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Añadas viejas y fuera de mercado: el valor del tiempo

Quizás no es lo que más se espere encontrar en una feria, donde se presta especial atención a las novedades y a las últimas añadas en el mercado, pero esta última edición de BWW nos dio la oportunidad de probar vinos con desarrollos bien interesantes en botella. 

De hecho, fue el escenario elegido por Jean Leon para presentar The Wine Library Collection, una selección limitada de entre 74 y 300 botellas de añadas antiguas de sus vinos de finca: el chardonnay Vinya Gigi, el merlot Vinya Palau, el cabernet sauvignon La Havre Reserva y el gran reserva La Scala. 

Fue una buena oportunidad para recordar los orígenes de esta bodega propiedad de Familia Torres, pero fundada por el santanderino Ceferino Carrión, más conocido como Jean Leon en su exitosa aventura americana al frente del restaurante La Scala, en Los Ángeles, por donde desfilaban las estrellas más rutilantes de Hollywood de los años 50 y 60. Carrión quería hacer un vino en Burdeos para su restaurante, pero acabó instalándose en el Penedès a principios de los sesenta. Allí plantó variedades francesas, en especial cabernet sauvignon y franc, con esquejes robados en las viñas de famosos châteaux de Burdeos como Palmer, Lafite y La Conseillante.

Variedades francesas en el Mediterráneo

De la mano de Mireia Torres, directora de la bodega, y el sumiller Sergi Castro, probamos algunas de las añadas a la venta de cada marca. Un 2018 blanco de Vinya Gigi (63 €) con cremosidad, buena acidez y lenta evolución; el pulido y aún frutal Vinya Palau Merlot 2014 (58 €) o la cosecha 2004 del cabernet sauvignon (con un 15% de cabernet franc en el ensamblaje) Vinya Le Havre Reserva (76 €), el vino más emblemático de la bodega, también muy entero, con tanino amable, pero aún firme y un carácter inconfundiblemente mediterráneo.


La gran estrella de la cata fue Vinya La Scala Gran Reserva 1979 (300 €). Un vino de otro tiempo, con apenas 12% vol. y una acidez refrescante y jugosa muy difícil de conseguir en un contexto de cambio climático. Basta pensar que en ese año no hubo ningún día en el que se superaran los 30 ºC de temperatura. Ofrece una expresión clásica de la variedad con notas de hojarasca, grosella confitada y el pimiento rojo asado que suele aparecen en climas mediterráneos. Con 300 botellas, es el vino de mayor disponibilidad de la colección.  

¿Cuál es el futuro de estas variedades en un contexto de cambio climático? Para Mireia Torres, la merlot es la que tendrá más dificultades para adaptarse. La estrategia de la bodega, que ha realizado varias replantaciones en los últimos años, incluye cambios de orientaciones, plantar en zonas de la finca más cercanas al monte o utilizar portainjertos adaptados a la sequía. Se ha instalado también una balsa de agua que permite regar por gravedad la mitad de los viñedos de la finca y ya se están viendo los resultados de la viticultura regenerativa: más biodiversidad o más retención de agua en los suelos.

La mirada al pasado de Futuro Viñador 

La mayor concentración de añadas fuera de mercado la encontramos en la cata organizada por el colectivo Futuro Viñador, en la segunda edición de este evento paralelo a la feria. Cada uno de sus miembros llevó dos vinos ajustados a este parámetro. 

Hay que destacar los dos 2014 que llevó Algueira (Ribeira Sacra) procedentes de la misma finca: el tinto Pizarra (especiado, vivo, sápido con taninos finos y toques balsámicos y frutillos del bosque) y el espectacular Escalada Blanco, que se apoya en clones antiguos de godello de racimos pequeños. Amplio, profundo, con peso y frescura a la vez, mostraba la mineralidad de la pizarra de manera más intensa que el tinto. 

Fue un buen rival para el Dominio del Águila 2015 (Ribera del Duero), con su característica reducción borgoñona (pipa de girasol), intensidad y textura grasa en boca; un blanco con vida por delante como quedó de manifiesto en una cata vertical que hicimos el año pasado. 

En blancos, también nos gustó la combinación de sapidez y textura redondeada de Lumière 2017, de Muchada Léclapart y, con bastante más juventud, la garnacha blanca Zabala 2019 de Ostatu servida en mágnum, con refinadas notas de hidrocarburo, carácter cítrico y una verticalidad en boca no tan perceptible en la botella estándar. 

No pudimos probar el Mas del Serral de Raventós i Blanc (cuando llegamos a su mesa, ya no quedada vino), pero sí el originalísimo espumoso de monastrell 2017 de Anna Espelt, con 78 meses de crianza con lías, que mostraba tonos muy melosos y de frutos rojos con una estructura firme más cercana a un vino que a un espumoso.

En tintos, la gran sorpresa fue el jugoso, vivaz y aromático 4 Kilos 2015, una prueba bien interesante de la capacidad de desarrollo de la callet, y el excelente momento, con todo en su sitio y elegante personalidad atlántica, de Hobe 2019, el txakoli tinto top de Doniene Gorrondona. 

También fue un placer volver a probar la segunda añada 2018 de Yjar, el tinto de Remelluri que se comercializa a través de La Place de Bordeaux: fragante y tensa a la vez, y con mucho que desarrollar. Y vinos de Artuke con un poco de botella (los tintos de esa bodega suelen beberse demasiado jóvenes), como los 2018 El Escolladero (profundo y con fruta roja aún muy viva) y La Condenada (con más concentración, mineral, rico en matices, muy persistente). Esta ha sido la última añada, según Arturo Miguel, en la que empezaron a vendimiar en octubre. 

Aún emocionado de un reciente viaje a Madeira (“ir allí te pone en tu sitio y te hace sentir pequeño frente a la historia”), Willy Pérez llevó las primeras añadas de La Escribana (2018) y Villamarta (2013), este último un ejercicio de perfección y exclusividad. 690 kilos pisados por él mismo y cuya crianza se prolongó 10 años, el máximo que aguantó la flor. En la copa, intensidad y sapidez en grado máximo sin perder cremosidad. La combinación de largura, concentración y sapidez de La Escribana también nos resultó fascinante, y eso que, según el viticultor jerezano, la 18 fue de las peores añadas que recuerda. “Me pasé madurando," nos confesó.

El salón también sirvió de presentación para los nuevos miembros del grupo. Bàrbara Mesquida (destacamos su refinado Sotil 2020) amplía la representación mallorquina, mientras que el resto de incorporaciones vienen del mundo de la albariza. Además de Muchada Léclapart, estaban Bodegas Forlong, que llevó un Stardust 2019 criado en bota de manzanilla sin velo, salino y tostado; y Meridiano Perdido, del que destacamos su salino y cremoso Portuliano 2021, que debería tener muy buena evolución en botella.

El resto de miembros de Futuro Viñador son: 4kilos, Adega Algueira, Anna Espelt, Artuke, Bodegas Luis Pérez, Celler del Roure, Compañía de Vinos Telmo Rodríguez, Dominio del Águila, Dominio del Bendito, Doniene Gorrondona, Miguel Merino, Granja Nuestra Señora de Remelluri, Ostatu, Raventós i Blanc, Soca-Rel y Zárate.
Firma

Amaya Cervera

Periodista especializada en vino con más de 25 años de experiencia. Fundadora de Spanish Wine Lover y Premio Nacional de Gastronomía a la Comunicación Gastronómica 2023