Por fin el tiempo acompaña para disfrutar de tintos con cierto cuerpo. No hemos ido a buscar estilos particularmente tánicos que requieran el acompañamiento de platos muy consistentes, sino el carácter de uno de los pueblos con más identidad de Priorat, Porrera, interpretado por una bodega familiar con fuertes vínculos con este municipio.
Quizás, Sangenís i Vaqué no sea uno de los nombres que más suenen en la región, pero es una de las bodegas con una trayectoria más larga en la etapa moderna de la DOQ. Se fundó oficialmente en 1982 para dar salida a los viñedos que Pere Sangenís y su mujer Conxita Vaqué empezaron a plantar en los años setenta. Él aportaba las fincas heredadas por línea materna y ella la bodega de su abuelo, situada en la plaza principal del pueblo. Desde el principio, se plantearon elaborar tintos de guarda, demostrando tener una confianza ciega en el potencial de la zona y la calidad de sus uvas. Sus marcas Coranya y Clos Monlleó salen al mercado ocho, diez o más años después de la fecha de cosecha.
La segunda generación, integrada por las hermanas Núria y María y el marido de esta última, Roger Simó, han introducido nuevos vinos pensados para un consumo más inmediato, incluido un blanco, pero sin descuidar los grandes tintos de guarda de los que también se venden añadas antiguas. Otro objetivo importante ha sido la conversión del viñedo a agricultura ecológica, con todas las viñas certificadas desde 2022.
Una de las actualizaciones más interesantes en la gama de vinos ha sido Vall Por, un tinto de un año de crianza en barrica que incluía variedades internacionales y que ha pasado a apoyarse únicamente en las dos uvas tintas centrales de la zona, cariñena y garnacha, y a comercializarse como vi de vila (vino de pueblo) de Porrera.
Además de limitar el origen de la uva al municipio que se indique en la etiqueta, la categoría de vi de vila exige que el 90% de la uva proceda de viñas de más de cinco años y, en el caso de vinos tintos, rendimientos máximos de 5.000 kg/ha y que el 60% del ensamblaje sea cariñena y/o garnacha negra, peluda y/o picapoll.
En Vall Por tiene más peso la cariñena, que llega al 60%. Esta uva de ciclo largo, emblemática de Porrera, es capaz de madurar lentamente gracias a las condiciones más frescas del municipio debido a la altitud y a la influencia de la garbinada, el viento húmedo que viene del mar. Para su elaboración se utilizan parcelas de más de 35 años situadas en las zonas más altas. El vino envejece durante un año en barricas de tercer uso. El nombre es particularmente adecuado, ya que Vall Por, que quiere decir valle del miedo en catalán, es el antiguo nombre de Porrera.
Es un tinto fragante, con fruta negra, toques de regaliz negro y notas de hierbas mediterráneas (tomillo, romero). Amplio y jugoso, combina una cierta rusticidad con ese toque oscuro y profundo que asociamos a los suelos de pizarra. Con el alcohol muy bien integrado (nadie diría que tiene 15% vol.), ofrece una excelente relación calidad-precio para la zona.
15% vol.
18,50 €
Entr 5.000 y 7.000 botellas
Puntuación: 92
Amaya Cervera
Periodista especializada en vino con más de 25 años de experiencia. Fundadora de Spanish Wine Lover y Premio Nacional de Gastronomía a la Comunicación Gastronómica 2023
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