A quienes no sabíamos que sufría un cáncer, el fallecimiento, a los 61 años, del fundador de Bodega Contador el pasado 17 de agosto nos produjo una fuerte impresión. Nacido en San Vicente de la Sonsierra (La Rioja), Benjamín Romeo ha sido una de las figuras más importantes en la configuración del rioja moderno.
Forma parte de esa generación de enólogos y productores, junto a Marcos Eguren, Miguel Ángel de Gregorio o Juan Carlos López de Lacalle, que revolucionó la región en las décadas de los 90 y los 2000. Con López de Lacalle se inició en Artadi, bodega de la que fue director técnico hasta el año 2000, cuando decidió centrarse en su propio proyecto.
A diferencia de la mayoría de sus coetáneos, Romeo construyó primero sus etiquetas más altas de gama. Empezó con La Cueva del Contador en la cosecha 1996, un auténtico vino de garaje elaborado en una de las viejas cuevas del barrio de bodegas de San Vicente de la Sonsierra. Estaba situada a los pies de la torre del reloj del castillo, donde antiguamente se solía almacenar, contar (esa tradición inspiró su marca más conocida) y vender el vino. 1999 fue la primera añada de Contador, su tinto más icónico, que se posicionaría rápidamente entre los mejor valorados de Rioja.
Vinos de guarda
La consagración internacional llegó con dos calificaciones consecutivas de 100 puntos a las cosechas 2004 y 2005 por parte de The Wine Advocate. Era la época de mayor predicamento de la publicación estadounidense, cuando Jay S. Miller estaba a cargo de la cata de vinos españoles. Su fundador, el influyente crítico Rober Parker Jr., ya había dado 98 puntos a las cosechas 2000 y 2001. Sobre la 2000, la primera reseñada por la revista, escribió: “Magnífico pese a su precio desorbitado [en 2003 se vendía a 260 dólares en Estados Unidos; hoy, alcanza 430 dólares, mientras que en España cuesta unos 400 €]. Contador es un tempranillo de viñas viejas (60 a 80 años) con rendimientos tremendamente bajos que se comercializa sin filtrar ni clarificar. Quien consiga hacerse con una botella tendrá un vino que roza la perfección”. The Wine Advocate ha seguido concediendo altas puntuaciones a los vinos de Romeo. Las añadas mejor valoradas por el actual catador de vinos españoles, Luis Gutiérrez, han sido 2016 y 2018, ambas con 98 puntos.
Contador 2016 fue uno de los vinos elegidos para la cena de gala del centenario de Rioja celebrada a principios de año. Expresivo y poderoso, pero muy lejos aún de su plenitud, mostró la lenta evolución que caracteriza a los vinos de Romeo.
Según Alberto Fernández Bombín, su distribuidor de Madrid desde los inicios del proyecto, los vinos de guarda de Romeo suelen experimentar una fase inicial muy expresiva, casi floral, durante sus dos primeros años de vida; atraviesan luego un periodo de cierto hermetismo y, al cabo de unos años, vuelven a abrirse con fuerza.

La última aparición pública de Romeo fue una cata vertical de Contador celebrada en el restaurante Etxebarri (Axpe, Bizkaia) en julio de este año junto a su familia y profesionales y colaboradores cercanos, en la que se puso de manifiesto la longevidad de sus vinos. Se probaron 11 añadas de Contador, desde la cosecha inaugural de 1999 a la 2025 que se está vendiendo actualmente a la avanzada. Según Josep Roca, sumiller y copropietario del Celler de Can Roca, la sensación borgoñona, “con energía, potencia y frescura” fue el denominador común de la cata, junto con elementos recurrentes como “el fondo viscoso” o “la textura cálida del terciopelo”. Roca ve los vinos como una extensión de la arrolladora personalidad de Romeo: “Persistirán en las próximas décadas, descubriendo su estilo potente, estirado y con la memoria de la seda”.
Todo un carácter
Benjamín Romeo fue un productor tremendamente puntilloso y perfeccionista. Directo y muy poco dado a las formalidades, controlaba obsesivamente todas las fases del proceso de producción, desde la viña a las presentaciones de sus vinos.
En un artículo de SWL sobre la cosecha 2018 nos hicimos eco de su técnica de “doble vendimia”, que incluía una primera recogida de uvas que vendía a terceros y una segunda unas dos semanas después de los pocos racimos restantes que, tras liberar de carga a la planta, habían madurado perfectamente. “De los 320.000 kilos que saco en 50 hectáreas, a mis vinos van menos de la mitad. Si quiero conseguir una buena Cueva del Contador solo puedo dejar tres racimos por planta: los más bonitos y lo que no vayan a tener problemas para madurar”, nos decía entonces.
Para Patxi Fernández, su amigo de infancia de San Vicente y director comercial de la bodega desde los inicios, “Benjamín fue un pionero y un visionario”. Le describe como un hombre de personalidad muy marcada. “Era o todo o nada. Tenía carácter para todo”, recuerda.
Quim Vila, de la distribuidora Vila Viniteca, lo veía ante todo como “una persona con ilusiones y grandes proyectos entre manos”. Según relata Andrés, el hijo de Romeo, mantuvo ese mismo espíritu hasta el último momento, dando el visto bueno para instalar cámaras en la bodega de manera que pudiera seguir la vendimia desde el hospital e incluso haciendo planes para trasladarse en furgoneta cuando, debido a la enfermedad, perdió la movilidad del tren inferior. “Ha sido un hombre valiente, luchador, generosísimo y muy buena persona”.
A lo largo de su carrera, Romeo dedicó un vino a su padre, con el que aparece en la foto inferior (e implícitamente a su hijo), La Viña de Andrés Romeo; otro a su madre, Carmen, para la que buscó el clasicismo de un gran reserva; y su último lanzamiento, Alma, que se comercializa a través de La Place de Bordeaux, a su hija que tiene ahora 10 años.

