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Aiurri

C/Mayor, 18, 01309 Leza, Álava

https://aiurribodega.com
Aiurri

Tras un primer intento que no llegó a materializarse en 2014, el proyecto en Rioja de Alma Carraovejas cobró forma definitiva a partir de 2020, cuando el grupo comenzó a comprar uva de Cupani con vistas a hacer sus primeras elaboraciones. Poco después Pedro Ruiz Aragoneses, director del grupo de bodegas nacido en Ribera del Duero, aprovechó la oportunidad de adquirir una bodega de cosechero en Leza para hacer una profunda transformación arquitectónica adaptando el espacio a la filosofía de Aiurri: funcionalidad, respeto por el entorno y una lectura contemporánea del paisaje de Rioja Alavesa.

La reforma incluyó una amplia sala de tinas con recipientes de distintos materiales —hormigón, madera y acero inoxidable— y grandes ventanales abiertos al viñedo y a las impresionantes vistas de la Sierra Cantabria. La sala de barricas, distribuida en dos alturas e inspirada en Château Pavie, combina piedra y madera en un entorno moderno que busca transmitir el carácter de la zona. No es un detalle menor que toda la piedra original del edificio fuera sustituida por sillería tradicional del propio pueblo, reforzando el vínculo con Leza.

Aiurri gestiona en la actualidad 26,7 hectáreas de viñedo en propiedad, repartidas en unas 60 parcelas de tamaño muy reducido, con una media de apenas 0,20 hectáreas. Buena parte además es viñedo viejo: más del 70% corresponde a viñedos plantados antes de 1980. Todo el viñedo se localiza en Rioja Alavesa, con presencia en Navaridas, Laguardia, Elciego y, de forma muy destacada, Leza, un municipio situado a 550 metros de altitud cuya estructura de pequeñas parcelas apenas ha cambiado con el tiempo. Aiurri, que sigue comprando uva de Cupani para su vino de entrada, es, además, la única bodega que comercializa vino en este pequeño pueblo.


Viticultura y reposición de cepas

La finca Salas, con 2,7 hectáreas, es la joya y también el gran desafío del proyecto. Plantada mayoritariamente con tempranillo y viura, además de algo de mazuelo y garnacha, muestra un elevado porcentaje de marras. La prioridad aquí es recuperar la vitalidad de las cepas mediante un ambicioso plan de reposición, apoyado en un exhaustivo trabajo de mapeo fila a fila —manual y con drones— iniciado en 2024 y que dio paso a las primeras replantaciones en 2025. Los suelos calizo-limosos, el tradicional guardaviñas y las distintas orientaciones de sus dos grandes sectores completan la singularidad del paraje.

La viticultura en Aiurri es razonada, con gestión del suelo, en proceso de certificación a ecológico y con ensayos biodinámicos en la finca Salas. El asesoramiento de Simonit & Sirch se extiende a todo el grupo y también a este proyecto, con especial atención a la poda y al equilibrio de la planta. No se practica el deshojado para proteger la uva de descompensaciones fenólicas, aunque se busca airear la vegetación. La reposición de cepas es una constante —hasta un 30% en algunas parcelas— y se apoya en un trabajo de identificación genética que ha revelado la presencia de variedades y biotipos poco habituales, como garnacha gris, bobal, maturana tinta o benedicto, además de diferentes clases de tempranillo.

En bodega, la enóloga Neza Sktr y su equipo trabajan con doble selección de la uva, ausencia de estrujado, vinificación por gravedad y fermentaciones espontáneas. Cada parcela se elabora por separado hasta el final de la crianza, en recipientes que van de 500 a 4.000 kg. La crianza combina foudres, tinos de madera, hormigón, acero inoxidable y barricas de roble francés de distintos tamaños. El embotellado se realiza con una línea móvil propia del grupo, que se desplaza en camión entre sus distintas bodegas.


Tres vinos

La gama se articula en torno a tres tintos que la bodega define como vino de zona, vino de pueblo y viñedo singular, al margen de la clasificación oficial de Rioja. En los tres casos, la primera añada fue 2021.

Landua (34.800 botellas, 22 €) ocupa la base de la pirámide. Desde la añada 2022 luce botella borgoñona y procede mayoritariamente de viñas de entre 50 y 80 años en San Vicente y Leza, con tempranillo y algo de graciano, garnacha y algunas cepas blancas. Fermenta de forma espontánea con extracciones suaves y pasa 12 meses en barricas de roble francés, seguidos de siete meses en hormigón. Destaca por su definición de fruta negra, notas especiadas y una profundidad bien medida.

Aiurri (13.000 botellas, 42 €) es el vino de Leza, un ensamblaje de parcelas trabajadas individualmente. Tras 16 meses en barricas de roble francés de distintos tamaños, las parcelas se ensamblan y reposan tres meses en hormigón. La añada 2022, cálida y actualmente en el mercado, muestra fruta negra madura, notas tostadas y de vainilla, con estructura y vocación de guarda. La 2023 tiene un perfil más fresco y mineral.

Salas (2.500 botellas, 89 €) es la expresión parcelaria del proyecto. Procede íntegramente de la finca homónima, con cepas centenarias de tempranillo, garnacha, graciano y viura. La vendimia se realiza en dos fases separadas por dos semanas, reflejando la diversidad interna del viñedo. Un 40% del vino se cría en ánforas de hormigón, mientras que el resto pasa 18 meses en barricas de distintos tamaños. Tras el ensamblaje, la crianza continúa nueve meses más en ánforas y barricas. El resultado es un vino profundo, mineral, sabroso y elegante, con una notable capacidad expresiva y potencial de guarda.

Aiurri, de momento, no está abierta al enoturismo.