Fundada en 2019, Adega A Barouta es el nuevo proyecto en el Ribeiro de Javier Alén, tras la venta de Viña Meín al grupo Alma Carraovejas. Para llevarlo a cabo se ha asociado con Comando G, con quienes ya trabajó en su última época al frente de la bodega. Desde 2022, la gestión del viñedo y la dirección técnica de A Barouta recaen en el tercer socio, el enólogo chileno Roberto Núñez, formado junto a Marcelo Retamal y curtido en Gredos con Fernando García y Dani Landi. Tras varios años alternando entre Gredos y Galicia, Núñez se instaló definitivamente en A Barouta para asumir tanto el trabajo de campo como la elaboración.
El corazón del proyecto es O Penedo, en Leiro (valle del Avia), una viña que quedó fuera de la operación con Alma Carraovejas. Después se sumaron dos parcelas en Cabanelas, también en el Ribeiro histórico y con mezcla de variedades. En total, tres hectáreas que sostienen una producción de 20.000 botellas claramente orientada a la calidad.
La lectura del suelo es clave. Junto al predominio del sábrego, realizan calicatas para identificar perfiles más pizarrosos que, según Núñez, aportan una nutrición más equilibrada a las cepas. Esa búsqueda se prolonga en Cenlle, donde compran uva para su gama de pueblo, Ventoleiro. El auge reciente del Ribeiro ha elevado el precio de la tierra hasta los 80.000 € por hectárea. “Comprar uva es fácil; comprar buenas viñas, no tanto”, resume Núñez. Pagan alrededor de 2 €/kg y trabajan estrechamente con viticultores del valle del Avia, marcando pautas de cultivo y premiando el buen hacer con mejoras de precio en campañas posteriores.
Abanico varietal
Hasta 2023 practicaron ecológico estricto, pero la presión de mildiu y black rot en un entorno húmedo obligaba en añadas lluviosas a realizar hasta 40 tratamientos. Hoy aplican una viticultura adaptada a cada añada, con intervenciones ajustadas, desbroces frecuentes y podas realizadas por el propio Núñez. Uno de los objetivos es favorecer el enraizamiento profundo: frente a los abonos tradicionales —mimosa, cáscara de huevo o tomate— que mantenían las raíces en superficie, en O Penedo (65 años, ladera con terrazas en la parte alta) redujeron el aporte orgánico a dos o tres aplicaciones puntuales de estiércol en sábrego para forzar a la planta a explorar el subsuelo.
La riqueza varietal del Ribeiro es otro pilar. En tintas trabajan con caíño longo, caíño bravo, brancellao y algo de garnacha tintorera; en blancas, treixadura, caíño blanco y palomino. Garnacha tintorera y palomino se han ido reinjertando con castas locales. En la ladera contigua a O Penedo plantaron treixadura en pendiente, renunciando a terrazas tradicionales cuyo coste habría alcanzado los 300.000 €, y apostando por un cultivo manual y exigente.
El proyecto continúa ampliando su abanico varietal alrededor de la bodega. El albariño procede de viñas de Rodri Méndez (Forjas del Salnés) y se tutorará con postes de granito para favorecer mayor superficie foliar y ventilación; también prevén incorporar espadeiro. Parte del material vegetal de brancellao y caíño procede de Bernardo Estévez, uno de los viticultores más respetados del Ribeiro, y se injerta a través de Vitis Navarra, reforzando la recuperación del patrimonio genético local.
La vendimia se realiza por finca y variedad y se prolonga cerca de un mes para unos 30.000 kg. A la climatología se suma la fauna: corzos y jabalíes pueden mermar los rendimientos, como ocurrió en 2023, cuando tras sequía e incendios apenas lograron recolectar 300 kg de treixadura.
En bodega mantienen la misma lógica: cada parcela y variedad fermenta por separado y, tras la fermentación, el equipo decide el destino de cada lote. Núñez insiste en la importancia de la fecha de cosecha y en trabajar en un ambiente oxidativo controlado, buscando textura, profundidad y estabilidad natural más que exuberancia aromática.
La bodega está en una antigua casa en la aldea de Barouta, rehabilitada con sensibilidad y dotada de un lagar histórico, techo elevado de madera vista y espacio para depósitos, tinos, barricas y damajuanas. El crecimiento de 2.000 a 20.000 botellas obligó a construir una nave anexa para almacén y alojamiento de becarios. El enoturismo está en sus planes, aunque la despoblación —en el pueblo vive una sola persona todo el año— dificulta encontrar mano de obra estable.
Los vinos
La gama se articula en cuatro vinos dentro de la DO Ribeiro: dos de pueblo y dos de parcela. Ventoleiro Blanco (primera añada 2023, 5.600 botellas, 31 €) nació como 80% treixadura y 20% albariño —que aporta tensión—, aunque la composición varía (en 2024 será 100% treixadura). Fermenta en huevos de cemento, damajuanas e inoxidable, con prensados largos y presiones suaves para preservar acidez y pH. Ventoleiro Tinto (desde 2022, 4.000 botellas, 31 €) busca domar la rusticidad del caíño. La primera añada combinó 70% caíño, 10% garnacha tintorera y una pequeña proporción de albariño para aligerar el conjunto; al no permitirse mezclar blancas y tintas en la DO Ribeiro, no pudo exhibir la contra oficial. En 2023 (5.000 botellas) eliminaron la blanca e incorporaron brancellao para ganar finura. El uso de raspón y técnicas de infusión prioriza perfiles etéreos y de trago largo.
En la cúspide se sitúan los “premier crus”, criados 16 meses en grandes tinos y afinados dos años en botella. La primera añada de ambos fue la 2020, de la que apenas hay 600 botellas a la venta por 82 €.
As Penas es el vino blanco y procede de un viñedo propio sobre granito en el valle del Avia, dominado por treixadura con albariño, caíño blanco y loureiro. La 2020, cultivada y elaborada en biodinámica y sin sulfuroso añadido, ofrece un perfil ligeramente oxidativo, fluido y tenso, con notas de hidrocarburo. La escasa 2021 fermentó en damajuanas sin control térmico y evolucionó hacia crianza biológica, lo que llevó a iniciar una pequeña solera que está aún en bodega; la siguiente añada será 2024.
O Penedo ensambla caíño y brancellao de la finca homónima, presidida por una gran roca granítica. Si inicialmente predominaba el caíño, el peso del brancellao aumentará con los nuevos injertos. El 2020 despliega violetas, frescura y una textura amable cargada de energía.
En conjunto, los vinos de parcela se muestran serios y con capacidad de evolución, aspirando por personalidad, ambición y precio a situarse entre las grandes referencias del Ribeiro contemporáneo.
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