializada en vino con más de 25 años de experiencia. Fundadora de Spanish Wine Lover y Premio Nacional de Gastronomía a la Comunicación Gastronómica 2023
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