Carmen F. Uriarte
Calle de las Bodegas, 65, 01306 Lapuebla de Labarca (Álava)
www.instagram.com/carmenf_uriarte/
Con apenas 30 años, Carmen F. Uriarte no tiene tradición familiar bodeguera, pero lo que no le falta es formación técnica, curiosidad y arraigo emocional al territorio. Madrileña de nacimiento, pasó buena parte de su infancia en Fuenmayor, el pueblo de su padre, en una familia donde el vino siempre estuvo presente. Un tío suyo tenía un calado en Lapuebla de Labarca en Rioja Alavesa y Carmen acudía desde joven a ayudar en los embotellados, aunque entonces no imaginaba que acabaría instalándose en Rioja Alavesa y tomando las riendas de una pequeña bodega de cosechero.
Formada como ingeniera agrícola y con un máster en enología, sus primeros pasos profesionales estuvieron enfocados a la viticultura. Trabajó con el investigador José Ramón Lisarrague, una etapa que le permitió viajar por numerosos viñedos de la península, pero el punto de inflexión llegó en 2022, cuando hizó una vendimia en Argentina con la familia Zuccardi. Fue su primer contacto directo con una bodega y, según reconoce, el momento en que comprendió que el vino podía convertirse en su profesión. Después trabajó como técnico de viticultura en Bodegas Bilbaínas, en Haro, y más adelante en Viticultura Viva con Julián Palacios, incorporándose a principios de 2023.
Mientras seguía trabajando con Palacios, Carmen dio sus primeros pasos como elaboradora con apenas 200 kilos de uva cedidos por un primo, un siempre-lleno de 200 litros que instaló en el garaje de sus padres en Fuenmayor y un equipo básico que consiguió en Wallapop: una pequeña prensa de 50 kilos y una bomba para trasegar vinos. Ese carácter artesanal y autodidacta sigue muy presente en el proyecto actual.
En 2023 conoció al veterano viticultor Txutxi Muro y la conexión fue inmediata. Muro no solo le cedió un espacio en su bodega en Lapuebla, sino que prácticamente desde el primer momento le dio plena confianza. Carmen empezó ayudándole con sus vinos y aprendiendo de primera mano los secretos de una buena maceración carbónica tradicional. “Me acogió como si fuera de la familia”, recuerda.
Txutxi, que pensaba jubilarse ese mismo año y cuyo hijo había seguido otro camino profesional, acabó proponiéndole continuar con la actividad de la bodega. En 2024, Carmen tomó las riendas de la bodega, que hoy gestiona en alquiler. Txutxi, sin embargo, sigue muy presente: conserva el txoko dentro de la nave y continúa acudiendo casi a diario con los amigos. A Carmen le gusta escuchar esas conversaciones porque, dice, ahí también se aprende sobre Rioja.
La joven elaboradora ha querido mantener viva la figura tradicional del cosechero de Rioja Alavesa, ese viticultor que cultiva sus viñas y elabora sus propios vinos. Para ella, es una de las señas de identidad de la comarca en un contexto cada vez más globalizado.
La base del proyecto son precisamente los vinos de maceración carbónica al estilo de Rioja Alavesa, siguiendo el camino que marcó Txutxi. La cosecha 2024 fue la primera de Carmen y sumó unos 20.000 litros. Frente a los perfiles más maduros habituales en la zona, Carmen busca mayor frescura y fluidez, adelantando ligeramente la vendimia y trabajando con temperaturas de fermentación más bajas, aunque sin abandonar los métodos tradicionales.
Los vinos
Mahaia, su vino de entrada (2.600 botellas, 10 €), resume bien esa filosofía. Elaborado con un 95% de tempranillo y un 5% de viura y graciano, procede de uvas compradas al viticultor que trabaja las viñas que le vendió Txutxi y a otros productores de Lapuebla de Labarca y Laguardia. Fermenta y realiza la maloláctica en los depósitos de hormigón típicos de los cosecheros riojano-alaveses, donde permanece afinándose durante cuatro meses. El resultado es un tinto goloso, de fruta negra madura, fresco y fácil de beber. El nombre juega además con la idea de vino de mesa: mahaia significa precisamente “mesa” en euskera.
Labaia (4.000 botellas, 16,5 €) sube un peldaño en ambición. Es un tempranillo procedente de distintas viñas de Rioja Alavesa que también fermenta en hormigón, aunque posteriormente pasa ocho meses en barricas francesas, en parte usadas y con un pequeño porcentaje de roble nuevo. Existe igualmente un Labaia blanco (500 botellas), elaborado a partir de viura de cepas viejas en vaso adquirida a un viticultor de Laguardia y criada durante diez meses sobre lías en barricas bordelesas usadas.
Más singular resulta Remango (1.300 botellas, 20 €), un vino concebido como homenaje a Txutxi y a las antiguas formas de elaboración. El nombre hace referencia a la primera de las tres vueltas que se dan a la pasta durante la fermentación tras el pisado manual de las uvas en el lago de hormigón abierto: remango (escurrido del primer pisado), pie y trasnocho o escurrido nocturno. Tras la fermentación alcohólica, el vino se cría en barricas de 500 y 600 litros.
Junto a esta línea más ligada al concepto tradicional de vino de zona, Carmen desarrolla una segunda gama de vinos de pueblo y parcela bajo el nombre Carmen F. Uriarte. Para ello trabaja con cuatro viñas arrendadas en Laguardia a un viticultor recién jubilado, parcelas que Txutxi le ayudó a localizar y que considera especialmente interesantes por su potencial y por todo lo que todavía puede aprender de ellas. Cada viña se vinifica por separado, con uva despalillada, fermentaciones espontáneas en cubas de plástico y crianza de diez meses en barricas usadas de 500 litros. En estos vinos el sulfuroso solo se añade al final; se clarifican con clara de huevo pero no se filtran, a diferencia de los de maceración carbónica.
Por ahora, la referencia disponible de esta gama es Carmen Uriarte Viñedos en Laguardia Tinto, un vino donde aparece la profundidad del viñedo viejo, con abundante fruta negra, carácter fragante y una boca amplia y envolvente. Sale al mercado en torno a los 30 €.
Aunque los viticultores con los que trabaja siguen manejando sus viñas en convencional, Carmen quiere avanzar progresivamente hacia prácticas ecológicas y sostenibles en las parcelas que gestione directamente. Todo el proyecto se sostiene, de momento, gracias a sus ahorros personales y al apoyo económico de sus padres, sin ayudas de la administración.
En la vendimia de 2025 entraron en la bodega unos 35.000 kilos de uva, principalmente tempranillo, aunque también viura. Carmen incorporó además pequeñas partidas experimentales de garnacha tinta procedente de una vieja viña en Cordovín y graciano de Elciego, variedades y orígenes con los que quiere seguir aprendiendo antes de decidir el rumbo definitivo de futuros vinos.
La bodega, ubicada en Lapuebla de Labarca, está abierta al enoturismo en grupos reducidos y siempre con reserva previa, en línea con el carácter cercano de un proyecto al que conviene seguir de cerca.
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