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Incertidumbre en Gredos ante el mayor incendio forestal de España

"Desolación", "tristeza" y "horror". Son las palabras que más repiten vecinos, viticultores y productores de Ávila y Madrid para describir el impacto de unos incendios que ya constituyen la mayor tragedia forestal registrada en España. Más de 70.000 hectáreas han ardido y cerca de 90.000 personas han sido evacuadas o confinadas.

Con el incendio de Burgohondo (Ávila) todavía sin extinguir, más de 45.000 hectáreas calcinadas en la provincia, y la nueva ola de calor —la cuarta del año— la preocupación no desparece. "De momento nadie canta victoria. Si se levanta viento, se puede quemar lo que ha quedado", explican Doreen Auerbach y Cristian Martín, de Vino y Se Quedó, microviticultores artesanos que cultivan un par de parcelas en Cebreros.

La Denominación de Origen Cebreros aún no dispone de una evaluación oficial de daños porque muchos viticultores no han podido aun acceder a sus fincas. Sin embargo, el impacto paisajístico y turístico —la provincia registró 143.011 visitantes de turismo rural el año pasado, casi un 14% más que en 2024— ya se da por hecho y la preocupación se centra ahora en la vendimia de 2026. "Tenemos miedo por la cosecha de este año porque hay mucho humo y mucha ceniza. La experiencia de los incendios de 2021 y 2022 nos dice que no son factores positivos, y además esta vez la magnitud es mucho mayor", señala Marta Burgos, directora técnica de la DO Cebreros.

A falta de un balance oficial, lo que sí se conocen son los testimonios de algunos productores como Bernabeleva, en San Martín de Valdeiglesias, una de las bodegas afectadas. Aunque ayer su propietario, Juan Díaz Bulnes, todavía no había podido acceder a todas las parcelas, un bombero forestal le confirmó la destrucción de una finca con albillo, garnacha y olivos, además de Carril del Rey, el viñedo del que nace una de sus garnachas parcelarias.

"Al menos Viña Bonita, que cumplió 100 años el año pasado, parece que se ha salvado", comenta. "Teníamos previsto vendimiar el albillo el jueves, pero ni siquiera sabemos si queda uva. Tenemos más de 50 parcelas y todavía está por ver qué podremos salvar."


Las llamas también alcanzaron las instalaciones de la bodega (foto superior). Las cajas de vendimia preparadas para la campaña acabaron fundidas por el calor, aunque actuaron como barrera frente al fuego. La prensa se ha salvado, pero la despalilladora ha sufrido daños y parte de las oficinas quedó calcinada. "Ahora esperamos las instrucciones del seguro. Si conseguimos restablecer el agua y la electricidad, elaboraremos todo lo que podamos”.

Los daños han alcanzado también a algunos de los viñedos históricos de la zona. Según informó Amanda Barnes en The Drinks Business se ha quemado parte del viñedo San Gregorio, propiedad de Adrianna Catena, Alejandro Vigil y Gearóid Lane, socios de El Reventón. La parcela, con algunas cepas centenarias plantadas en la década de 1920, ha sufrido importantes daños. Lane reconocía al medio británico que el equipo está "desolado", aunque mantiene su compromiso con Gredos. Entre las pérdidas confirmadas figura asimismo uno de los viñedos de Chuchi Soto, fundador de Soto Manrique y gerente de la cooperativa local, que todavía espera poder evaluar el estado del resto de sus fincas.

Solidaridad con los afectados

Pese a las pérdidas, Díaz Bulnes destaca la respuesta solidaria del sector. Antes incluso de conocer el alcance de sus propios daños, varios elaboradores de Gredos le ofrecieron uva e instalaciones para poder sacar adelante la cosecha. También Prado Rey, en Ribera del Duero, se ha puesto a su disposición y la enoteca Masketa, en San Sebastián, ya prepara una cata solidaria para septiembre.

Esa solidaridad tiene nombres propios. Uno de ellos es Rubén Díaz, de Viñadores de Gredos, que ha ofrecido a Bernabeleva parte de las 12,5 ha de viña que cultiva entre Cebreros y San Bartolomé de Pinares. Las parcelas de albillo situadas en el sur de Cebreros, explica, han resultado prácticamente arrasadas. También gran parte de las de chaselas, base de su vino Doré. "Por suerte, las garnachas están bien. En la zona de pizarra, al norte del pueblo, el fuego no llegó a las viñas", asegura Díaz, que vio como el fuego se acercaba a 100 metros de su bodega en Cebreros.

Su preocupación se extiende también a muchos socios de la cooperativa. "Hay viticultores cuya economía dependía de la venta del albillo para cubrir los gastos del año, pero ahora mismo esa fuente de ingresos está en el aire." Díaz, que vive en Cebreros, nos cuenta el ambiente que hay en el pueblo: “hay una sensación de desasosiego, huele a quemado y el humo apenas deja ver el sol. Además, al cambiar el viento a sur, se han quemado islas de vegetación que habían librado hasta ahora”.

Como muchos vecinos, agradece el trabajo de los equipos de extinción, pero considera que la tragedia obliga a replantear la gestión forestal. "Hay que cambiar los protocolos, invertir más en gestión del monte y reducir la burocracia. Los desbroces y las quemas controladas están tan regulados que mucha gente acaba renunciando a hacerlos." (Foto inferior de Indiano)


La calidad de la uva, la gran incógnita

No todos los proyectos han sufrido daños directos, aunque prácticamente ninguno escapará a las consecuencias del incendio.

