Lo que comenzó como un modesto encuentro en Logroño para dar a conocer vinos jóvenes a hosteleros, distribuidores y aficionados locales se ha convertido en un salón plenamente consolidado. La cata de presentación de añada de las Bodegas Familiares de Rioja acaba de celebrar su 27ª edición, con un número creciente de bodegas, estilos de vino y asistentes.
Este año, 54 bodegas participaron en el salón, organizadas por valles y montañas, de las más de 150 que conforman la asociación. A pesar de los desafíos que afronta el sector vinícola -a los que no son ajenos los pequeños productores- el evento atrajo a unos 700 profesionales y 600 aficionados, reflejando el creciente interés por la enorme diversidad de los vinos de esta denominación, que celebra este año su centenario.
“Rioja merece ser redescubierta; hoy en día va mucho más allá de la tradicional clasificación de los vinos según su tiempo en barrica”, afirma Ana Jiménez, gerente y coordinadora de la Asociación. Precisamente con este propósito se creó el Premio Argraf al Mejor Sumiller de la Otra Rioja, cuya segunda edición reunió a 50 profesionales, entre ellos sumilleres de restaurantes del norte de España con estrella Michelin.
El reto no era menor: en una cata a ciegas, los concursantes debían identificar la zona de Rioja de la que procedían los vinos, sus variedades de uva y sus métodos de elaboración. De los 50 participantes, diez llegaron a la final, donde Iván Sánchez, sumiller del restaurante Venta de Moncalvillo (una estrella Michelin en Daroca de Rioja), se alzó con la victoria. Le siguieron Ramón González, de Tienda del Vino Matamorosa (Cantabria), y, en tercera posición, María Millán, del hotel Silken Villa Lucía (Laguardia), junto con Rubén Jiménez, del Mesón El Charro (Logroño).

Como es habitual, fue imposible catar todos los vinos expuestos en el salón, pero estos son algunos de los que nos llamaron la atención:
Arizcuren:
La consistencia, precisión y personalidad de las elaboraciones va ganando enteros cada vendimia incluso en la 2022, una añada cálida con retos importantes en cuanto a la madurez y grado alcohólico de los vinos en la práctica totalidad de Rioja, pero con especial incidencia en la comarca de Quel, donde tiene los viñedos Javier Arizuren. Nos gustó especialmente Mazuelo, procedente de dos viñas a unos 600m de altitud en Yerga, y Barranco del Prado, una garnacha prefiloxérica plantada a 780m en suelo arenoso, que aunque más redonda que en añadas previas, conserva muy bien la elegancia.
Bodegas Forcada:
Fundada en 2001, pero con cuatro generaciones dedicadas al viñedo, esta bodega se encuentra en Rincón de Olivedo, en la sierra de Alcarama, en la cara sur de Yerga. Con suelos pobres y pedregosos, gestionan 110 hectáreas de viñedo cerca de esta comarca en el límite con Soria, de las cuales 60 son propias. Además de elaborar vinos, también venden uva. Nos gustó la añada 2021 de La Forcada, una garnacha de viñas de 40 años con un equilibrio notable entre fruta madura, notas especiadas y frescura. Se elaboran 20.000 botellas que se venden a 18 €.
Finca Vistahermosa:
El trabajo de Clara Herrero en la recuperación de los viñedos familiares, adquiridos en 2002 en Molinos de Ocón, se percibe tanto en sus garnachas viejas como en otras variedades cultivadas hasta los 750 metros de altitud. Además de su gastronómico Conversa Blanco 2021 —un ensamblaje de tempranillo blanco, maturana blanca y sauvignon blanc fermentado con pieles—, nos impresionó su Viñedo Singular Cuesta de la Estrella 2022, una garnacha vieja fermentada en tina y bocoy con un 15% de raspón. Procedente de una viña a 670 metros, se elabora solo 1.350 botellas, reflejando la calidad de la fruta en esta zona cada vez más valorada de Rioja Oriental.
Ijalba:
Pioneros en la elaboración del primer 100% graciano en Rioja, esta bodega de Logroño ha reunido un valioso archivo vegetal con 70 variedades autóctonas de la región. También han liderado la recuperación de las maturanas tinta y blanca. De esta última, presente en Rioja desde el siglo XVII pero casi desaparecida hasta hace pocos años, cultivan ocho hectáreas. Probamos su añada 2024, aún joven, de la que se elaboran 20.000 botellas. Con notas de hierbas frescas y un perfil gastronómico, ganará con tiempo en botella, al igual que el Ijalba Graciano 2022, fresco y mineral, cuya estructura habitual en la variedad se ve suavizada por la calidez de la añada.

Tobelos:
Ubicada en Briñas, en la Sonsierra occidental, esta bodega cuenta con una de las mejores vistas de las Conchas de Haro y los Montes Obarenes. Dispone de 55 hectáreas divididas en 80 parcelas y también adquiere uva de proveedores. Es el caso del tempranillo para Salinillas de Tobelos, procedente de viñedos en Salinillas, un pequeño pueblo en la ladera norte de la sierra del Toloño, dentro del término de Labastida. La influencia atlántica se percibe en el carácter fresco y especiado del vino. También nos llamó la atención su Viñedo Singular de cepas viejas de garnacha, con buena frescura, expresión frutal y taninos amables.
Eguíluz:
Fue uno de nuestros últimos vinos de la semana, y lo cierto es que Israel Eguíluz, representante de la generación más joven de esta familia de viticultores, está haciendo muy buenos progresos en la interpretación de los pueblos y parcelas que cultivan, principalmente en Ábalos, donde está la bodega, pero también en Labastida y Peciña. Nos gustó especialmente Las Preferidas Blanco 2023, un ensamblaje de viura vieja (85%) y garnacha blanca más joven trabajado con lías durante ocho meses. El resultado es un vino sabroso y equilibrado, con una sutil presencia de madera que probablemente se integrará a medida que el vino se afine en botella. Como ya señalaba Amaya en su artículo, un nombre al que conviene seguir la pista.
Yolanda Ortiz de Arri
Periodista con más de 25 años de experiencia en medios nacionales e internacionales. WSET3, formadora y traductora especializada en vino
Vega Tolosa Tardana 2023 Blanco
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