El columnista de Decanter y The World of Fine Wine, Andrew Jefford, es uno de los escritores de vino más respetados y transparentes. Desde 2011 hace públicos sus ingresos y, desde 2013, además, los segmenta por partidas: periodismo, consultoría, catas y jurado en competiciones de vinos, derechos de autor, conferencias, guía en regiones vinícolas y fotografía. En poco más de 10 años, sus colaboraciones periodísticas han pasado de representar casi el 45% de sus ingresos a apenas el 25% en 2025, con mínimos significativos en 2023 (16%) y 2024 (19%).
Hace unos días, se hacía eco de estos datos Amanda Barnes MW, escritora y comunicadora especializada en los vinos de Sudamérica y editora de The Circle, la publicación online del Circle of Wine Writers, asociación internacional de escritores de vinos de la que tanto Yolanda Ortiz de Arri, editora de la versión inglesa de SWL, como yo formamos parte.
En su último número, centrado en la supervivencia de la profesión, Jefford confesaba a Barnes que, teniendo en cuenta la inflación, gana la mitad de lo que ingresaba en el año 2000. “Quienes quieran hacer carrera en esto deberían replanteárselo, a menos que cuenten con otras fuentes de ingresos”, aconsejaba.
La propia Barnes escribía sin tapujos sobre su experiencia: “Desde mis inicios en el periodismo, recuerdo haber escrito gratis. Aceptaba realizar trabajo no remunerado para adquirir experiencia, construir un portafolio propio e ir abriéndome paso en nuevas publicaciones. El problema es que, con lo que se paga actualmente, sigo haciendo parte del trabajo gratis”. Barnes dista mucho de ser una periodista del montón. Flamante Master of Wine desde 2025, autopublicó The South America Wine Guide en 2021 y en 2024 ganó el premio 67 Pall Mall a la mejor comunicadora global de vino.
En su editorial concluye que el futuro de la profesión ya no está en el periodismo y los ingresos que pueda generar escribiendo, sino en la experiencia, la credibilidad y la audiencia que se va construyendo al cabo del tiempo.
La crisis de 2008 y la llegada de Internet
¿Cómo se ha llegado a esta situación objetivamente injusta? Es evidente que los honorarios actuales no compensan el tiempo y esfuerzo dedicado al trabajo de campo (visitas a productores y regiones vinícolas), la búsqueda de documentación, la realización de entrevistas para cotejar distintos puntos de vista y, finalmente, la síntesis y contextualización desde una perspectiva que aporte y con una redacción preferiblemente atractiva.
A los profundos cambios que han sufrido los medios de comunicación desde la llegada de Internet, se sumó la crisis de 2008. La publicidad dejó de caer del cielo, los ingresos online no compensaban las pérdidas del papel y tocó apretarse el cinturón.
Por esas fechas, muchos periódicos generalistas británicos prescindieron de sus columnistas de vinos o limitaron significativamente el espacio dedicado a esta bebida reduciéndolo a someras recomendaciones. Aunque con excepciones notables, como Jancis Robinson, que sigue al pie del cañón en el Financial Times y acaba de publicar un artículo sobre cómo ha visto cambiar el vino en 50 años de profesión, Internet permitió a muchas voces, unas más autorizadas que otras, crear su propios blogs o plataformas e interactuar directamente con los lectores y aficionados.
En 2008, Mike Steinberger, entonces columnista de vino de Slate, escribió un artículo en The World of Fine Wine bajo el título: Everyone a critic. The future of wine writing (Todos críticos. El futuro del periodismo de vino). En él anunciaba el ocaso de la era Parker (juzgaba imposible que se repitieran las circunstancias para que un crítico alcanzara semejante influencia) para dar paso a un panorama mucho más fragmentado y ruidoso en el que “cualquier amateur con un ordenador y acceso a Internet puede compartir sus autoproclamados conocimientos con el mundo”. Pero esta democratización también ha contribuido a dar más voz a los consumidores. El mejor ejemplo en este sentido es Cellar Tracker, un software de gestión de bodega que se ha convertido en la mayor base de datos de catas de vino y en una activa comunidad de aficionados unida por una pasión compartida.
Steinberger también apuntaba tendencias como la especialización, a medida que el mundo del vino se hacía más amplio, y la aparición de voces singulares, como Jamie Goode, respaldada por su formación científica, o Alice Fearing, reconocida por su defensa de los vinos naturales. Ambos están detrás de blogs de éxito.
En cuanto a las revistas especializadas, la mayoría de las que aún existen como Wine Spectator en Estados Unidos o Decanter, en Reino Unido, cuentan con plataformas digitales e importantes fuentes de ingresos adicionales como eventos o concursos de vinos.
