Este año se cumple el 30 aniversario de Doniene Gorrondona, una de las bodegas que contribuyó a renovar el txakoli vizcaíno y a situarlo en el universo de los vinos de calidad. De sus viñedos de la localidad costera de Bakio, no muy lejos del pintoresco islote de San Juan de Gaztelugatxe sobre el que se recreó el Rocadragón de la serie Juego de Tronos, salen vinos blancos, tintos, espumosos, destilados de bagazo de uva y desde hace muy poco también un rosado.
Bautizado como Lipar (instante, momento en euskera), es una reinterpretación de un estilo, el del ojo de gallo, que fue bastante habitual en la zona, seguramente relacionado con las plantaciones conjuntas de uva blanca y tinta en viñedos tradicionales. También es el resultado de la exploración que la bodega lleva realizando casi desde sus inicios de la variedad tinta hondarrabi beltza.
Hoy en día, el cultivo de uvas tintas -y, en consecuencia, la producción de txakolis tintos- es anecdótico en la DO Bizkaiko Txakolina. Apenas representan 15 hectáreas de un total de 434, la mayoría (12 hectáreas) de hondarrabi beltza.
Bakio ha sido uno de los municipios con mayor tradición de la provincia. Aunque muchas de las parras tradicionales se han ido perdiendo, se ha podido extraer material vegetal de viñedos viejos -los más importantes, en manos de Bodegas Zabala-, para nuevas plantaciones.
La hondarrabi beltza, conocida aquí como berdeza, no era la única cepa cultivada. Siempre convivió con plantas de cabernet franc (progenitora de toda la familia de cabernets y, probablemente, también de la hondarrabi beltza, con la que está emparentada) que recibían localmente el nombre de berdezaria. Otras variedades tintas se conocían como medoka, probablemente en alusión al Médoc bordelés. La conexión francesa está clara, con el orgullo adicional de saber, según apunta una mayoría de expertos, que el origen de las cabernets está del lado español de los Pirineos.
Dentro de las 14 hectáreas que gestiona Doniene Gorrondona, poco más de dos son de uva tinta, pero están repartidas en suelos y parajes distintos, desde Aldape, la parcela situada junto a la bodega, que es la más cercana a la costa, a Tellería, en el paraje de Basigo en la otra vertiente del valle, más algunas plantas en Irimingorrieta, su viñedo más elevado dentro ya del municipio de Mungia.
Lipar se elabora con uvas de Aldape y se estrena en una de las cosechas más lluviosas de los últimos tiempos, la 2024. La enóloga Itziar Insausti ha optado por realizar un sangrado de menos de un día y fermentar y criar en bocoy de castaño. Introdujo esta madera en 2022 para complementar el roble francés en el blanco Ondarea y le gustó mucho el resultado porque respetaba muy bien la parte floral del vino y aportaba menos volumen en boca que el roble francés.
El rosado permaneció en madera hasta septiembre de 2025, cuando se embotelló, y salió al mercado en junio de este año. La producción en esta cosecha inaugural es muy reducida, por debajo de 600 botellas, pero esperan duplicarla en añadas posteriores.
Hay mucha novedad y originalidad dentro de la botella y un concepto claro de vino gastronómico. Es recomendable la aireación para combatir la reducción inicial. Luego aparecen notas herbales y toques cítricos (piel de naranja) y especiados (pimienta negra). La elaboración como rosado aporta una textura fluida sin interrupciones tánicas que da más protagonismo a las notas jugosas. Un vino que evoca bosques y refrescantes umbrías.
12% vol.
25 €
590 botellas
Puntuación: 92
Amaya Cervera
Periodista especializada en vino con más de 25 años de experiencia. Fundadora de Spanish Wine Lover y Premio Nacional de Gastronomía a la Comunicación Gastronómica 2023
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