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El vino español en Australia: diversidad en un mercado de nicho

Hace más de una década, Elisa Errea escribió en Spanish Wine Lover que parecía "imposible moverse por Australia sin encontrarse con un vino español". Eran tiempos boyantes: en 2012 abría en Sídney Tapavino, el primer bar del país especializado en Jerez, dos años antes de la primera International Sherry Week. En Melbourne, MoVida —el grupo de restauración española del chef barcelonés Frank Camorra— vivía su momento de mayor influencia cultural y sus libros de cocina arrasaban en las librerías. Los importadores especializados se multiplicaban y España ganaba visibilidad. ¿Qué queda hoy de aquel apogeo, y qué lugar ocupa el vino español en Australia?

Pocos han seguido esa evolución tan de cerca como Scott Wasley (en la foto inferior), fundador de The Spanish Acquisition, importadora especializada en vinos de la península ibérica con productores como Sara Pérez, Álvaro Palacios o Telmo Rodríguez. Desde su creación en 2001, su catálogo ayudó a que los consumidores australianos se familiarizaran con los vinos españoles contemporáneos y de alta gama. "Si me dedicara a importar vino italiano del montón, ganaría másdinero", reconoce sin rodeos. "España sigue estando infrarrepresentada en hostelería: hay restaurantes que solo tienen un tempranillo y una garnacha, y a veces todo el país aparece bajo el epígrafe 'Otros'". Aun así, ve margen para el optimismo: "Cada vez más restaurantes en Australia se definen como mediterráneos, ya sean griegos, españoles o del sur de Francia y eso ayuda".

En términos similares se expresa Franck Moreau MS, borgoñón de origen y director general de bebidas de Merivale, uno de los principales grupos hosteleros del país. "Con el auge imparable de la cocina mediterránea en Australia, creo que la presencia de vino español en las cartas irá en aumento", afirma. "En mis 20 años en Merivale, he visto una evolución significativa en nuestra oferta de vinos españoles. Sigue siendo una categoría pequeña, pero la diversidad y la profundidad han crecido de forma notable". Hoy, en sus locales conviven referencias de Rías Baixas, Priorat, Ribera del Duero o Toro junto a distintos estilos de Rioja y un creciente protagonismo de blancos más frescos y secos de viura, txakoli y verdejo.

Emma Farrelly, juez en concursos y directora de vinos y bebidas de State Buildings en Perth, apunta sin embargo a una pérdida de peso relativo. "Hace 10 años el vino español tenía más presencia, pero el empuje del vino italiano y el crecimiento de países como Grecia, Alemania, Austria o Portugal lo han ido desplazando". Italia y los espumosos siguen dominando la oferta de este complejo de restauración, comercio, alojamiento y bienestar de lujo, pero Farrelly mantiene una selección de pequeños productores como Corta y Raspa La Charanga, Trenzado de Suertes del Marqués y La Bruja de Rozas de Comando G.


Lo que cuentan las cifras

Australia, quinto productor mundial de vino en 2025, es un mercado marcadamente interno: más del 80% del volumen de vino consumido es de producción local, una proporción superior incluso a la de Estados Unidos o Francia.

Tras una década de crecimiento, las importaciones han empezado a retroceder, según Wine Australia. Los datos de ICEX completan la fotografía: Francia está a la cabeza con casi el 46% de las importaciones, seguida de Nueva Zelanda, Italia y Estados Unidos (este último ha duplicado sus ventas desde 2020). España, en cambio, redujo sus exportaciones a Australia un 33% entre 2020 y 2024. Esto se explica en parte por el peso limitado de Australia en las exportaciones españolas: apenas el 0,3% en valor y el 0,1% del volumen total de vino exportado por España en el interanual a noviembre de 2025, según Begoña Olavarría, de la Unidad de Inteligencia Económica del OIVE.