El made in Spain
La prensa generalista española nunca valoró demasiado el vino ni contó con columnistas especializados. La mayor parte de las colaboraciones se limitaban a meras recomendaciones de vinos, como las que el importador y distribuidor Quim Vila firmó durante muchos años en El Periódico de Catalunya. Por su parte, El Mundo se benefició de la figura siempre inquieta de Víctor de la Serna para crear el portal online elmundovino, que marcó toda una época en la divulgación y la crítica de vinos en España y contribuyo a crear afición —Luis Gutiérrez, el actual catador para España de The Wine Advocate escribió aquí sus primeros artículos. En La Vanguardia, Ramón Francàs puede presumir de ser el único periodista español especializado que aún hoy está en la plantilla de un medio generalista. En mi caso, la sección Historias de vinos en El País Semanal me permite abordar y desarrollar un tema que luego acompaño con tres recomendaciones que no son el eje del artículo, sino una consecuencia del mismo.
En prensa especializada, la debacle ha sido importante. Una particularidad de nuestro mercado es que, a diferencia del Reino Unido o Estados Unidos, los grandes grupos editoriales nunca apostaron por el vino. La mayor parte de las publicaciones especializadas nacieron en el seno de empresas del sector. Lo corrobora la experiencia de Andrés Proensa, fundador de la guía que lleva su nombre y de la revista Planetavino, una de las publicaciones en papel más interesantes que aún sobreviven en el mercado. Proensa fue el primer director de Vinos de España, publicación, que se editó entre 1996 y mediados de los 2000 gracias a una iniciativa de profesionales que procedían de G+J, filial de grupo editorial alemán del mismo nombre, integrado en el gigante de la comunicación Bertelsmann. La distribución corría a cargo de G+J, pero no la publicación porque, según Proensa, “en esa época, a los alemanes no les interesaban publicaciones de menos de 60.000 ejemplares”. En sus mejores tiempos, Vinos de España llegó a tirar 12.000 ejemplares. Las cifras del mercado editorial español siempre fueron bastante limitadas, por debajo incluso de nuestro vecinos portuguesas, cuyas publicaciones de vinos se han mostrado más resilientes.
Hace un par de años, José Peñín, creador de la Guía Peñín, pasó revista al histórico de publicaciones de vino que se han sucedido en España. En otro artículo hablaba de la suya, Sibaritas, que nació como suplemento trimestral de la revista masculina Futuro, y luego se editó desde la Guía Peñín. Para mí fue una grandísima escuela: me formé en el mundo del vino y llegué a ser redactora-jefe. Por eso sentí mucho su cierre en 2009. Entonces trabajaba en Todovino, a donde llegué en 2004 para crear una revista online. Era el signo de los nuevos tiempos, aunque, paradójicamente, la empresa no sobrevivió a los efectos de la crisis.
El último cierre sonado, en 2024, fue el de Sobremesa, revista de vino y gastronomía adscrita al club de vinos Vinoselección y donde también fui colaboradora durante varios años. Una de las primeras decisiones que tomó la bodega riojana Cvne tras adquirir la compañía fue prescindir de la publicación.
A medida que la prensa especializada ha ido perdiendo fuerza, “el patio competencial está cubierto con revistas como Tapas, Gentleman, Esquire y, en general, las de life style, en las que el vino ocupa una pequeña parcela de sus páginas”, sentenciaba Peñín en su artículo. Lo que ocurre con muchas publicaciones, tanto online como impresas, y con una parte importante del contenido que se publica en redes, especialmente en Instagram, es que hay mucha publicidad encubierta en las recomendaciones. Falta una diferenciación clara entre el contenido editorial y el de pago.
En los últimos años, la necesidad de generar gran cantidad de contenido para atraer tráfico y clickbaits ha hecho que aumenten los artículos sobre vino en las ediciones digitales de diarios y revistas generalistas. Nuevas narrativas y movimientos que apelan a un público más amplio como el vino natural, el cambio climático o, simplemente, la creciente diversidad de la oferta, también han ayudado. En este escenario, nacen apuestas como la de grupo Vocento (ABC, El Correo y numerosos diarios regionales) que ha adquirido dos ferias gastronómicas de relevancia como Madrid Fusión y San Sebastián Gastronómica y ha reforzado la cobertura de gastronomía y vinos de El Correo con el suplemento Jantour. Algo similar ocurre con El País Gastro, creado en 2023 para agrupar e impulsar los contenidos de gastronomía, recetas, restaurantes y bebidas del diario.
Monetización
Aquí regresamos a la casilla de salida. ¿Cuánto puede ingresar un periodista por publicar en alguno de estos medios? En el online, en España, se paga entre 50 y 150 € por pieza. No es extraño que una mayoría de periodistas especializados nos veamos obligados a encontrar otras maneras, complementarias o no, de ganarnos la vida como la comunicación corporativa, la asesoría, impartiendo catas o formación. Esto, inevitablemente, acaba generando conflictos de interés, por lo que lo más honesto sería seguir el ejemplo de Jefford y ser transparente, si no sobre los ingresos, sí al menos sobre las actividades profesionales que se realizan.
