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Cuatro Rayas

Camino de la Fuentecilla, s/n. 47491 La Seca (Valladolid)

cuatrorayas.es
Cuatro Rayas

Conocida hasta 2019 como Agrícola Castellana, Cuatro Rayas es la gran cooperativa de la DO Rueda y la más grande de Castilla y León. Con 2.770 hectáreas de viñedo y una producción que oscila entre los 16 y los 20 millones de botellas anuales, es líder en volumen de vino embotellado de esta comunidad. El origen del nombre Cuatro Rayas está en un pago situado en la confluencia de los municipios de La Seca, Rodilana, Medina del Campo y Rueda, muy apreciado por su calidad en los años 50 y 60.

La cooperativa nace en 1935 en La Seca (Valladolid), aunque la actividad no se inició hasta 1938, con la entrada de vino, no uva, por parte de los primeros socios fundadores. Su primera marca conocida fue Fino 61, en referencia al número del tino del que todo el mundo quería garrafas. Hay noticias de exportaciones bien tempranas, como un envío a Suiza que quedó detenido en la Francia ocupada por los nazis. Las imitaciones a partir de mezclas con uvas de La Mancha, Extremadura y Galicia llevaron a un intento de creación de DO ya en 1946. El membrete de una carta fechada ese año incluye la leyenda “Bodega Cooperativa. Cosecheros y Exportadores de Vinos, propietarios de 1.484.053 cepas”. Hasta finales de los años 70, la producción estaba centrada en vinos generosos.  


El papel del viñedo

El 75% de los aproximadamente 300 socios de Cuatro Rayas se dedica en exclusiva a la viticultura. El cultivo se ha transformado radicalmente con el desarrollo de la DO, pasando de ser una actividad complementaria para convertirse en el principal medio de vida de muchas familias. La mayor parte de las viñas se concentran en La Seca, el municipio con mayor extensión de viñedo de Castilla y León, Serrada y Villanueva de Duero, pero hay presencia de 30 pueblos de las provincias de Valladolid y Segovia

La uva se valora en función de la edad de la viña, con tramos de menos de 35 años, 35 a 55 años, 55 a 70 años y más de 70 años. En la cooperativa entran unas 200 hectáreas de más de 30 años y 26 de más de 70. Para los responsables de viticultura de la bodega, este sistema permite aumentar los niveles de exigencia “tras un relajamiento en el cultivo por el triunfo de los blancos de corte industrial”. 

En los últimos años, además, se ha realizado una selección de parcelas de cara a la elaboración de vinos de gama alta, que se retribuyen por superficie (6.000 €/ha) en lugar de por kilo de uva. 

Otro foco de atención es el relevo generacional, con iniciativas como la Comisión Envero, que busca que los hijos de los socios conozcan la cooperativa y puedan formarse y prepararse para tomar las riendas de las explotaciones familiares. Cuatro Rayas también da a sus empleados la oportunidad de convertirse en socios mediante la adquisición de una superficie mínima de tres hectáreas de un socio que se vaya a jubilar. 

Preparadas para trabajar con grandes volúmenes, las instalaciones de La Seca cuentan con seis prensas repartidas en dos edificios y un espacio aparte para las aproximadamente 250 hectáreas certificadas en ecológico que procesa la cooperativa. La reestructuración de las instalaciones en 2019 ha permitido trabajar con volúmenes más pequeños, mesa de selección y ampliar los materiales de envejecimiento: además de acero inoxidable, fudres, tinos de madera, recipientes de hormigón y ánforas de cocciopesto


Es habitual separar estas partidas premium por tipo de suelo. Para la directora técnica Elena Martín Oyagüe, que lleva casi 30 años en la bodega y asumió el control de todas las elaboraciones tras la jubilación de Ángel Calleja a finales de la década de 2010, el canto rodado da, por ejemplo, vinos más tánicos que se pulen bien en hormigón. Las fermentaciones de los vinos de gama alta se realizan con turbideces relativamente altas, pero Martín Oyagüe no es partidaria de maceraciones peliculares porque considera que extraen elementos que pueden acortar la vida del vino.