Virginia Maroto Nieto, de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Australia, describe bien la paradoja. "Hay importadores especializados en vino español y una presencia amplia de denominaciones de origen, sobre todo en restauración. Pero en comparación con Francia o Italia, el vino español ocupa menos espacio del que cabría esperar teniendo en cuenta su calidad y diversidad. Para muchos consumidores australianos, el vino español sigue siendo un gran desconocido y a menudo queda relegado a restaurantes españoles o de inspiración mediterránea".

Para revertir esta situación, en 2026 llega por primera vez a Australia la campaña institucional Eat Spain, Drink Spain, orientada a dinamizar tanto el canal minorista como la hostelería mediante promociones y menús especiales. A ello se suma Eat Spanish (en la imagen inferior), una asociación sin ánimo de lucro fundada en 2018 por chefs españoles para hacer bandera de la gastronomía española en eventos del sector y para el gran público.


Aunque es un mercado pequeño, la diversidad de la oferta es considerable, asegura la australiana Beth Willard, experta en vinos españoles y afincada en España. "El vino español ocupa un nicho muy reducido, pero la selección es muy interesante. A diferencia de mercados más maduros como el Reino Unido o Alemania, más centrados en las tres 'R' —Rioja, Rías Baixas y Rueda—, y en los estilos Reserva y Gran Reserva, Australia importa una gama mucho más heterogénea de regiones y variedades. He visto bares españoles con cartas centradas en tintos gallegos que conviven con vinos modernos de gama alta de Aragón y Jumilla".

Barrica Wines es un buen ejemplo. Fundado en 2013 para abastecer al bar Tapavino y convertido hoy en uno de los grandes importadores de bebidas españolas con tres restaurantes en Sídney, su catálogo incluye nombres como La del Terreno, El Escocés Volante o Bodegas Frontonio. "En Australia están ganando terreno los proyectos de nueva generación que trabajan con variedades autóctonas en regiones como Ribeira Sacra, Bierzo y Valdeorras, con uvas como mencía, godello, garnacha blanca y bobal", apunta su director, Dean Simmons. 

Educación y auge de los tintos ligeros

Para Frank Dilernia, propietario de Tapavino, la clave sigue siendo la pedagogía. "Si alguien disfruta con una shiraz de Barossa, es la oportunidad perfecta para animarle a probar una monastrell de Jumilla, o incluso un Priorat". En Balcón by Tapavino, en el distrito financiero de Sídney, los tintos dominan claramente, con una tendencia marcada hacia estilos más ligeros procedentes de Gredos y Ribeira Sacra. Entre los blancos, albariño y verdejo lideran las ventas, aunque el Rioja blanco empieza a ganar terreno.

Helena Edgerton, formadora en la Sydney Wine Academy y experta en Rioja, habla de un cambio de ciclo. "Hace diez años, con suerte veías uno o dos vinos españoles en una carta. Hace cinco, España era el primo pobre. Hoy en día, hay un interés real por aprender". Edgerton señala dos tendencias: el tempranillo de La Mancha y Valdepeñas como entrada de gama en grandes cadenas como Dan Murphy's, y la mencía "crujiente" como favorita de los sumilleres en cartas más contemporáneas.

La mencía, de hecho, se ha convertido en el emblema del auge de los tintos ligeros españoles en Australia. Sara Torres, de Prince Wine Store (en la imagen inferior), con vinotecas en Melbourne y Sídney, la describe como una variedad que se sitúa "entre la shiraz y la pinot noir, con notas de grafito y, en ocasiones, ese toque casi de Beaujolais". Bierzo y Ribeira Sacra están entre sus regiones más vendidas, junto a Rioja, Rías Baixas y Ribera del Duero.


No todos comparten ese entusiasmo sin matices. Wasley explica que la acidez de la mencía puede quedarse corta para quienes buscan un estilo similar a la pinot noir. Él apuesta más por una garnacha fina, o por variedades menos conocidas como mandó, moristel o callet.

