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Granada y Almería: qué esconden los viñedos más altos de la Península

Granada y Almería no son lugares en los que uno piense cuando se habla de vino español. La parte oriental de Andalucía se asocia habitualmente con la Alhambra de Granada y las estaciones de esquí de Sierra Nevada, o con los invernaderos de Almería y el desierto de Tabernas, donde durante los años cincuenta se rodaron numerosas películas, en especial los famosos Spaghetti Westerns. Sin embargo, este rincón meridional también esconde algunos de los terruños con más personalidad del país. Sus viñedos sobre suelos de pizarra situados a 1.400 metros de altitud son los más altos de la península ibérica.

Una de las zonas más fascinantes es la sierra de la Contraviesa. Esta cadena montañosa que se extiende desde Granada hasta Almería, se encuentra dramáticamente encajada entre las cumbres blancas de Sierra Nevada y la costa mediterránea. “Aquí no hay maduraciones que recuerden a la mermelada”, dice el enólogo argentino Alejandro Vignapiano de Bodegas La Divisa, que cultiva 10 hectáreas de viña entre los 1.200 y 1.380 metros. "Las condiciones son ideales: la altitud aporta tensión y frescura, mientras que la latitud meridional garantiza una excelente maduración".

Antes de dedicarse al vino, Vignapiano trabajó como arquitecto. Entre 2008 y 2010 gestionó un bar de vinos en Buenos Aires y desde ahí se lanzó a buscar una región mediterránea con suelos minerales en la que pudiera dejar su huella. La recóndita y prácticamente desconocida Contraviesa fue la respuesta. Hoy produce alrededor de 20.000 botellas al año de 19 vinos diferentes, que vende casi exclusivamente a restaurantes de alto nivel como Aponiente en El Puerto de Santa María, Angelita en Madrid y Bar FM en Granada.


Gran altitud, gran acidez

La altitud de la sierra de Contraviesa se expresa fantásticamente en el súper fresco y jugoso Gualicho 2023 (2.650 botellas, unos 25 €). Elaborado con garnachas viejas cultivadas a 1.320 metros, tiene una acidez que alcanza los 8,6 g/l; todo un logro en una latitud similar a la de Argel, en África. Al igual que todos los vinos de Bodegas La Divisa, fermenta espontáneamente y solo se añaden sulfitos antes del momento del embotellado.

La altitud también es clave en Azhar 2025 (1.100 botellas, unos 20 €), un blanco preciso y vertical de vijiriega de 75 años cultivada a 1.300 metros en suelos de pizarra. Elaborado a partir de mosto flor y fermentado en acero inoxidable, combina su acusada mineralidad con una vibrante acidez (7,4 g/l. Gracias a esta frescura y a su textura profunda, la variedad local vijiriega ha ido ganado enteros entre los productores de la región. Al igual que otras variedades de carácter más austero que mineral, como airén, pedro ximénez y viura, desciende de la uva de mesa árabe hebén (gibi). “Aunque ofrece notas cítricas y de manzana, su perfil es claramente mineral”, señala Vignapiano (en la imagen inferior).


Toda la gama de La Divisa se comercializa como Vino de España, incluido el sápido Azhar Tinto (450 botellas, unos 20 €) elaborado con jaén negro y criado en ánfora. Tiene un perfil herbal, que parece ser uno de los rasgos distintivos de esta variedad. La bodega también elabora tintos estructurados a partir de variedades internacionales como petit verdot y cabernet franc, en los que consigue mantener un equilibrio y buenas dosis de frescura.

De 90.000 a 500 hectáreas

La personalidad de la sierra de Contraviesa no se limita a la altitud y la pizarra. Históricamente, fue el corazón vitivinícola del este de Andalucía. Antes de la filoxera, los viñedos cubrían más de 90.000 hectáreas. A finales de los años setenta, la cifra había caído a 7.000 y hoy apenas quedan 500; una historia que se ha repetido en muchas regiones vitivinícolas españolas. Los almendros, un cultivo más rentable y que requiere menos mano de obra, han sustituido progresivamente a la viña y dominan el paisaje, especialmente en febrero, cuando la floración llena brevemente de color esta región árida que no suele registrar más de 400 mm de lluvia anual.

