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Hasiberriak

Gametxo, 12. 48311 Ibarrangelu (Bizkaia)

hasiberriakwines.com
Hasiberriak

Los ingenieros Dabit Zabala y Arkaitz Gabantxo son los “novatos” (traducción de hasiberriak al castellano) que, a modo de hobby, arrancaron en 2017 un pequeño proyecto vinícola en la comarca vizcaína de Urdaibai.

El detonante fue la muerte del padre de Dabit en 2016, que dejaba un viñedo en Mendata, en la margen derecha del río Oka. A esto se sumó la posibilidad de adquirir una viña abandonada en la otra vertiente del valle, en el municipio de Errigoiti, lo que les daba acceso a perfiles de uvas bien diferentes. Estructura y buena madurez en Mendata, con suelos limosos sobre roca madre de pizarra; acidez y frescura en Errigoiti gracias a la mayor altitud (se alcanzan los 400 metros) y a la influencia de la brisa marina que se adentra por la ría de Gernika. Los suelos son más arcillosos y se asientan sobre cayuela, un tipo de roca caliza bastante fragmentada que permite el paso de las raíces.

La variedad mayoritaria es la hondarrabi zuria, seguida de hondarrabi zuri zerratia, y pequeños porcentajes de hondarrabi beltza y variedades internacionales plantadas en su día a nivel experimental como riesling, sauvignon blanc y chardonnay.

Los vinos se elaboran en una bodega-garaje del barrio de Gametxo, en Ibarrangelu, cuya improvisada -y maravillosa- sala de catas es un mirador al aire libre con espectaculares vistas de la costa y de la isla de Izaro.

Viñedos 

La trayectoria de Hasiberriak muestra las dificultades del cultivo ecológico en una zona de elevada pluviometría y humedad, así como la necesidad de enfocarse en vinos de valor añadido por el alto coste del cultivo. 

De las 15.000 botellas que empezaron a elaborar, la producción llegó a caer a 3.000 ante la dificultad de combatir hongos y plagas. Esto ha llevado a abandonar el cultivo ecológico en el viñedo de Mendata en 2025, donde se producían las mayores pérdidas, y mantenerlo solo en la margen izquierda, donde llega el sol de la mañana desde muy temprano y se elimina rápidamente la humedad. La medida permitirá superar las 10.000 botellas de producción a partir de la cosecha 2026. 

En campo, la filosofía de trabajo se está orientando a regenerar el suelo y a nutrir la uva mediante el uso de fermentados. “Aquí es muy difícil que la uva llegue súper sana a la bodega”, explica Gabantxo. Otra preocupación en la zona es limitar el uso de cobre en el viñedo. Al proyecto inicial se ha incorporado una hectárea más de viña de Gabantxo en la zona de Lumo, justo debajo de Errigoiti, con hondarrabi beltza y gros manseng (izkiriota en euskera). 

Los vinos

Respecto a los vinos, 2022 fue la última cosecha del txakoli básico de copeo Mempe. La gama actual está compuesta por tres blancos de personalidad cada vez más diferenciada que se presentan en botella borgoña, y un espumoso. En bodega, intentan prensar con racimos enteros, trabajan con fermentaciones espontáneas y embotellan sin clarificar ni filtrar. Utilizan una diversidad bastante grande de recipientes de crianza y fermentación: acero inoxidable, ánfora, flextank y madera de roble y castaño.

Todos los vinos llevan nombres de oficios tradicionales de la zona. La gama arranca con Nekazari (20 €, agricultor en castellano, crianza en ánfora y acero inoxidable), su blanco más fresco que ofrece un perfil preciso de la zona, con viva acidez y tonos salinos. Arotz (28 €, carpintero) apuesta por la crianza en barrica, cada vez con más peso de madera de castaño frente al roble francés. Es un blanco serio, con menos perfil de txakoli, pero con sapidez y longitud. Los vinos más anecdóticos y de producción más reducida, por debajo de 1.000 botellas, son Baserritar (35 €, granjero), una experiencia de crianza con velo de flor que da un perfil muy fino y el sello de la buena acidez local, y el espumoso ancestral Saregin (45 €), un homenaje a las mujeres que reparaban las redes de pesca, las rederas, que muestra el excelente potencial de la zona para alumbrar burbujas atlánticas.