Que algunos periodistas, por otro lado, no traguen con ciertas tarifas de derribo abre el hueco en los medios a nuevos colaboradores como sumilleres, formadores o enólogos que, al contar con otras fuentes de ingresos estables, aceptan la baja remuneración a cambio de ganar visibilidad, notoriedad y en no pocos casos, una dosis de ego profesional. ¿Mejora esto la calidad de los contenidos? No necesariamente. Para los periodistas que generan una parte importante de sus ingresos con sus textos no es fácil dedicar tiempo a profundizar cuando la carga de trabajo aumenta y la remuneración apenas compensa el esfuerzo. Quienes llegan de otros ámbitos no siempre tienen habilidades comunicativas. Y hay una tercera pieza, habitual en la prensa seria al menos hasta 2008, que se está perdiendo por el camino: la edición, ese trabajo invisible que depura y da forma a los contenidos antes de publicarlos.
¿Hacemos falta los periodistas especializados en vino? Probablemente sea una pregunta a la que tienen que contestar los aficionados y quienes valoran la información sobre vino y todo lo que lo rodea: cultura, paisaje, historia, personas, mercados, innovación, consumo y tendencias. La segunda parte es cuántos están dispuestos a pagar por contenidos de calidad en un mercado cada vez más saturado de lecturas de todo tipo. Algunos llevan tiempo haciéndolo, subscribiéndose a publicaciones especializadas como Jancis Robinson, The Wine Advocate o Guía Peñín para tener acceso a sus catas.
Hoy, Substack se ha convertido en una de las principales plataformas para monetizar contenidos, al facilitar la autopublicación, el envío de newsletters y el contacto directo entre autores y lectores. La reciente creación de una categoría específica, Wine & Spirits, ha dado mayor visibilidad a estos contenidos.
En Substack conviven nombres muy conocidos como Lettie Teague, la que fuera columnista de vino de The Wall Street Journal, Dave McIntyre, su homólogo en The Washington Post, o la reina del vino natural Alice Feiring, con voces frescas como Felicity Carter, la ex redactora jefa de Meininger's Wine Business International, que escribe incisivamente sobre los lobbies antialcohol o la innovación en el sector, o nuestro colaborador Noah Chichester, que derrocha pasión por los vinos de Galicia y que este año fue finalista de los premios 67 Pall Mall.
La regularidad en las publicaciones y la capacidad de desarrollar una voz propia son fundamentales para ganar visibilidad en un entorno cada vez más concurrido. Miquel Hudin, escritor americano afincado en Cataluña y presente en Substack, ha escrito recientemente sobre la evolución de las publicaciones de vinos en la plataforma: “Parece que, durante el último año, casi todo el mundo que escribe sobre vino (o sobre prácticamente cualquier cosa en el mundo) ha decidido intentar abrirse paso entre el caos y ganar algo de dinero directamente de los lectores”. Para él, no es una solución mágica que pueda resolver todos los problemas a los que se enfrentan los escritores y periodistas, sino “un buen complemento y una herramienta adicional en un mundo verdaderamente disparatado”.
¿Qué cambia la IA?
Hay una última amenaza que se cierne sobre el periodismo de vino y la escritura en general, y que parece capaz de cambiarlo todo. Además de producir gran cantidad de contenido de manera rápida y barata, la IA está alterando totalmente la manera de escribir. Solo hay que darse una vuelta por Instagram y Linkedin, o leer con cierto detenimiento los contenidos que se publican en algunos medios. De momento resulta bastante más irritante que brillante, aunque parece tener mucho margen de mejora.
Hay dos elementos particularmente molestos. Su capacidad para generar una larga perorata sin apenas sustancia y la ausencia de capacidad crítica. A esto se suma el tono, generalmente mucho más publicitario que periodístico.
La comidilla de los últimos días ha sido el artículo ganador en la categoría de textos cortos de la tercera edición de los premios 67 Pall Mall, los más prestigiosos para la comunicación vinícola internacional, ante las sospechas generalizadas de que ha sido generado por IA.
Evidentemente, la IA es una gran aliada de los periodistas a la hora de organizar grandes volúmenes de información, transcribir entrevistas, sistematizar tareas o buscar puntos de vista diferentes, pero si dejamos que tome las riendas de la escritura será como hacernos el harakiri. Algo que todavía nos distingue a los humanos de la IA es nuestra capacidad para transmitir vivencias propias a partir del conocimiento y el bagaje acumulados.
Quizá la mejor manera de reivindicar el sentido y el valor del periodismo del vino sea recordar las palabras del crítico del New York Times, Eric Asimov, a Spanish Wine Lover: "Siempre has de tener presente cuál es tu papel". Porque, como él mismo explica, la misión del periodista no es vender vino, sino "inspirar a la gente a que descubra el placer del vino”.
Amaya Cervera
Periodista especializada en vino con más de 25 años de experiencia. Fundadora de Spanish Wine Lover y Premio Nacional de Gastronomía a la Comunicación Gastronómica 2023
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