“En el pasado, todo era viña", dice Alberto García, un viticultor de 43 años cuya familia elabora vino en la zona desde el siglo XIX. Junto a su padre y a su hermano menor, Alejandro, gestiona Bodega García de Verdevique en una remota aldea rodeada de montañas, con viñedos que alcanzan los 1.360 metros. La mayoría de las parcelas son empinadas, de pizarra y tan inaccesibles que sólo pueden ser aradas con mulas. "Tardamos tres días en arar una hectárea”, señala.


La familia cultiva 11 hectáreas en ecológico y elabora unas 35.000 botellas al año. “Aquí un viñedo viejo suele tener alrededor del 50% de jaén blanco y 30% de jaén negro, mientras que el resto es una combinación de perruno, vijiriega, pedro ximénez, montúa, tinta requena (bobal) y tinto varetuo”, explica García. La varetuo es un clon local de tempranillo que se caracteriza por tener racimos muy pequeños y pieles gruesas.

El clarete de Contraviesa 

A partir de estos viñedos de mezcla de variedades de entre 80 y 130 años, los García elaboran un clarete tradicional en cofermentación que se conoce localmente como costa. El Costa de Verdevique 2024 (3.000 botellas, unos 7 €) fermenta con levaduras autóctonas y envejece en antiguas tinas de castaño. De color frambuesa y piel de cebolla, tiene una nariz mineral y un paladar bien estructurado. En las antiguas bodegas, la familia conserva algunos costas envejecidos oxidativamente como rancios de los que, ocasionalmente, lanzan ediciones especiales. Algunas de las botas se remontan a los años cuarenta. 

Según Alberto García, el costa fue durante mucho tiempo el vino tradicional de la región, aunque en los años ochenta empezó a ser habitual elaborar blancos y tintos. Uno de los pioneros fue Manuel Valenzuela (en la imagen inferior), de Barranco Oscuro, que también introdujo variedades francesas en la zona. Su tinto central, 1368 Cerro Las Monjas —un ensamblaje de cabernet sauvignon, cabernet franc, syrah, garnacha y merlot—, procede de viñedos plantados a 1.368 metros de altura. Valenzuela, que sigue en activo a los 84 años, está considerado el primer productor español de vino natural. Aún hoy continúa ejerciendo una gran influencia en la escena vinícola granadina y sigue siendo un modelo para muchos productores de vino natural.


El regreso de las variedades locales

Al igual que Valenzuela y una gran mayoría de productores de esta parte de Andalucía, los García también plantaron variedades internacionales, aunque conservaron sus viñas viejas de uvas locales. Hoy, Alberto está más convencido que nunca de su importancia. "Han estado aquí durante cientos de años y están bien adaptadas, especialmente en el contexto del cambio climático", afirma. De ahí que sus nuevas plantaciones sean selecciones masales de sus cepas más viejas de garnacha, tinto varetuo y vijiriega. Esta última ocupa un lugar central en el porfolio de la bodega. Se utiliza tanto para vinos tranquilos como para espumosos de método tradicional y para el vino naranja Mil Pieles 2024 (2.000 botellas, unos 12 €) que, tras un mes de contacto con pieles, ofrece una muy buena consistencia y atractivas notas herbales.

La jaén blanca, conocida en otros lugares como cayetana blanca, es una uva muy resistente a la sequía que aporta una expresividad especial. “Es más aromática que la vijiriega, con notas florales y toques de melocotón, y también con más cuerpo”, explica García. La utiliza fundamentalmente para blancos secos, pero en añadas con una alternancia de brumas matinales y tardes otoñales cálidas y secas, las uvas pueden desarrollar botrytis. El resultado en ese caso es Laero 2018 (980 botellas, alrededor de 40 €), un vino naturalmente dulce con 80 g/l de azúcar residual y una frescura sorprendente, sin el perfil meloso que se suele asociar a la botrytis y con notas de almendra amarga.


En tintos destaca la jaén negro 2024 (2.000 botellas, unos 12 €). Son viñas de hasta 130 años que se vinifican en acero inoxidable para priorizar la frescura y el trago fácil en un vino con abundante fruta roja (cereza) y sutiles notas herbáceas. Pese su piel gruesa, las bayas grandes de la variedad limitan naturalmente el color y la extracción de tanino. “La jaén negro es la única variedad de aquí que produce tintos de poco color, por lo que rara vez se trabaja en solitario”, señala García. Todos los vino de la bodega llevan el sello de Cumbres del Guadalfeo, una designación de Vino de la Tierra con apenas 43 hectáreas registradas.

