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Por la Raia: los vinos fronterizos de Galicia

Despalzarse a otro país para tomar el café de la mañana es algo poco habitual en la mayor parte del mundo. Para Abraham Quintas, sin embargo, forma parte de su rutina diaria. Propietario de la vinoteca Templum Sensibus, en la localidad gallega de Salvaterra de Miño, Quintas cruza a diario el río Miño a Monção, Portugal, al otro lado de la frontera.

Quintas es un raiano, como se conoce a los habitantes de la zona fronteriza entre España y Portugal. En A Raia, o “la raya”, la libertad de movimiento europea ha convertido estos cruces de frontera para comprar, socializar o trabajar en algo tan cotidiano como acercarse al pueblo de al lado. Pero esta relación vecinal es anterior al Acuerdo de Schengen. Durante 700 años, la convivencia lejos de los centros nacionales de poder ha forjado entre los raianos una identidad que no es plenamente española ni plenamente portuguesa. Un sentimiento de independencia —y al mismo tiempo de interdependencia— impregna su manera de entender la vida.

En el mundo del vino, históricamente condicionado por fronteras políticas y denominaciones de origen, esta identidad no siempre ha tenido importancia. Pero, a medida que mantener la vida rural se hace cada vez más difícil en el lado gallego, reivindicar una identidad raiana ofrece a los viticultores de la zona una manera de diferenciarse en medio de un mar de relatos sobre terruños singulares. Y en un momento en que el mundo del vino presta cada vez más atención a la expresión de un lugar y menos a las limitaciones que imponen las DOs, la Raia plantea una cuestión fascinante: ¿hasta dónde llega realmente el terruño cuando el mapa dice otra cosa? 

La otra cara de Rías Baixas

Con el Miño como frontera sur, el Condado do Tea se extiende hacia el este desde Tui, entre colinas onduladas cubiertas de viñedos y valles fluviales en pendiente. A pesar del dominio del albariño, en esta subzona, la más interior de Rías Baixas, sigue prosperando la tradicional mezcla de treixadura, albariño y loureiro, la misma combinación que todavía define buena parte de los blancos de Vinho Verde al otro lado de la frontera. Eso no quiere decir que ambos lados de la Raia sean idénticos. Aunque comparten clima, variedades de uva y suelos, las diferencias en la elaboración y en el momento de la vendimia hacen que resulte fácil distinguir un vino del Condado de uno de Monção-Melgaço. Los viticultores portugueses tienden a vendimiar antes y a elaborar vinos más ligeros, con cierta efervescencia o unos gramos de azúcar residual, mientras que los gallegos suelen buscar vinos más secos y estructurados, explica Quintas.

Aun así, “en lo que respecta a las prácticas vitícolas, los métodos de plantación y las variedades de uva, los vinos del Condado tienen mucho más en común con el otro lado del río que con el valle del Salnés”, afirma Quintas.

Cuando se habla de Rías Baixas, sin embargo, la conversación siempre acaba volviendo al Salnés. Aunque el Condado do Tea ya existía como región vitivinícola antes de la creación de la DO Rías Baixas, “los de fuera solo escuchan Salnés, Salnés, Salnés”, dice Óscar Cidanes. Antiguo ganador del premio al Mejor Sumiller de Galicia, es propietario del bar de vinos Detapaencepa, en Vigo, y junto a su socio Marcial Dorado elabora vinos bajo la marca Destinos Cruzados en su bodega del Condado do Tea. “La gente decía que [el valle del Salnés] era mejor que el Condado, así que nosotros nunca hemos recibido tanta atención”, explica.

Quintas cree que Rías Baixas es una gran historia de éxito en términos de marketing, pero considera que para construir una marca global sólida, hubo que hacer algunos sacrificios. “Las distintas subzonas perdieron parte de su propia visibilidad”, dice. “Ahora es simplemente Albariño-Rías Baixas”.

La necesidad de destacar dentro de una DO cuya estrategia de marketing deja poco espacio para la diversidad interna llevó a Quintas, Cidanes y otros viticultores locales a organizarse. Este año crearon Viticultores Independentes do Condado (VICO), un grupo formado por ocho bodegas* cuyo objetivo es convertir el Condado do Tea en una región vitivinícola de referencia, revindicando proyectos de pequeña escala con nombres e historias detrás. Cada productor tiene una filosofía y una personalidad propias, pero todos comparten una misma misión: mantener viable la vida rural a lo largo de la Raia.


Mientras la llegada de grupos bodegueros de fuera de Galicia aporta dinero y atención al Condado, cada vez más viticultores de toda la vida de la región tienen dificultades para llegar a fin de mes o abandonan sus viñedos. Cidanes sostiene que la generación de VICO representa los mejores vinos que se han elaborado jamás aquí. Pero todo su trabajo puede quedar en nada si se ve eclipsado por un marketing uniforme o por grupos más grandes que compiten por hacerse un hueco en la región.

