Abadía Retuerta
Ctra. N-122, km. 332. 47340 Sardón de Duero (Valladolid)
www.abadia-retuerta.com
Situada en Sardón de Duero, en la frontera con la Ribera del Duero (de hecho, una parte entra dentro de los límites de la denominación), Santa María de Retuerta es una de las fincas históricas de la zona, con su bella abadía que deja bien clara una tradición vitícola que llegó a desaparecer por completo. Sin embargo, en la década de 1990 y con el impulso financiero del grupo farmacéutico Novartis, se pone en marcha un ambicioso proyecto que ha cubierto de vid 200 de las 700 hectáreas con que cuenta la finca.
El enólogo francés Pascal Debeck, que supervisó la plantación y la elaboración de las primeras añadas (la primera en comercializarse fue 1996), ha sido un asesor particularmente valioso, siempre en estrecha colaboración con el director técnico Ángel Anocíbar, quien ha demostrado una gran habilidad para devolver a la finca su antiguo esplendor vitícola.
En el viñedo, milimétricamente dividido en 54 parcelas cultivadas en laderas que bajan hacia el Duero, manda la tempranillo, pero también hay sitio para las variedades francesas cabernet sauvignon, merlot, syrah y petit verdot. En blancas, las principales son verdejo y sauvignon blanc.
Cambio climático
En los últimos años, la atención se ha centrado en el trabajo con variedades de uva capaces de hacer frente al cambio climático como garnacha, graciano o malbec, pero se experimenta con muchas otras como touriga nacional, nebbiolo, sangiovese, pinot noir, gewürztraminer, godello o la blanca local albillo mayor. Este trabajo experimental está al alcance del público gracias a la línea Winemaker’s Collection, de venta exclusiva en la bodega y en su tienda online.
El hecho de haber iniciado su trayectoria bajo el sello VT Castilla y León ha permitido a Abadía Retuerta utilizar variedades de uva que no estaban autorizadas en Ribera del Duero y trabajar con gran libertad. Desde 2022 cuenta con su propia DOP Vino de Pago.
La bodega, que utiliza ovis conducidos por grúas para trabajar por gravedad, está pensada para poder vinificar los distintos pagos por separado. En la crianza, la apuesta es total por el roble francés. La evolución de las elaboraciones ha ido acorde con la del viñedo y el propio clima. La viña joven pedía más concentración, pero en la actualidad, con un viñedo mucho más maduro se trabaja con temperaturas de fermentación más bajas y maceraciones más cortas. También es clave el uso de variedades que compensen la baja acidez de la tempranillo. Uno de los elementos que destaca Anocíbar de las últimas vendimias marcadas por las olas de calor es que se está perdiendo el orden de vendimia por variedades y que empieza a ser decisiva la capacidad de los suelos para retener agua.
Los vinos
La etiqueta central de la bodega, de la que se elaboran poco menos de medio millón de botellas es el Selección Especial (unos 33 € en España y 16 meses de crianza), con base de tempranillo que puede variar del 75% al 60%, cabernet sauvignon, syrah y pequeños porcentajes de merlot y petit verdot. Es uno de los tintos de referencia del Duero, comparable y a menudo superior a muchos riberas de su categoría. La bodega, de hecho, siempre ha puesto el acento en su ubicación en lo que se ha venido en llamar “la milla de oro” donde, a lo largo de la nacional N-122, se concentran firmas de primera línea como Vega Sicilia o Pingus.
La gama de tintos parcelarios, centrados cada uno en una variedad, van de los 75 a los 99 €, con producciones que oscilan entre las 20.000 y 5.000 botellas. Los más conocidos son el tempranillo Pago Negralada y el cabernet Pago Valdebellón, pero es muy destacable también el syrah Pago Garduña y la rareza del Petit Verdot, del que se elaboran poco más de 1.000 botellas y se cotiza por encima de los 100 € la botella.
La última novedad tinta es el relanzamiento de una marca antigua como Cuvée Palomar como tinto de cambio climático. Tras unos inicios tímidos en las añadas 2017 y 2018 con producciones de poco más de 1.000 botellas, la cosecha 2019 (15.000 botellas, 55 €) sirvió de presentación oficial del nuevo Palomar. El objetivo es conseguir el contrapunto necesario de acidez y equilibrar el pH para no tener que retocar el vino. En este sentido, puede cambiar la elección y proporción de cada variedad en función de las características de la añada. Así en la cosecha 2019, la tempranillo se limitó a un 52%, arropada sobre todo por garnacha y graciano, pero en 2021, se redujo hasta el 23% para dar paso a un ensamblaje más variopinto con mayoría de garnacha y graciano, y presencia de syrah, merlot y malbec.
La gama se completa con el blanco fermentado en barrica Le Domaine (unos 42 €, 13.000 botellas), dentro de un estilo casi bordelés y completamente novedoso frente a las elaboraciones de sus vecinos expertos en vinos blancos de Rueda.
30 años de historia moderna
Abadía Retuerta celebra este año su 30 aniversario con el lanzamiento de un vino conmemorativo y la venta de una colección de añadas antiguas bajo el paraguas Tiempo y Terruño. Destaca especialmente el despliegue de su gama de tintos parcelarios (Pago Negralada, Pago Valdebellón y Pago Garduña) en un año de buen equilibrio y producción relativamente generosa como 2016. La cosecha 2016 también está presente en la mini vertical de Selección Especial junto a 2006 y 2012. La propuesta se completa con otras dos verticales del blanco Le Domaine (2019, 2020, 2021) y del tempranillo Negralada (2008, 2014 y 2016)
El vino del aniversario, Abadía Retuerta XXX 2016, refleja el trabajo varietal que se está haciendo en los últimos años en la finca con un original ensamblaje de 38% de syrah de Pago Garduña, 32% tempranillo de Pago Negralada, 14% merlot, 8% graciano, 4% petit verdot y un 4% de cabernet sauvignon de Pago de Valdebellón. Se consigue un perfil fresco, mentolado y especiado, y un paladar jugoso, de elegante textura y longitud. El precio (317 €) es acorde con la exclusividad.
Tras una completa restauración, la abadía, que cuenta con una iglesia románica del siglo XII, se ha reconvertido en el lujoso hotel de cinco estrellas Le Domaine, un relais & châteaux que alberga dos restaurantes: Vinoteca y Refectorio, este último con una estrella Michelin, el spa Santuario y una colección de arte cada vez más importante. El hotel es también el centro de una amplia oferta enoturística. La bodega cuenta con su propia tienda y el wine bar Calicata.
La gestión de una propiedad tan extensa excede el propio viñedo. En los últimos años, Abadía Retuerta ha desarrollado un extenso plan de repoblación de bosques plantando más de 100.000 pinos y encinas. Cuenta con una huerta propia, la Huerta de los Monjes, que abastece al hotel y a sus restaurantes, y comercializa productos de la finca como miel y piñones junto a una sal de vino como condimento gastronómico.
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