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Victoria Torres Pecis

Ciudad Real, s/n. 38740 Fuencaliente de La Palma (Santa Cruz de Tenerife)

Victoria Torres Pecis

Quinta generación de una familia de viticultores, Victoria Torres Pecis es la punta de lanza de los vinos de calidad de La Palma. De origen volcánico, la isla está dominada por el impresionante Parque Nacional de la Caldera de Taburiente en el centro, y por el Roque de los Muchachos. Este pico rocoso a 2.426 metros alberga los telescopios del Observatorio Astrofísico y convierte a La Palma en la segunda isla más alta del archipiélago canario, pese a ser la quinta en extensión. 

Reserva Mundial de La Biosfera, la cercanía del mar y su influencia, y la orografía abrupta explican los numerosos microclimas, tipos de suelos y variedades plantadas en pie franco en un lugar donde la filoxera nunca llegó.

Esta geografía extrema también es más sensible al cambio climático y está convirtiendo la viticultura en una actividad heroica. En los últimos años, los agricultores han tenido que luchar contra la sequía, las temperaturas extremas, la erupción del volcán Tajogaite en 2021, que sepultó parte de los viñedos del paraje de Las Manchas, y la presión creciente de la fauna.

Las siete hectáreas de viña con las que trabaja actualmente Victoria, alguna de ellas de pequeños viticultores, están repartidas entre Fuencaliente, en el sur, donde tiene su pequeña bodega; Mazo, en el este; y Puntagorda, Tijarafe y Garafía, en el noroeste. El contraste entre las parcelas del norte y las del sur es enorme. En el norte, más fresco, los viñedos se encuentran en terrenos abancalados, entre los 1.200 y 1.400 metros de altitud, sobre suelos más viejos y evolucionados, sin capa de arena. En el sur, en cambio,  la ceniza volcánica o picón puede alcanzar los dos metros de profundidad. 

La productora palmera, que vinifica por parcelas y por variedades, tiene una filosofía poco intervencionista. Elabora de manera artesanal, con fermentaciones espontáneas y sin control de frío, y envejece en una gran variedad de recipientes: acero inoxidable, roble, hormigón, damajuanas y también el castaño que se había utilizado tradicionalmente en la zona.  

Aunque se considera parte activa de la DO, en los últimos años ha pasado a comercializar todas sus etiquetas, con excepción de la malvasía dulce, como vinos de mesa. El uso que hace de la volátil en años cálidos para conseguir algo más de frescura, por ejemplo, hace que sus muestras no pasen los controles del Consejo. 

Vinos blancos

Aunque escasa, la malvasía aromática es la variedad más apreciada de La Palma. Su grand cru es el paraje de Llanos Negros, una ladera de 200 a 400 metros de altitud orientada a poniente, en la vertiente más seca y menos expuesta a la humedad de los vientos alisios, con suelos muy pobres de arena volcánica donde se cultivan viñedos de hasta 130 años. Destinada tradicionalmente a dulces elaborados con uvas sobremaduradas en planta, como el preciado Victoria Torres Pecis Malvasía Naturalmente Dulce (50 cl., 70 €), un vino de perfume evocador y paladar amielado, la variedad ha encontrado una nueva vida en las elaboraciones en seco. La Malvasía Seca (45-50 €) de Victoria conjuga la concentración natural que aporta el lugar con una acidez y una verticalidad salina para construir un blanco serio y con potencial de guarda.

En la falda sur del volcán de San Antonio, bajo una loma negra frente al océano, se encuentra la parcela de Las Machuqueras, una de sus preferidas y que ha pertenecido a su familia durante cinco generaciones. Allí las viñas, en pie franco y con edades entre los 45 y 100 años, están protegidas por unas paredes llamadas cadenas, y se arrastran por el suelo de picón desafiando al viento del noreste que sopla sin piedad. De esta parcela elabora su Listán Blanco Las Machuqueras (43 €), un monovarietal vendimiado a mano que permanece en contacto con sus propias levaduras (como el resto de sus vinos) durante unos siete meses antes de un corto paso por madera. Concentrado y mineral, tiene un paladar agradable, con un punto salino (la listán blanco es la palomino de Jerez). De viñedos arrendados y de viticultores de este mismo paraje tiene también el listán blanco Monte (40 €).

En el sur elabora otros dos vinos. Las Migas (35 €) es un listán blanco con crianza en hormigón que combina viñedos propios y de algún viticultor con orientación oeste y cultivados desde los 350 a los 1.000 metros. La parte más elevada de la subzona de Fuencaliente, donde Victoria ha adquirido tres parcelas en los últimos tiempos, es El Tión. De aquí, en los años buenos elabora T+D, iniciales de Tión y de la variedad blanca diego (o bujariego). En alguna ocasión también se ha vinificado por separado listán negro de este paraje.

Con uvas de la parte norte de la isla, fundamentalmente listán blanco con algo de albillo, elabora Jerónimo (38 €). En el pasado hacía también un monovarietal de albillo, pero lo ha abandonado porque le resulta difícil encontrar viñedos plantados con esta variedad que pueda trabajar directamente.

Tintos, rosados y otras experiencias

El tinto central de la gama se apoya en la variedad tinta más característica de La Palma. Victoria Torres Pecis Negramoll (42 €) es un ensamblaje de viñas de distintas zonas (ella misma lo define en la etiqueta como “vino de isla”) que fermenta espontáneamente con racimo entero, se pisa con los pies y envejece en recipientes de madera de distintos tamaños. 

La versión tinta de Jerónimo (37 €), por otro lado, mira hacia los viñedos del norte para mezclar listán negro, negramoll y algo de listán prieto. En años de buena producción (muy pocos en los últimos tiempos, por desgracia) elabora también un monovarietal de listán prieto.

Otro vino firmemente asentado en la gama es el Clarete (36 €). Tiene la particularidad de que la uva procede de Hoyo de Mazo, la zona este de la isla donde la pérdida de viñedo es más acusada. Victoria ha llegado a trabajar dos hectáreas aquí, pero en la actualidad tiene el equivalente a una hectárea. El vino se elabora mediante una cofermentación de negramoll y listán blanco y negro, con un breve envejecimiento en madera y acero inoxidable.

Hay un apartado que Victoria denomina “Sin título” destinado a partidas que no encajan en ninguna de sus elaboraciones habituales. Son vinos que se quedan en bodega para continuar su evolución y poder entablar un “diálogo de opuestos” que dé lugar a ensamblajes complementarios: por ejemplo, este-oeste, o cota baja-cota alta. En este cajón caben también algunas mezclas de añadas que han empezado a ver la luz recientemente. “A fuerza de catar, descubrí que el ensamblaje de varias añadas reconectaba con la expresión de la parcela. Fue una especie de encuentro y una lección de lo que puede aportar el tiempo en la viña y en la bodega”, explica la productora, para quien cada nueva cosecha es una nueva aventura.

Todas estas etiquetas más o menos fijas se traducen en unas 16.000 botellas anuales, aunque las circunstancias climáticas determinan una alta variabilidad. En 2019, por ejemplo, no superó las 9.000 botellas, pero en 2026, una de las cosechas más abundantes de los últimos tiempos, alcanzará las 20.000. Eso sí, la mayor parte viajan fuera de España.