Bodega más que centenaria, fija su fecha de fundación en 1870 cuando los archivos municipales de Fuenmayor constatan que la actividad principal de Celestino Navajas es el vino. Panadero de profesión, el negocio se construye sobre los viñedos de su mujer, Eusebia Lafuente. Tras la muerte de Celestino en 1896, la empresa cambió su denominación a Viuda de Celestino Navajas.
El gran desarrollo se produce con la segunda generación encarnada en Gregorio y Alejandro Navajas. Si el primogénito Gregorio intentó crear la primera cooperativa de Rioja, la Sociedad de Labranza de Fuenmayor de la que fue presidente, Alejandro trascendió el sector del vino. Formado en Burdeos, se afincó en Bilbao donde se codeó con lo mejor de la burguesía vizcaína. Fue consejero de la Sociedad Española de la Dinamita (SED) y de la Cía. del Vapor Nemrod destinada al transporte de explosivos por vía marítima, y llegó a tener su propia naviera.
Montecillo y Viña Monty
La muerte prematura de su hermano le llevó a liderar la bodega y a trasladar parte de su actividad empresarial a La Rioja, donde fundó la Cía. Hidroeléctrica del Buicio y edificó el cine de Fuenmayor. Los vinos de este periodo llevan la leyenda Alejandro Navajas Cosechero en la etiqueta. El Montecillo, su marca principal, se corresponde con una finca de excelente maduración arropada por el río Ebro que pertenecía a la Sociedad de Labranza de Fuenmayor, pero que, tras el fracaso de la iniciativa, fue adquirida por Alejandro en 1919. Con estas uvas se elaboraban tanto vinos tintos como un blanco seco comercializado en botella rin.
Viña Monty, otra marca clave en la historia de la bodega, es una creación de José Luis Navajas, hijo de Alejandro. Nacido en 1901, se hizo cargo de la bodega en 1943 -en 1941 se había transformado en sociedad anónima. Se formó primero como capataz en Vilafranca del Penedès y estudió después en Beaune, en Borgoña. Monty era una alusión a Montecillo en inglés y su gama se presentaba en botella borgoña y con etiquetas de color verde claro. José Luis Navajas fue un enólogo de prestigio en Rioja y el introductor de la fermentación en frío en la región. Sin descendencia directa y sin familiares interesados en el negocio, en 1973 vendió la bodega al grupo jerezano Osborne.
Los años 70 estuvieron marcados por la llegada de grandes inversores a Rioja y también por la crisis de petróleo. Para hacer frente a sus efectos y financiar la edificación de una moderna bodega en terrenos municipales de Navarrete, la nueva propiedad vendió todas sus viñas, incluida la finca de El Montecillo. Desde entonces, pasó a abastecerse únicamente de proveedores. El grueso de las uvas procede de Rioja Alta, con un centro importante en Baños de Ebro (Rioja Alavesa), mientras que Rioja Oriental es el lugar para comprar garnacha blanca, sauvignon blanc y graciano. Hoy cuentan con cuatro hectáreas propias junto a la bodega donde se está desarrollando un proyecto de vino ecológico. De las viejas instalaciones en el centro de Fuenmayor se ha conservado el edificio central y su valioso calado con añadas históricas elaboradas por la familia Navajas hasta 1926.
La bodega procesa entre tres y cinco millones de kilos de uva. Cuenta con 17.000 barricas y un espectacular botellero en el que se sigue apilando de forma manual. Y otro dato curioso: entre los años 70 y 2010, Montecillo tuvo tonelería propia. Realizaba una parte del secado y fabricaba casi la totalidad de las barricas de roble americano.
Clásicos, modernos y añadas históricas
Los vinos de mayor producción se integran en lo que se denomina “gama clásica”, donde se inscriben sus Montecillo Crianza (8 €), Reserva (13 €) y Gran Reserva (22 €). Hay también un rosado de tempranillo tinto y blanco (7 €) y un blanco fermentado en barrica (10 €) con más de un 40% de sauvignon blanc en el ensamblaje.
Los “vinos singulares” se definen como elaboraciones de corte más moderno. Hay dos Edición Limitada: una garnacha blanca (17 €) y un tinto (18 €) de tempranillo y graciano en el que esta última variedad se sitúa en torno al 30%. Cierra la colección Montecillo Gran Reserva 22 Barricas (37 €), un ensamblaje de las cuatro variedades tintas clásicas de Rioja con dominio moderado de la tempranillo (45%), buen peso de graciano (35%) e idénticas proporciones de garnacha y mazuelo.
La gama más premium está centrada en la comercialización de añadas antiguas y en la recuperación de la marca Viña Monty, relanzada en 2020 para celebrar el 150 aniversario de la bodega. Estos vinos se elaboran en una nave independiente en la que se presta especial atención a los blancos.
La gama Viña Monty incluye tres reservas que no superan las 8.000 botellas de producción y cuesta alrededor de 40 €. Viña Monty Viura se nutre de una viña muy vieja del municipio de Sotés, en la zona de Moncalvillo; es un carasol poco productivo en suelos de arena y canto rodado sobre una base caliza. Para Viña Monty Garnacha se han elegido cepas de más de 85 años en Arenzana (valle del Najerilla) que dan un perfil jugoso y exuberante. El vino pasa 24 meses en roble francés, pero sale al mercado con cuatro años de botella. Por último, Viña Monty Graciano combina una viña de Cenicero de 30 años en terreno calcáreo con una pequeña parte de graciano de Rioja Oriental sobre suelo arcilloso. Sin perder los toques herbales y la energía que caracterizan a la variedad, destaca por su agradable textura y ligera voluptuosidad.
La colección de añadas históricas da cabida a los Viña Monty Gran Reserva (1975, la añada más antigua a la venta, se elaboró aún con uvas de El Montecillo) y a la gama Montecillo Gran Reserva Selección Especial que sale al mercado 15 años después de la fecha de cosecha. Los vinos se elaboran solo en añadas excelentes y buscan mostrar matices muy específicos de la cosecha, por lo que no hay necesariamente una continuidad en el estilo. Así, hay más garnacha en 1981, una aportación de maturana de Navarrete que marca el estilo del 1994, o más estructura en el 2001 mientras que el 2007 es más jugoso y refinado.
En enoturismo, Montecillo saca buen partido de la amplitud del recinto. Son 20.000 metros cuadrados con una agradable zona de jardines donde disfrutar de un picnic en los meses de buen tiempo o del ciclo de conciertos Montecillo Summer Soirée, además de poder organizar eventos o incluso bodas. Hay tienda, wine bar y hasta una experiencia de escape room.
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