En Pegaso, el proyecto de Telmo Rodríguez en Gredos, el fuego solo ha afectado al viñedo de La Manca, donde las llamas sí quemaron el pinar que rodea la parcela. Como en muchos otros casos, el mantener el perímetro de la viña limpio de vegetación evitó daños mayores y únicamente las cepas en los bordes presentan quemaduras en hojas y pámpanos por las altas temperaturas. Los viñedos de pizarra y granito permanecen intactos, aunque desde la bodega advierten de que "el humo, las cenizas y las altas temperaturas condicionarán la vendimia y la elaboración de estas parcelas".

También Indiano ha conseguido salvar la mayor parte de su patrimonio vitícola, aunque por muy poco. "Estamos devastados, y eso que somos de los últimos en llegar a la zona", afirma Charly Gotchac, que dirige el proyecto junto a Maca Nogara.


El fuego llegó a apenas 100 metros de la bodega en Cebreros. Algunas parcelas sufrieron daños en los bordes y en otras las llamas quemaron el entorno (imagen de su viña en Cebreros), pero se detuvieron al encontrar los viñedos limpios de vegetación.

La mayor incógnita ahora, aseguran desde Indiano, está en la calidad de la uva. "Creo que la influencia del incendio dependerá mucho del estado de maduración. No será igual una albillo, prácticamente lista para vendimiar, que una garnacha, que acaba de iniciar el envero y ha recibido menos impacto del humo y del calor". Por ese motivo, Indiano ha decidido vinificar todas las parcelas por separado. "Queremos seguir la evolución de cada mosto y de cada vino. Si no aparecen notas de humo, decidiremos después en qué ensamblaje puede encajar. Afortunadamente, las cepas directamente afectadas son pocas".

En Burgohondo, Emmanuel Campana, de Domaine Dexaie, también ha vivido el incendio en primera persona. "Lo hemos pasado fatal. Tuvimos que abandonar nuestra casa y Maca y Charly nos acogieron durante la evacuación. Al volver a la bodega de Navaluenga el panorama era mejor de lo que esperábamos. Hay muchísima montaña quemada, pero por suerte todavía queda bosque verde. Y, sobre todo, el fuego se detuvo antes de entrar en nuestras viñas de Navarrevisca." 

Cultivar es cuidar

Fernando García, de Comando G, pudo acceder por fin ayer a sus viñedos del Alto Alberche y hoy a los del Tiétar. El balance, aunque mejor de lo que temían, deja pocas dudas sobre el impacto que tendrá el incendio en la cosecha.

En Las Rozas de Puerto Real, donde nace Las Umbrías, el fuego no se acercó a las viñas. En el Alto Alberche, en Villanueva de Ávila, donde el envero aún no ha comenzado, la preocupación también es menor. En cambio, en El Tiemblo, rodeado por un bosque de pinos completamente calcinado, el humo y los focos todavía activos hacen inevitable que el incendio pase factura a la vendimia. "Se ha salvado el 90% de la viña, aunque teníamos miedo porque trabajamos con cubierta vegetal dentro de un manejo regenerativo", explica García. Aun así, destaca que el perímetro de unos 100 metros que mantienen limpio alrededor de las parcelas ayudó a contener el avance de las llamas.

La mayor pérdida será, previsiblemente, Las Iruelas, su único vino de suelo de pizarra. El co-propietario de Comando G da prácticamente la añada por perdida por el efecto del humo, una situación que ya vivieron tras el incendio de Cadalso de los Vidrios en 2019. "Sabíamos que iba a ser una cosecha corta por el mal cuajado, alrededor de un 50% menos. Perder Las Iruelas, unas 3.500 botellas, supone un golpe importante porque es uno de los vinos que ayudan a sostener los salarios de nuestros 16 trabajadores”.

Más allá del impacto económico, reconoce que el incendio ha reabierto una herida todavía reciente. "Ha sido más virulento que el de Cadalso, pero ver el fuego tan cerca, a los bomberos y todo cubierto de humo nos devuelve a aquellos días negros". A su juicio, las consecuencias trascienden el viñedo y afectan al conjunto de la comarca. "Es una desgracia medioambiental, paisajística y turística".


Su experiencia de los últimos años le lleva también a una conclusión que comparten muchos viticultores de todo el país. "Estos incendios demuestran una y otra vez que las viñas cuidadas no solo se suelen salvar sino que son los cortafuegos más efectivos." Para García, el abandono del medio rural, la desaparición progresiva de la ganadería extensiva, el aumento de la masa forestal y el cambio climático están detrás de incendios cada vez más devastadores. "Es necesario cuidar el sector primario, y eso lo decidimos todos en nuestro día a día con lo que compramos."

Tras el incendio de Cadalso en 2019, Comando G impulsó junto a otros viticultores del pueblo una petición a la Comunidad de Madrid para recuperar el paisaje mediante la reforestación con especies autóctonas, la recuperación de viñedos históricos y la reconstrucción de muros de piedra seca. Parte de aquellas actuaciones llegaron a ejecutarse —unas 700 hectáreas fueron reforestadas con encinas y robles y, según García, la limpieza de los montes ha mejorado tanto en Madrid como en Ávila—, pero cree que es necesario ir más allá. De ahí que en breve, y junto con Juanan Martín (Rico Nuevo) y otros productores de Gredos, volverán a trasladar a las administraciones varias propuestas como subvencionar la limpieza de los montes (ahora solo lo está para propietarios con más de 30 hectáreas de bosque), apoyar la plantación de viñedo de montaña y recuperar los tradicionales muros de piedra seca. “Cultivar es cuidar”, resume García.

Firma

Yolanda Ortiz de Arri

Periodista con más de 25 años de experiencia en medios nacionales e internacionales. WSET3, formadora y traductora especializada en vino