El potencial oculto de la Alpujarra Alta

No es fácil explicar el peso real de la viticultura en Andalucía oriental teniendo en cuenta que muchos productores operan fuera de los indicativos geográficos. La DO Granada, por ejemplo, abarca toda la provincia, pero apenas tiene 260 hectáreas adscritas. En la misma provincia operan cuatro designaciones de Vino de la Tierra (VT) y otras cuatro en Almería, pero el total de las ocho ronda las 250 hectáreas. De modo que, en ambas provincias, solo hay unas 510 hectáreas amparadas oficialmente bajo una DO o una VT.

La superficie de viñedo es mucho mayor. Un ejemplo es la Alpujarra Alta, una de las regiones vinícolas más fascinantes, pero menos desarrolladas de Andalucía, con viñedos por encima de los 1.400 metros y un patrimonio de cepas viejas en vaso sobre suelos de pizarra. Las variedades locales, a menudo mezcladas en el campo, incluyen jaén blanco, jaén negro, vijiriega, romé, montúa, pedro ximénez y garnacha. Son viñitas familiares trabajadas por carpinteros, albañiles o electricistas que elaboran vino de manera tradicional para consumo doméstico. Algunos productores venden pequeñas cantidades, casi siempre costa clarete en bag-in-box, a bares locales por unos 1,50 € el litro. Faltan productores profesionales que apuesten por la calidad.


¿Qué pasaría si llegara aquí una nueva generación de productores ambiciosos y deseosos de profundizar en el terruño como ocurrió en Gredos a principios de los 2000? Mientras esto no suceda, la Alpujarra Alta será un ejemplo más de ese potencial vitivinícola español oculto e inexplorado.

La cultura de los vinos finos no acaba de arraigar en Andalucía oriental. Tampoco hay un reconocimiento internacional. The Wine Advocate jamás ha reseñado un vino de Almería; y solo ha incluido una bodega de Granada, Dominio de Buenavista, con reseñas de 90 puntos a cargo de Jay Miller en las cosechas 2006 a 2010. Los vinos, por otro lado, reflejaban el estilo propio de la época: un ensamblaje de tempranillo y variedades francesas con fruta sobremadura y aporte generoso del roble. Muchos productores de Granada y Almería continúan hoy con ese modelo.

“Hay que beber buen vino si se quiere hacer buen vino”, dice Jesús González, propietario del bar de vinos de referencia de Granada, La Tana. Su carta incluye 2.400 referencias, 100 de ellas disponibles por copas. Sin embargo, a la pregunta de si los productores locales van a su taberna para probar, aprender y explorar, su respuesta es contundente: "Casi nadie".

Las condiciones extremas del Altiplano de Sierra Nevada

Uno de los pocos productores jóvenes que busca ampliar sus horizontes en lugares como La Tana es Joan Vilaplana, de 32 años (en la imagen inferior). Nieto de un viticultor andaluz, su padre, Luis, que es originario de Cataluña, fundó Bodegas Vilaplana en Caniles en 1996. Situado en la zona oriental de Granada, el Altiplano de Sierra Nevada se encuentra en el lado norte de la cordillera, aislado de la influencia mediterránea. El clima es marcadamente continental, con veranos muy calurosos e inviernos fríos. Las precipitaciones son escasas, pero existe el riesgo de fuertes aguaceros ocasionales que pueden provocar inundaciones.


El viñedo se sitúa entre los 930 y 1.120 metros sobre suelos pobres de grava, arcilla, arena y piedra caliza. Padre e hijo cultivan 13 hectáreas en ecológico y se abastecen de uvas de otras siete hectáreas. “El 80% de nuestro trabajo consiste en obtener uvas de alta calidad”, afirma Luis Vilaplana. En bodega la intervención es mínima, con una producción total de unas 45.000 botellas, todas ellas comercializadas como Vino de España.

Su principal variedad blanca es la jaén blanco, con la que elaboran el floral y aromático Uclías 2025 (2.000 botellas, 20 €). Fermentado con levaduras naturales y sin control de temperatura, tiene una acidez crujiente y una textura elegante y compleja. “Esta variedad es como un regalo”, señala Joan. “Gran parte de los viñedos de jaén blanco desaparecieron de esta zona, pero mi padre y yo descubrimos y recuperamos una parcela muy antigua en el valle del Mincal”. Desde entonces, han replantado mediante selección masal y tienen la intención de seguir ampliando la superficie.


