Montaña del Arco
Camino de la Rosa, 21. 38789 Puntagorda (Santa Cruz de Tenerife)
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Con una carrera de dos décadas en la hostelería, la mayor parte en Fuerteventura, donde fue propietario de un restaurante, el italiano Diego de Lorenzo ha hecho realidad su sueño de crear un proyecto vinícola y dar rienda suelta a una pasión que fue creciendo a lo largo de los años, alimentada por numerosos viajes a regiones vinícolas, fundamentalmente italianas. Uno de los vinos que más le han marcado ha sido una elaboración del productor Frank Cornelissen en el Etna (Sicilia).
Con gran esfuerzo, ha reunido 40 parcelas abandonadas que formaron parte de una antigua finca de viñas en Puntagorda, en la subzona Norte de La Palma, donde pretende replicar el modelo de la casina, la hacienda agrícola típica del entorno de Milán. Son cinco hectáreas, dos de ellas de viñedo, a las que podría añadir alguna plantación más en el futuro. La propiedad cuenta además con una parcela vieja de listán blanco, olivos y huerta, todo en ecológico, junto con animales. En los suelos, de unos 70 cm de profundidad, domina la arcilla roja.
Las nuevas plantaciones, todas en pie franco, se realizaron a finales de la década de 2010 con material vegetal de viticultores locales respetuosos con sus viñas. Ha apostado especialmente por la vijariego negro, pensando en el cambio climático, así como por variedades menos habituales como la listán prieto o la baboso negro, pero trabaja también las clásicas de la isla, como las blancas albillo criollo, habitual en los viñedos elevados del norte, listán blanco, y la tinta negramoll. Su única variedad internacional es la syrah.
La primera añada comercializada fue 2022, con una producción modesta de 2.500 botellas, pero para 2025 ya había alcanzado las 10.000 botellas. Hasta esa cosecha no hay madera en ningún vino. Ha utilizado sobre todo ánforas de cerámica o depósitos de fibra de forma ovoidal. De momento, elabora en instalaciones de terceros, pero el objetivo es poder construir una bodega propia en la finca.
Los vinos
La gama arranca con Chubasco (1.000 botellas), un original espumoso ancestral de negramoll, expresivo y con una agradable explosión de fruta en final de boca, que elabora a partir de una viña centenaria de Antonio “el Ratón”, primer viticultor ecológico de La Palma.
Sendero es la marca central para los vinos de mezcla de variedades en versiones blanca y tinta. Las condiciones de la cosecha pueden alterar los porcentajes de cada uva, en especial en el blanco, que lleva listán blanco (casi todo de viña vieja), albillo criollo y vijariego blanco como variedades principales, más un 7-8% de malvasía. La añada 2024 (unas 1.500 botellas) es floral y untuosa. El tinto (unas 2.000 botellas), con cierta calidez, pero herbal y fluido a la vez, se construye, por orden de cantidad, a partir de listán prieto, vijariego negro, listán negro y negramoll.
Hay también un interesante, energético y vivaz vijariego negro que se comercializa bajo la marca Amagante, pero del que apenas se elaboran 400 botellas. Es una cantidad similar a la Diego de Lorenzo hace de Herético, un tinto más concentrado por el peso de la syrah, pero con el efecto refrescante de un 15% de vijariego negro. El perfil es más cárnico y profundo en Oveja Negra, un 100% syrah criado en ánfora de cerámica. En la añada 2025 se estrena también un Herético Blanco de albillo criollo trabajado también en ánfora.
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