La garnacha reina en Priorat, en la mayoría de denominaciones aragonesas, en la Sierra de Gredos y en amplias zonas de Navarra y Rioja, pero su excelente resistencia a la sequía y su buena adaptación al cambio climático la están extendiendo por media España, incluyendo zonas como Ribera del Duero o Toro cuyo meteórico ascenso de finales del siglo XX y principios del XXI se apoyó casi exclusivamente en la tempranillo.
A diferencia de Ribera, donde la garnacha daba vinos con poco color y estructura frente a la potencia de la tempranillo, Toro conservó un pequeño patrimonio de viñas viejas. Según defiende la DO Toro, la variedad llegó desde Aragón a finales del siglo XV tras la guerra de sucesión castellana que puso en el trono a Isabel la Católica; y, de hecho, se conoce localmente, como tinto aragonés o tinto navarro.
Pasada la moda de los tintos potentes, la garnacha se ve como una bendición para equilibrar la tinta de toro, aportar frescura y jugosidad y rebajar la carga tánica y las sensaciones alcohólicas que esta última puede alcanzar en añadas cálidas.
La familia García, que apostó por Toro a mediados de los años 90 para poner en marcha San Román, su segundo proyecto en el valle del Duero después de Mauro, la utiliza actualmente en muchos de sus tintos. Representa alrededor del 15% en el ensamblaje de su tinto de entrada de gama, Prima, y algo menos, un 5%, en la marca central San Román.
Desde que la DO autorizara la elaboración de monovarietales de garnacha en Toro, la bodega ha comercializado San Román Garnacha, que se estrenó con la cosecha 2018. La añada 2022, la quinta en la historia del vino, fue particularmente calurosa, con una primera ola de calor en mayo que afectó a la floración y generó corrimiento. Solo hubo algo de alivio al final del ciclo por la llegada de algunas tormentas en septiembre y la bajada de las temperaturas nocturnas en los días previos a la vendimia, que se llevó a cabo el 16 de septiembre.
Las uvas vienen del paraje El Monte, en Villaester (Valladolid). Son cepas en vaso con una media de 60 años plantadas en un suelo arenoso muy pobre. Para Eduardo García, director técnico del grupo Mauro, la finura en la zona está ligada precisamente a una mayor proporción de arena.
Todo el cultivo es ecológico y, en los últimos años, se está evolucionado hacia la biodinámica. La vinificación se realizó con racimos enteros y pisado de los hollejos, y el vino envejeció en barricas de roble francés de 500 litros durante 18 meses.
En la copa encontramos una garnacha de bastante más potencia que las de los productores más punteros de Gredos, Rioja u Aragón, pero tiene muy buena carga de fruta roja y azul, con sensaciones maduras y jugosas, y notas lácticas. La textura es excelente y el final de boca está marcado por notas terrosas y minerales que aportan personalidad. Ofrece una manera más relajada e inmediata de acercarse a Toro, pero sin renunciar a la identidad de la región. Ideal para aficionados con la mente abierta que quieran entender la fascinante versatilidad y capacidad de adaptación de esta variedad, y aprecien el conocimiento del valle del Duero de la familia García.
14,5% vol.
3.085 botellas
46 €
Puntuación: 93
Amaya Cervera
Periodista especializada en vino con más de 25 años de experiencia. Fundadora de Spanish Wine Lover y Premio Nacional de Gastronomía a la Comunicación Gastronómica 2023
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