Blancos salinos, la ‘Grenaissance’ y el enfoque ibérico

Si hay una categoría con recorrido, es la de los blancos. Tom Robertson, de Alimentaria, la importadora de MoVida con más de 400 referencias en su portfolio, defiende que España tiene una posición privilegiada en el segmento por debajo de los 20 dólares australianos (12 euros). "Pocos países del Viejo Mundo pueden ofrecer vinos de calidad por debajo de 4,50 euros al distribuidor. La demanda existe, pero la oferta es escasa".

Más allá del precio, Robertson destaca que los "blancos salinos" están impulsando las ventas, desde godellos como Viña Somoza, de perfil cítrico y herbáceo, a Envínate en Canarias o las elaboraciones de Raúl Moreno en Jerez. Robertson señala además una limitación estructural que lastra al vino español: en restauración, la oferta suele reducirse a tres o cinco referencias, mientras que en tienda especializada puede superar las 20. De ahí que el canal minorista tenga mayor peso en valor y distribución.

Torres coincide en que los Riojas blancos, godellos y palominos sin encabezar funcionan bien en tienda, a los que se suma la garnacha de Gredos, que va ganando visibilidad. En paralelo, Australia vive su propia "Grenaissance", con una revalorización de la garnacha tras décadas a la sombra de la cabernet. Esta variedad mediterránea apenas supone el 1% de las plantaciones actuales, pero acapara cada vez más atención por parte de la crítica.


Las variedades ibéricas, en realidad, llevan mucho tiempo integradas en el viñedo australiano. Garnacha/grenache y monastrell/mataro están tan asentadas que su origen español se ha desdibujado. La tempranillo, en cambio, actúa como eje del “nuevo enfoque ibérico”, según el productor especializado en variedades españolas Peter Leske de La Línea, en Adelaide Hills. Albariño y mencía muestran potencial, pero Leske introduce un matiz: Italia y Grecia parten con ventaja gracias a una población inmigrante más numerosa y a una gastronomía más arraigada. "En Adelaida, casi todo el mundo tiene algún amigo o familiar de origen italiano. Con España es mucho menos frecuente".

El escaparate de las grandes cadenas

La estructura del comercio del vino en Australia es diversa y abarca desde grandes tiendas de vino a lineales en los supermercados y tiendas independientes especializadas. En 2023, dos grandes grupos concentraban el 80% del valor de las ventas en este canal, con Endeavour, propietaria de Dan Murphy's, a la cabeza y BWS.

Markuz Patz, formador WSET y especialista de vinos en Endeavour Group, describe una transformación rápida. "Cuando entré en el grupo en 2018, España compartía espacio con Portugal y Sudamérica, y la oferta era limitada, pero en los últimos siete u ocho años, la oferta española ha dado un vuelco". Patz destaca el giro desde nombres consolidados como Marqués de Murrieta y Emilio Moro hacia "productores más pequeños y orientados al terruño, reflejo tanto de la curiosidad del consumidor como de las tendencias globales", con ejemplos como Lagravera en Lleida y Ego Bodegas. También se ha ampliado el mapa, señala Patz: a los bastiones tradicionales de Rioja y Jerez se suman ahora la ‘España Verde’, con Rías Baixas, Bierzo y Ribeira Sacra, Campo de Borja y Murcia, con Jumilla a la cabeza. "En apenas cinco años, tanto el número de referencias como el volumen de ventas se han más que duplicado".

Visto en perspectiva, el entusiasmo que Errea describía en 2014 parece más un punto de partida que untecho. Beth Willard es optimista sobre el futuro: "El vino español debería tener una distribución más amplia en Australia. Ofrece diferenciación sin perder referencias reconocibles y, muchas veces, encaja mejor con el paladar australiano que otros vinos europeos". Quizás lo único que se necesita es reactivar esa chispa inicial.

Firma

Nika Shevela

Profesional multilingüe, Nika Shevela centró su tesis final del Diploma WSET en los vinos sin alcohol o con bajo contenido alcohólico. Desarrolla su actividad en los ámbitos de la educación, la traducción y la creación de textos, y promueve la cultura del vino y las nuevas tendencias en el mundo de las bebidas a través de sus proyectos Wine Alphabet y Lagom Somm.