Poner San Vicente en el mapa
Además de una referencia de estilo y calidad, Benjamín Romeo ha sido una fuente de inspiración para las nuevas generaciones de productores riojanos. “Una de las cosas más importantes que hizo fue demostrar que desde un pueblo pequeño como San Vicente de la Sonsierra, con tus propias viñas, con parcelas pequeñas y haciendo las cosas de una manera muy personal, podías llegar muy lejos y conseguir que tus vinos fueran reconocidos en todo el mundo”, señala Miguel Eguíluz, de Bodegas Cupani.
“Ayudó a dar valor las viñas del pueblo y a mostrar que no éramos una zona más dentro de Rioja, sino que aquí había suelos y lugares con una identidad propia y con capacidad para hacer vinos importantes. En esto ha sido un gran referente para los que hemos venido después”, añade.
No es casualidad que San Vicente se haya convertido en una de las mayores concentraciones de grandes bodegas de Rioja o que Vega Sicilia apostara por el municipio como eje central para la compra de viñedo en la región. Junto a productores hace tiempo consagrados como Sierra Cantabria o Abel Mendoza, el municipio es hoy un hervidero de jóvenes talentos: el propio Miguel Eguíluz, José Gil y Vicky Fernández (Vignerons de la Sonsierra), Jade Gross, Eduardo Eguren... Benjamín Romeo también contribuyó a dar a conocer los nombres y las características de los parajes donde cultivaba sus uvas. Muchos periodistas oímos de su boca por primera vez nombres como El Bombón o Gallocanta.
Uno de los regalos de Romeo para su pueblo fue la apertura del bar de vinos La Tercera Estación, donde no era raro verle en la barra. Era el único sitio, por ejemplo, donde se podía probar el rosado A Mi Manera. Pero quería que su gran legado para San Vicente fuera el Llano de la Madera (en la imagen inferior). En este paraje virgen situado a 700 metros de altitud, con excelentes aptitudes para hacer frente al cambio climático, adquirió algo más de 20 hectáreas y realizó nuevas plantaciones con selecciones masales de las variedades blancas y tintas que más utilizaba en sus vinos. “Decía que era una deuda que tenía con el pueblo, porque si él se había podido valer de viñedos viejos de gran calidad era porque alguien los había plantado y mantenido; por eso quería poner en marcha un proyecto de futuro, aunque él no pudiera verlo”, explica su hijo Andrés, de 27 años.

“Estaba totalmente emocionado con esta viña de montaña. Llevaba años hablando de ello”, recuerda Quim Vila, quien recorrió el paraje con él en su última visita a bodega. Romeo tenía previsto elaborar el primer vino de estas viñas en la cosecha 2027.
Una nueva etapa
Su fallecimiento plantea también la continuidad de proyectos de gran calado fuertemente vinculados a la figura de sus creadores.
Gran parte del equipo que abordará la cosecha 2026 lleva ligado a la bodega desde los inicios del proyecto. “Todos están plenamente volcados con el proyecto y lo único que he recibido es entrega absoluta para seguir adelante”, explica Andrés.
Quienes conocían de cerca a Romeo, como Alberto Fernández Bombín, hablan de su gran capacidad para crear equipos consistentes y longevos y pone como ejemplo su propia relación comercial, iniciada cuando Contador era apenas una bodega de vinos de garaje. “Crecimos juntos. Él tuvo ofertas de distribuidoras más potentes, pero siempre valoró que empezáramos esta relación cuando no era tan conocido”, explica.
“Somos muy conscientes de lo difícil que es reemplazar la figura de mi padre, por esa vinculación tan especial que tenía con la tierra y su capacidad para interpretar la viña”, señala el hijo de Romeo. Con un doble grado de derecho y administración de empresas, Andrés había comenzado a preparar oposiciones a judicatura. Cuando conoció la enfermedad de su padre a finales del año pasado, aparcó sus estudios para estar a su lado. “Sabemos que se cierra una etapa y empieza otra en una línea continuista. La responsabilidad más inmediata es comenzar la vendimia y culminar ese proyecto que le hacían tanta ilusión”, ha declarado a SWL.
Benjamín Romeo deja un gran vacío en el mundo del vino, pero sus vinos seguirán hablando de él durante años.
Amaya Cervera
Periodista especializada en vino con más de 25 años de experiencia. Fundadora de Spanish Wine Lover y Premio Nacional de Gastronomía a la Comunicación Gastronómica 2023
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