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Lagar de los Frailes

CP-55, 14920 Aguilar de la Frontera (Córdoba)

lagardelosfrailes.com
Lagar de los Frailes

Lagar de los Frailes es una bodega situada en Moriles Altos, una de las zonas históricas de viñedo de calidad de la DO Montilla-Moriles. Está a unos 400 metros de altitud y en la comarca dominan los suelos de albariza, aunque en las cotas más bajas aparecen suelos de arcilla roja.

El pueblo de Moriles surge de la antigua Aldea de Zapatero, donde se asentaron las personas que trabajaban en los 13 lagares que había en dicha localidad. Uno de ellos era el Lagar de los Frailes, que hoy pertenece administrativamente a Aguilar de la Frontera pero que, geográficamente, está muy cerca de Moriles.

Los primeros datos sobre el Lagar de los Frailes aparecen en el Catastro de Ensenada de 1749. Allí se menciona, en el pago de “Los Moriles”, un viñedo propiedad de los Carmelitas Descalzos de Aguilar que, por superficie, propiedad y localización, coincide con los datos del actual lagar.

En 1982, la propiedad pasa a manos de los farmacéuticos Jesús Pérez de Cisneros y su primo José María Ayala Pérez, ambos naturales de Puente Genil, quienes compartían su afición por el campo y los vinos generosos. La tradición familiar se remontaba a su abuelo Pedro Pérez Porras y a su tatarabuelo Enrique Reina Morales, quienes ya elaboraban vinos en Puente Genil, en la bodega Hijos de Enrique Reina, fundada a finales del siglo XVIII y responsable de marcas como Fino CR, Solera Fina Manolete y Natilla.

El proyecto inicial de los primos era comercializar vino envasado procedente exclusivamente de las 20 hectáreas de viñedo de Pedro Ximénez que tenía originalmente la finca, criando y envejeciendo los vinos en la bodega del Lagar. Para ello instalaron una prensa nueva, compraron botas viejas de roble americano y ampliaron la bodega con un casco semienterrado destinado a almacenar las soleras y criaderas de sus vinos. Sin embargo, la crisis de los vinos generosos entre los años 80 y 90 dio al traste con sus planes. Aunque llegaron a hacer más de 10 vendimias, la última en 1993, el vino solo llegó a comercializarse a granel y la bodega trabajó como almacenista para otras casas.

Con el paso del tiempo, el Lagar fue reduciendo su actividad, vendiendo la uva a la cooperativa, mientras los vinos permanecían en crianza estática durante más de 20 años. A partir de 2010, la familia Pérez Morales decidió revitalizar el patrimonio líquido de la bodega. Para ello empezó a comprar mosto de Moriles Altos con el que refrescar y mantener las botas de crianza biológica y clasificar todos los vinos.

Hoy Lagar de los Frailes cuenta con 10 hectáreas de viña y una bodega familiar que gestionan Cristóbal, Charo, Ana y Dolores Pérez Morales, cuatro de los seis hijos de Jesús, fallecido en 2017. Como ninguno de ellos puede dedicarse todavía de forma íntegra al negocio del vino, la uva se vende a la cooperativa local y Lagar de los Frailes compra mosto para alimentar sus criaderas y soleras, siempre de calidad y procedente de Moriles Altos, con el fin de mantener la identidad de la bodega. El objetivo de la familia es rentabilizar el negocio para que pueda autoabastecerse con su propia uva.

El complejo cuenta con un casco de bodega con 39 botas de crianza oxidativa, otro casco con 35 tinajas de cemento o conos, hoy en desuso, y una nave semienterrada de crianza biológica con unas 350 botas.

Desde 2022, con el asesoramiento enológico de Miguel Castro Maíllo, elaboran nueve vinos, aunque actualmente están reorganizando el portfolio para reducir este número y embotellar toda la gama en 75 cl, en lugar de los formatos más pequeños en los que se comercializan los vinos más viejos.

Los vinos

La gama comienza con Anzur (800 botellas, 12 €), un vino blanco lanzado con la cosecha 2024. Como el resto de la gama, se hace con Pedro Ximénez, pero en este caso es un blanco fresco y ligero, sin paso por madera. Blanquizal (1.050 botellas, 23 €) nace de la colaboración con Miguel Castro. Antiguamente, en Moriles se llamaba blanquizales a los mejores suelos calcáreos de albariza hojaldrada, y este vino busca expresar la sapidez y la estructura que estos suelos imprimen a los vinos. Procedente de una parcela situada en la parte alta de la finca de Lagar de los Frailes, pasa un año en bota antes de homogeneizarse en un depósito durante cuatro meses y embotellarse después de la Navidad siguiente.

Con una vejez muy superior a la mínima requerida por la DO Montilla-Moriles, los vinos de entrada de crianza biológica son el Fino Lagar de los Frailes (1.000 botellas, 10 €), con seis-siete años de crianza media, y el Fino en Rama Lagar de los Frailes (500 botellas, 19 €), con ocho-diez años. Ambos representan bien el carácter de Moriles Altos, con estructura y agarre, y son una excelente introducción a los vinos de esta zona. También se venden en bag-in-box en la tienda de la bodega y en la hostelería local.

El carácter más salino se hace más evidente en el Fino Viejo Lagar de los Frailes (300 botellas de 50 cl, 25 €), con 10-12 años de edad media, y en el punzante y especial Fino Viejísimo El Franciscano (300 botellas de 50 cl, 37 €), que, con más de 20 años, todavía conserva la capa de flor.

Los tres amontillados de Lagar de los Frailes, todos de grado natural y sin encabezar, se conservan en las viejas botas de un pequeño casco de bodega dedicado exclusivamente a la crianza oxidativa. Es una sala de olor embriagador que funciona también como sacristía.

El Amontillado Lagar de los Frailes (300 botellas, 24 €) combina una crianza biológica bajo velo con una posterior crianza oxidativa durante unos 12-15 años y alcanza los 16,5% vol. El Amontillado en Rama (200 botellas, 35 €) tiene 20 años de crianza y una salinidad muy bien definida. Cáliz (a demanda) procede de las soleras más antiguas de Lagar de los Frailes. Con 20 años de crianza biológica, tras la desaparición natural del velo, y otros 20 de crianza oxidativa, es un vino extremo y cuchillero en el paladar, tan especial como escaso e histórico.

Lagar de los Frailes ofrece diversas visitas guiadas a la bodega de Moriles, con catas de sus vinos, incluida una de las soleras más viejas de la casa, y también acoge eventos privados.