Diez Días de Marzo 2025 (15.000 botellas, unos 14 €) es un ensamblaje de jaén blanco y macabeo con notas cítricas y florales, mucha frescura y una textura sedosa. Joan Vilaplana también se muestra optimista con una parcela joven de garnacha tinta que plantó en vaso hace unos años en unas terrazas de suelo calcáreo muy pobres. Con notas de frutos rojos frescos y un estilo fluido, la primera añada 2025 de Mincal Tinto (950 botellas, unos 20 €) promete.

“En lo que respecta al vino, nuestra zona es totalmente desconocida", dice Luis Vilaplana. Sin embargo, Joan cree que esto puede cambiar. "Al principio, no pensé que fuera posible hacer vinos excepcionales aquí", señala. "Pero después de catar con gente conocedora, me ha cambiado la perspectiva. Ahora estoy convencido de que tenemos la altitud, las variedades y los suelos para elaborar grandes vinos”.

Una zona fría en Almería

José Berruezo, amante del buen vino y propietario de gasolineras y hoteles en Granada, comparte esta sensación. Originario de Tíjola (Almería), posee cientos de hectáreas de bosque en las montañas que rodean el municipio. Es en este entorno donde, en 2021, creó Dominio de Cascaire un proyecto que tiene como consultor y director técnico a Carlos Cerdán, la nueva estrella del vino jumillano en Bodega Cerrón.


La espectacular finca de 425 hectáreas se extiende entre los 1.240 y 1.320 metros de altitud. Rodeada de bosques de pinos y robles, y al abrigo de las sierras de las Estancias y de los Filabres, goza de un clima sorprendentemente fresco para Almería. “Esta montaña es la llave de todo”, dice Berruezo, señalando un pico de 2.200 metros en dirección oeste. "Bloquea el sol de la tarde, por lo que la viña recibe dos horas menos de luz al día". Según una estación meteorológica de la finca, en 2025 no se superaron los 31°C, ni siquiera durante las olas de calor que dispararon los termómetros en casi toda Andalucía por encima de los 40°C. La nieve es habitual en invierno y las precipitaciones anuales alcanzan los 500-600 mm, bastante por encima de la media de Almería.

Hasta la fecha han plantado 22 hectáreas en vaso, fundamentalmente en suelos pizarrosos, con algunas zonas calcáreas y arcillosas. Alrededor del 70% son variedades blancas —xarel.lo y vijiriega blanca— mientras que el 30% restante está plantado con garnacha tinta, monastrell y vijiriega tinta. El material vegetal procede de viñedos de renombre de Jumilla, Cataluña y Jerez. “Es un proyecto mediterráneo construido alrededor de variedades mediterráneas”, explica Cerdán, entusiasmado con el terruño y la altitud. Los primeros resultados son prometedores, ya que tanto la xarel.lo como la vijiriega alcanzan 9 g/l de acidez natural.


Como todavía no hay vinos en el mercado, descorchamos una botella de El Val 2021 de César Márquez (Bierzo) mientras disfrutábamos de las vistas desde un mirador cercano. Pese a su estado embrionario, Dominio de Cascaire se perfila como uno de los nuevos proyectos con más ambición del Mediterráneo y un foco claro en la viticultura sostenible. Se utilizan cubiertas vegetales para aumentar la materia orgánica en los suelos, mientras que la plantación en keyline previene la erosión y mejora la gestión del agua. “Un día cayeron 190 litros y no hubo erosión alguna”, afirma Cerdán.

Hasta ahora, la inversión se ha centrado exclusivamente en la viña, pero se espera contar con una bodega para 2028. El objetivo es producir unas 80.000 botellas al año. “No tenemos prisa”, apunta Cerdán. “Queremos hacer las cosas bien y que los vinos sean de gran calidad”.


En Andalucía, donde algunos vinos envejecen durante décadas antes de ver la luz del mercado, el tiempo se mide de otra manera. Lo importante es que en Dominio de Cascaire confluyan la ambición, la experiencia y la visión a largo plazo que permitan desbloquear el extraordinario potencial de los terruños de altitud de Andalucía oriental. La pregunta ya no es si sucederá, sino cuándo sucederá.

Firma

Thomas Götz

Thomas Götz es un periodista especializado en vinos, bloguero y formador. Vive entre España y Alemania y desde 2016 escribe sobre vinos españoles para diversas revistas alemanas del sector.

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