Los vinos

Si durante unos años Cuatro Rayas fue la gran especialista de Rueda en los “por paras”, la cooperativa está hoy centrada casi por completo en la elaboración de unas 80 marcas propias, incluidas las que se derivan de acuerdos exclusivos de distribución. Esto incluye formatos bag-in-box, vinos frizzantes, sin alcohol, ecológicos y todas las variantes posibles de blancos de verdejo. La etiqueta de la que se elaboran más botellas, unos dos millones, es Cuatro Rayas Verdejo Vendimia Nocturna (6,50 €).

Pero el vino de mejor relación calidad-precio es, sin duda, Cuatro Rayas Viñedos Centenarios (80.000 botellas, 9,95 €), elaborado con viñas de 80 años de edad media y con un pequeño aporte entre el 10 y el 15% de verdejo fermentado en barrica. Su perfil va en la línea de la fruta blanca, la sapidez y la persistencia, muy poco habituales en este segmento de precio.

La gama alta de viñas seleccionadas y uvas que pasan por mesa de selección arranca con Long Verdejo (unas 14.000 botellas, 16 €), que mezcla un tercio de uvas de Segovia y dos tercios de suelos de canto rodado de Valladolid. Con vinificación en barrica y hormigón y seis meses de crianza en acero inoxidable, tiene una expresión cítrica, con buen peso en boca y amargor moderado. De precio similar (17 €), menor producción (algo más de 6.000 botellas) y cierta presencia de madera, el Cuarenta Vendimias Cuvée se centra en suelos de canto rodado de Valladolid y es la opción de Gran Vino de Rueda para la hostelería.

El top de gama (menos de 3.000 botellas, 50 €), también con sello de Gran Vino de Rueda, es un homenaje a Amador Díez, uno de los presidentes más recordados de la cooperativa. Se trata de un verdejo de viñas prefiloxéricas cultivadas en suelos arenosos en Hornillos de Eresma y Villanueva de Duero, y criado sucesivamente en barrica nueva, de segundo año y fudre. Es complejo y equilibrado con notas tostadas y un buen soporte ácido.

De desarrollo más reciente, la gama Pisuerga (25 €) se desmarca con elaboraciones más particulares que se comercializan con el sello VT Castilla y León. Hay un blanco con mucho trabajo de lías (frutos secos, autólisis) criado en hormigón que mezcla suelos de arena y canto rodado, y busca probar la capacidad de envejecimiento de la verdejo; y un original, fresco y frutal tinto de tempranillo con un 10% de verdejo que se cría en damajuana de cristal y barricas que han contenido verdejo. 

Los vinos generosos o dorados han perdido mucho peso cuantitativo, pero su legado se mantiene vivo. Tras deshacerse de las damajuanas de cristal en 2005, los vinos se crían exclusivamente en botas jerezanas y bocoyes que se llenan en una proporción de cinco de seis partes, lo que permite iniciar el envejecimiento con algo de flor a modo de crianza biológica y concluirlo en fase oxidativa -es significativo que en las etiquetas antiguas se utilizara en ocasiones el término amontillado. 


Las botas están marcadas en función del tiempo de crianza. Existen tres estadios: las que llevan la letra “A” son las más viejas y se rellenan con el grupo “B” que, a su vez, se rellena con el grupo “C”. Estas últimas se alimentan con vinos de segundo año criados en depósitos de hormigón que contienen verdejo y palomino a partes iguales. La cooperativa conserva una docena de hectáreas de palominos viejos de más de 60 años que se destinan específicamente a los dorados. 

Se comercializan dos etiquetas de vinos generosos: el muy asequible 61 Dorado (9,95 € la botella de 75 cl., 2.000 botellas), que es una saca del grupo B de barricas; y el complejísimo 61 Dorado en Rama (40 € la botella de 50 cl.) que procede de las botas más viejas (“A”) y del que apenas se embotellas 500 litros al año.

La bodega elabora también unos 300.000 litros de vino tinto, todo tempranillo, que comercializan bajo el sello VT Castilla y León.