Definirse como “independientes” no es una declaración de secesión, sino una forma de reivindicar su propia identidad dentro de la DO. “No solo somos ‘independientes’; somos invisibles, inquietos, impacientes, ilusionados… Tenemos muchas palabras con ‘I’”, dice Cidanes. Al enorgullecerse de su identidad como raianos, ponen de relieve un patrimonio singular que hace que sus vinos merezcan ser descubiertos. Y creen que, al igual que existen semejanzas y diferencias entre ambos lados de la Raia, esa diversidad debería celebrarse dentro de Rías Baixas.

“Yo nunca renunciaría a formar parte de Rías Baixas”, afirma Quintas, “pero no entiendo cómo puedes entrar en la web o en el Instagram de la DO y no ver a ningún viticultor independiente destacado, ni ninguno de los vinos plurivarietales tradicionales del Condado. Si yo tuviera un concesionario de coches, promocionaría SUV, deportivos, berlinas: toda la gama. Ahí es donde está la riqueza”.

Vinos de río

Aunque la costa de Galicia es conocida por un tipo de tráfico bastante más lucrativo que el de uvas, la Raia también tiene su propia historia de contrabando transfronterizo. En lo que respecta al vino, la Guardia Civil detiene de vez en cuando a contrabandistas que transportan uvas portuguesas hacia Rías Baixas, mientras circulan rumores y teorías de conspiración sobre los miles de kilos de uva que supuestamente cruzan la frontera cada año. Pero, si los suelos y las uvas son los mismos a ambos lados del Miño, ¿hay realmente tanta diferencia entre lo que cada denominación afirma proteger?

Gutier Seijo dice que no. Su proyecto, Mixtura Independent Wines, sigue la Raia Húmeda, como se conoce la frontera que recorre el río Miño.  Allí trabaja viñedos en las regiones de Ribeiro, Condado do Tea y Melgaço antes de ensamblar las uvas en lo que él denomina “vinos del río”.

La idea de Mixtura tomó forma durante la etapa de Seijo como enólogo en Dominio do Bibei, cuando empezó a darse cuenta de lo arbitrarias que podían parecer las fronteras entre las DOs gallegas.

“Puedes estar en Ribeira Sacra y ver viñedos justo al otro lado del río Bibei”, dice, “pero están en otra DO.” Aplica la misma lógica al Miño: Monção-Melgaço y el Condado do Tea formarían parte de la misma DO si estuvieran en el mismo país. “De otro modo, no tendría sentido separar esas dos partes del valle”, afirma.

Después de dejar Dominio do Bibei, Seijo empezó a arrendar y comprar parcelas a ambos lados del Miño y presentó la primera añada de Mixtura Independent Wines en 2018. Mixtura Blanco, el buque insignia, mezcla treixadura de Ribeiro y albariño de Melgaço. Mixtura Gold es un coupage al 50/50 de las mejores parcelas de ambas variedades a ambos lados de la frontera, mientras que Mixtura Green procede de una única parcela de Albariño en Melgaço.


El proyecto es “independiente” en el sentido más pleno de la palabra, explica, porque no está sujeto a las obligaciones impuestas por una denominación de origen ni por las fronteras de un país. Seijo clasifica oficialmente sus vinos como Vino de la Unión Europea, en un guiño al origen transfronterizo de las uvas, aunque señala que, dado que su bodega está en España, podría etiquetarlos igualmente como “Vino de España”.

Como raiano, no tiene problemas para lidiar con la burocracia que implica trasladar uvas a través de la frontera. “Culturalmente, ambos lados del valle son muy parecidos”, explica. “Obviamente tienes que hacer el papeleo, ir al notario y todo eso en otro país, pero nos entendemos; no hay ningún problema”, dice. “Los gallegos y portugueses pescan juntos en el río, frontera con frontera. Trabajan juntos. Beben el mismo vino”.

Seijo está contento de mantenerse fuera de los límites de una DO, pero cree que Mixtura podría servir de ejemplo para una futura legislación vitivinícola basada en el terruño. “Algún día habrá realmente un vino que pueda ser una IGP Galicia o una IGP río Miño”, dice. “Mira Côtes du Rhône. Hay zonas muy diferentes —Châteauneuf-du-Pape no tiene nada que ver con Côte Rôtie—, pero puedes elaborar un Côtes du Rhône con uvas de distintos pueblos a lo largo del Ródano. Una IGP para el Miño sería muy interesante, y podría incluir el lado portugués, que también forma parte del río”, afirma.

Al final, Seijo cree que el mundo, de forma natural, proporciona un sentido de identidad mucho más fuerte que la política. “Si alguien me dijera que existe una frontera debido a los suelos o a diferentes orientaciones, estaría bien. Pero aquí, la única razón es que alguien dice: ‘esta es la frontera’. Para mí, la única frontera es la geología”.

La Raia Seca

En el extremo sureste de Galicia, donde el Miño deja de marcar la frontera, comienza la llamada Raia Seca. Sin un río que trace la divisoria, la frontera entre Portugal y España fue históricamente mucho más difícil de fijar. Hoy las fronteras pueden estar delimitadas, pero las líneas del mapa no siempre se corresponden con la realidad. A lo largo de la Raia Seca, la gente sigue viviendo en una especie de tierra de nadie: lleva en la cartera un documento de identidad portugués o español, pero mantiene los pies firmemente asentados a ambos lados de la frontera cuando se trata de lengua, cultura e identidad.

Francisco ‘Xico’ Pérez es uno de los pocos habitantes que quedan en la aldea de Mandín, al sur de la región vitivinícola de Monterrei. Su bodega, Couto Mixto, rinde homenaje a un lugar donde las fronteras llegaron a dejar de existir. En el siglo XII, en plena pugna de poder entre los reinos medievales de Portugal y León, surgió un microestado independiente formado por tres aldeas situadas a lo largo de la Raia Seca. Conocido como el Couto Mixto, sus habitantes no eran ni españoles ni portugueses. Estaban exentos de impuestos y del servicio militar y se autogobernaban mediante un líder elegido democráticamente. Tras 700 años de independencia, la región fue anexionada a España en el siglo XIX, pero la identidad común que allí se forjó sigue viva.

Para Pérez, esta identidad fronteriza es inseparable del terruño local. Cuando empezó a elaborar vino, buscó variedades que ya habían desaparecido del lado español de la frontera. Finalmente, las encontró en Portugal. Trajo de vuelta las púas y las injertó en sus propios viñedos. Hoy trabaja con varios tipos de verdello, plantados junto a dona branca, bastardo, tinta amarela, caíño longo y espadeiro. Es lo más parecido que puede haber a los viñedos de su juventud, cuando gallegos y portugueses trabajaban codo con codo. “Vivíamos juntos”, recuerda Pérez. “Los injertadores de vid y los vendimiadores eran portugueses porque la economía era mejor de este lado. Pero eso es como hablar de la prehistoria”.

En las décadas transcurridas desde entonces, las aldeas rurales portuguesas han sobrevivido en su mayoría, mientras que el lado gallego de la Raia Seca se ha ido vaciando con la emigración. En Mandín, los conocimientos ligados a los viejos viñedos sobreviven gracias a las pocas personas que todavía siguen trabajando la tierra.

Ahora Pérez quiere transmitir esas formas tradicionales de hacer las cosas y animar a otros a ocupar su lugar. Además de su propio proyecto, ha empezado a colaborar con su amigo, el viticultor de Ribeiro Bernardo Estévez (ambos en la imagen inferior), en un proyecto compartido llamado Terra.


Estévez sostiene que el cambio climático y la viticultura industrial moderna amenazan con hacer que los vinos de la Raia Seca pierdan su equilibrio: “He probado vinos que tienden a estar un poco sobremaduros”, dice. Como ha aprendido de Pérez, mantener las plantaciones mixtas tradicionales y trabajar el suelo de una manera más sostenible puede ayudar a reducir esos problemas. Estévez también ve en esta zona seca y cálida una oportunidad para profundizar en la viticultura biodinámica, que en Ribeiro, una zona más húmeda y propensa a las enfermedades, puede llegar a costarle cosechas enteras. Pero, al fin y al cabo, dice, la forma en que resulta un vino tiene menos que ver con el terruño que con la intención. Con la orientación adecuada, los métodos del pasado pueden servir para elaborar vinos frescos, minerales y complejos de cara al futuro.

Pérez espera que su proyecto permita a la gente percibir tanto el potencial vitícola de la Raia como el valor de las tradiciones que todavía conserva. “La viticultura que conocí de niño se ha convertido en un mundo de etiquetas y bodegas”, dice. “Ahora todo el mundo está centrado en el Godello; solo hablan de vino blanco, de consumo, de tantas otras cosas. Me siento perdido”. Quiere seguir trabajando como sabe hacer y encontrar a otros dispuestos a hacer lo mismo, para evitar que ese pasado se pierda definitivamente. “Si nuestro proyecto merece la pena, si aparece alguien más que quiera elaborar vinos conectados con la tierra, con las variedades de uva, que trabaje el suelo con respecto…”. Deja la frase en el aire y luego se ríe. “Somos los últimos mohicanos”.

Aunque nunca ha sido tan fácil cruzar la frontera, también es cierto que nunca ha sido tan difícil preservar las formas tradicionales de vida que se desarrollaron allí. Pero si estos viticultores raianos consiguen perseverar, pueden dar una poderosa lección al mundo: el terroir no lo definen las fronteras políticas, los criterios de las DOs ni las líneas de un mapa. Surge, en cambio, de las personas que trabajan los viñedos, de las tradiciones que preservan, de los idiomas que hablan y de las relaciones que mantienen. O, como dice Quintas: “todo se reduce a cultura, cultura y cultura”.

*En la foto, los representantes de las bodegas que forman Vico: Adega do Ricón, Destinos Cruzados, Veigamoura, Miguel Alonso, Corisca, Terras do Sur, Chan de Vide, Pablo Saa y Abraham Quintas.


Firma

Noah Chichester

Escritor y formador especializado en vino, es fundador de winesofgalicia.com, la única web en inglés dedicada al vino gallego. Colaborador en Decanter, JancisRobinson.com, The World of Fine Wine y otras publicaciones especializadas, divulga internacionalmente la cultura y los vinos de Galicia.